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El
gobierno necesita una tregua mayor Cien días son insuficientes para caracterizar un
gobierno que heredó una crisis. Lo más positivo es la recuperación de la confianza,
la esperanza y el valor del peso
En este comienzo de período gubernamental ha quedado más
claro que nunca que 100 días son insuficientes para caracterizar un
gobierno, tal vez por las difíciles circunstancias económicas y sociales
en que asumió, las cuales recomiendan extender el período de gracia al
menos por otro lapso de tiempo similar.
El mayor mérito que puede reivindicar el gobierno es la creación de un
clima de confianza que ha permitido una importante recuperación del
valor del peso, reduciendo las expectativas inflacionarias y la
desesperanza que durante los últimos 18 meses han afectado la vida de los
dominicanos.
La persistencia de la crisis energética, la ofensiva contra los
ayuntamientos, una reforma tributaria tan limitada que obligará a otra el
año próximo, y la constitución de un “gobierno viejo” con la
repetición de abundantes secretarios, subsecretarios y vicecónsules son
los aspectos que más de han cuestionado al gobierno del doctor Leonel
Fernández.
Un comienzo muy lento
Una de las características que ha tenido este segundo período de
gobierno del doctor Fernández Reyna es su lento inicio, habiendo llegado
a los tres meses designando funcionarios. La mayoría de los embajadores aún
no han sido designados lo que se atribuye en parte al retraso con que
solicitaron la aprobación (agreement o placet) de los gobiernos
respectivos.
Al lento arranque contribuyó el hecho de que el presidente pasó la mitad
del período de transición viajando por el exterior, lo que retrasó la
selección de sus funcionarios. Pero influye también el que buena parte
de las energías han estado concentradas en poner parches sobre el cuerpo
enfermo de la economía nacional. La reforma fiscal, que devino en simples
elevaciones de impuestos, y las negociaciones con el Fondo Monetario
Internacional (FMI) han acaparado la atención del presidente y sus
principales colaboradores.
Durante varias semanas el gobierno puso gran parte de su atención en
negociar con los sectores económicos, casi todos renuentes a nuevas
cargas impositivas, hasta reducir tanto su proyecto original de reformas
tributarias que ha tenido que prometer otro paquete para junio del
próximo año en el borrador de la carta de intención para un nuevo
acuerdo con el FMI.
Las energías del gobierno también se vieron disipadas en parte por el
huracán que devastó extensiones orientales y nordestanas del país en el
primer mes de la gestión, que si bien no alcanzaron las dimensiones de
San Zenón, David o George, en cualquier caso concentraron atención y
obligaron a desembolsos y acciones extraordinarias. En ambientes políticos y
empresariales se ha estimado que el gobierno arrancó con lentitud.
El Partido Reformista Social Cristiano lo caracterizó esta semana como
“sumido en la inercia, carente de iniciativa, de dirección propia, que
viabiliza la marcha al garete o bajo contradicciones de sus instituciones
y funcionarios”.
Mejoría del ambiente
Como es normal tiende a ser exagerado el juicio político
opositor, pero lo más relevante de estos primeros 100 días que se
cumplen el miércoles 24, es que se ha generado un clima ambiental
refrescante que ha permitido superar incertidumbres y desconfianzas y por
lo menos ha puesto un muro de contención a la desesperanza en que se
sumieron las mayorías nacionales a raíz de la crisis financiera detonada
por la quiebra de tres bancos.
El valor del peso se ha recuperado en proporción considerable, obligando
a una reducción de precios, aún por debajo de lo correspondiente,
haciendo retroceder las expectativas inflacionarias, a pesar del
importante incremento de impuestos.
Es cierto que todavía es temprano para cantar victoria en relación a la
estabilidad cambiaria, especialmente después que el secretario Técnico
de la Presidencia dijera imprudentemente que para fines del presupuesto
del próximo año estimaban el valor del peso en 37 por dólar. Después
de haber descendido hasta 27 por dólar en la segunda semana de noviembre,
el peso volvió sobre 30 en los últimos días. De cualquier forma
todavía registra una revaluación de alrededor del 25 por ciento en
relación a los 42 por dólar que se situaba el 16 de agosto al inicio del
gobierno.
El mejor clima de confianza que ha traído el nuevo gobierno, la negociación
de un acuerdo petrolero con Venezuela y la continuación de la política
restrictiva del Banco Central, están entre los factores que ha puesto el
régimen de Fernández en la recuperación.
Se citan también otros factores, como un superavit en la cuenta corriente
de la balanza de pagos, determinado por el sostenido auge del turismo y
las zonas francas, el retorno de capitales, y la reducción de las
importaciones petroleras y del pago de deuda externa y por efectos de la
recesión económica acentuada con las reformas tributarias.
