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¿Un
congreso superfluo? Diputados
y senadores se quejan de la existencia de una conspiración contra el
Congreso Nacional, institución
vital para la democracia. Sostienen que la culpa la tienen las campañas
de difamación que sectores malintencionados llevan al cabo. “Hay un
complot contra la democracia”, gritan a todo pulmón. Creo que tienen
razón y en la intriga hay más gente de la que uno se imagina. Debemos
encontrar y neutralizar a quiénes están detrás de la conjura contra
nuestros legisladores, hacedores de buenas leyes, favorables para los
bolsillos de la nación. Aunque algunos malpensado dicen que favorecen sólo
los bolsillos de unos cuantos. Tengo
algunas pistas, que aporto para que nuestros congresistas tomen medidas
para enfrentar la terrible confabulación. Según mis informes hay
conjurados y conjuradas que son prestantes políticos locales, a los
cuales algunas personas les llaman caudillos clientelares que usan los
recursos que se les dan en custodia para lograr venales lealtades políticas.
Se dice que algunos y algunas han logrado ser senadores y diputados de la
República. Personas
bien informadas me cuentan que quienes conspiran aprueban proyectos de
leyes al amparo de la noche, en lecturas consecutivas, sin escuchar a
nadie. Y ayudado por un presidente saliente esos proyectos se promulgaron
un día antes del final de dicho mandato. Como ejemplo hablan de la ley de
migración. Pero, también los conspiradores hacen vistas públicas, dicen
que escuchan a la gente y después toman las decisiones sin tomar en
cuenta lo dicho en las vistas públicas, y como ejemplo se recuerdan las
realizadas para elegir a los miembros de la Junta Central Electoral según
se acordó en el Dialogo Nacional, allá por finales del 2002. Pero
la conspiración viene de más lejos, se dice que hace más de 5 años, en
medio del escándalo público, los conspiradores y las conspiradoras
construyeron un club para uso exclusivo de legisladores. Si desean un baño
sauna, cenar en tranquilidad, bailar o echar una partida de dominó, no
tienen que mezclarse con sus necios y mal olientes votantes. Mis
informantes sostienen que no debemos ir muy lejos hacia atrás, que basta
recordar la forma en que se nombró a la Cámara de Cuenta el año pasado,
los disparos en la elección del presidente de la Cámara de Diputados y
Diputadas, de lo cual nunca se ha establecido las debidas
responsabilidades. Unos ríen socarronamente mientras plantean que para
saber quienes provocan la desconfianza en el Congreso Nacional sólo hay
que buscar las declaraciones de los presidentes de ambas cámara y los
aspirantes a presidentes cuando se enfrascan en los dimes y diretes. Otras
dicen, respirando profundamente, que observemos como cada año un grupito
de sacrificados y sacrificadas legisladores y legisladores amenaza con
modificar la Constitución para quedarse dos años. Un
investigador, muy serio, sostuvo que para poder hallar a todos los
conspiradores y las conspiradoras basta con buscar quiénes se gastaron más
de 6 millones de pesos para llegar a ser legislador. Ya que el salario de
un legislador no sobrepasa esa cifra en los cuatro años de su mandato,
por lo tanto, dice el investigador, alguien que invierte tanto dinero,
para no obtener beneficios en cuatro años, o es un ser muy sacrificado y
altruista o tiene otros ingresos. Es en ese momento que una conocedora del
tema recuerda la venta de las facilidades automovilistas que hacen los
legisladores. En concreto menciona aquel vehículo de 200 mil dólares que
se trajo usando “la facilidad” de un legislador, y no se sabe quién
lo trajo. Yo,
de mi parte, no voy ahora a recordar que en el 2002 los y las legisladores
intentaron construir un Hospital para lo cual querían tomar prestado 38
millones 757 mil 983 dólares al International Bank of Miami, N.A. No voy
a recordar que para la fecha ya la crisis se atisbaba en el horizonte. Parece
que los que conspiran piensan que los legisladores no deben verse afectado
por la exigua calidad de los servicios públicos de salud y los altos
precios del sector privado. Para los intrigantes la salud de diputados y
senadores es más importante que la del común de la gente. Luego
de analizar las evidencias, me doy cuenta que la estrategia de los
conspiradores es provocar que congresistas y ciudadanía se alejen unos de
otra, que el contacto sea mínimo, que sólo en los momentos electorales
haya algún tipo de acercamiento entre ambos, y lo peor es que parece que
lo están logrando. Según la encuesta “Estado de Situación De la
Democracia Dominicana” realizada por el CIES, sólo 2 de cada 10
dominicanos confía en el Congreso, mientras que 7 de cada 10 cree que en
el Congreso hay mucha corrupción. Ahora
bien, no seamos injustos, que no todos los congresistas y las congresistas
deben ser metidos en el mismo saco. Conozco algunos y algunas que realizan
sus labores apegados a las leyes, a la Constitución y a sus convicciones
éticas, pero esos son los menos. Lamentablemente, el comportamiento de
otros congresistas - ese legislar según politiquería barata, según
intereses corporativos, y apetencias personales - es el principal
responsable de la desconfianza y falta de fe que les tiene la ciudadanía.
Estoy de acuerdo con que el Congreso como institución debe ser vista como
uno de los pilares de la democracia, de cualquier democracia, pero está
visto que en el país, los principales enemigos del congreso nacional son
quienes no cumplen con su deber. El congreso nacional no es superfluo, lo
superfluo son algunos y algunas congresistas.
Ramón Tejada Holguín 04
de noviembre 2004 |