Nadie ha cuantificado todavía la dimensión del retorno de capitales,
pero la que sea está determinada por el mejor clima de confianza
imperante en estos tres meses. Aunque hay quienes lo atribuyen simplemente
a la salida del poder del agrónomo Hipólito Mejía, cuyo discurso y
ambiciones continuistas sembraron tantas incertidumbres en sus últimos
meses de gobierno.
La rapidez con que el secretario de Trabajo viabilizó el acuerdo entre
los organismos empresariales y sindicales para canalizar el aumento de
sueldo al sector privado, es otra de las acciones a colocar en los haberes
del gobierno.
Las mayores críticas
Las críticas más generalizadas al gobierno de Leonel
Fernández se centran en la repetición casi calcada del equipo que lo
acompañó en su gestión anterior, incluyendo a los que tienen
expedientes de corrupción pendientes en la justicia.
También la abundante designación de secretarios sin cartera,
subsecretarios y vicecónsules, contradiciendo el discurso presidencial
inaugural del 16 de agosto pasado que prometió ceñirse a los
subsecretarios orgánicos y reordenar la actividad consular. Sólo en
Nueva York han sido designados 21 vicecónsules y 23 asistentes consulares.
En Miami 11 y en muchas otras ciudades, especialmente de Estados Unidos,
por lo menos tres.
Aunque funcionarios gubernamentales han asegurado que el gasto de personal
se ha reducido en 20 por ciento, sectores de oposición lo ponen en tela
de juicio. Aseguran que varias decenas de miles de empleados públicos y
de instituciones autónomas cancelados, han sido relevados por dirigentes,
militantes y aliados del partido de gobierno.
La presión de los peledeístas por empleos en la administración pública,
que ha degenerado en incidentes en varios lugares del país, ha sido el
eslabón más débil y de mayor desprestigio para el gobierno.
Hay quienes le critican también el no haber podido superar
significativamente la crisis energética, ya que los apagones persisten
sobre las 12 diarias. Pero era absurdo pretender que esa situación
pudiera ser modificada significativamente en un centenar de días.
El gobierno ha dejado pendiente también la adopción de una serie de
normas demandadas por la sociedad dominicana para reducir el tráfico de
influencia y la corrupción, como las referentes a la instauración de
concursos y sorteos para contratación de obras y compras del Estado.
Entre las críticas relevantes ha figurado el desbalance en las reformas
tributarias, al haber claudicado en los gravámenes que se proyectaron
originalmente a sectores de poder, como el turismo y los intereses a los
depósitos bancarios, descargando todo el peso sobre los consumidores.
Se puede discutir si el gobierno contaba con recursos para iniciar planes
sociales más ambiciosos que el tímido “Comer es Primero” que todavía
para el próximo año apenas beneficiará a unas 25 mil familias pobres.
Lo mismo la queja de que ha sido lento en suplir las demandas de servicios
básicos como los de salud pública.
Lo que no es discutible y puede ser su mayor carga negativa más propia,
es la ofensiva contra los ayuntamientos, materializada en despojo de
equipos, desarme de los alcaldes pedáneos, tan viejos como la República,
y prohibición de las policías municipales.
Extensión de la tregua
Al llegar a los cien días sin haber podido concluir el nuevo acuerdo con
el FMI y cuando la recuperación económica es todavía incipiente, el
interés nacional demanda una extensión de la tregua política, por lo
menos por otros tres meses, a lo que no contribuye la ofensiva contra los
ayuntamientos, casi todos bajo regencia del Partido Revolucionario
Dominicano.
La apertura de procesos judiciales contra los responsables del Plan Renove
del Transporte tenderá también a la ruptura de las hostilidades del
principal partido opositor, lo que dependerá de la fortaleza de los
expedientes.
No bastará con que el PRD alegue persecución política, ya que las mayorías
nacionales probablemente favorezcan el procesamiento de cualquiera que
haya abusado de los fondos públicos. Pero la decisión del ministerio público,
dependiente del Poder Ejecutivo, incidirá en la marcha de los
acontecimientos.
La proximidad de las festividades navideñas, que tradicionalmente
implican una reducción del activismo político, favorece la extensión
del período de gracia al nuevo gobierno, el cual será puesto a prueba
con el proyecto de presupuesto en vías de concretización por parte del
equipo económico gubernamental.
De cualquier forma, los vientos no soplan a favor del perredeísmo, ya que
la percepción generalizada es que durante su reciente gobierno se
cometieron muchos excesos en el manejo de la cosa pública, y el Plan
Renove es precisamente de sus puntos más débiles, ya que las denuncias
de irregularidades, tráficos y comisiones lo salpicaron consistentemente.
Si pretenden extremar su reacción, al margen de los méritos del
sometimiento judicial, podrían profundizar su descrédito y pagar más
por la sal que por el chivo.-
Juan Bolivar Díaz 18
de noviembre 2004 |