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Pobrecita
política social
Ramón Tejada Holguín - 23 de septiembre 2004
Las políticas públicas descansan en una visión de la sociedad y por lo
tanto de la pobreza, la desigualdad y la exclusión. Para la escuela
llamada popularmente neoliberal, la pobreza, la desigualdad y la exclusión
son problemas creados por las regulaciones que los estados colocan a los
mercados. Estos últimos, dicen, funcionarían a la perfección si no
fueran controlados. Sostienen que los mercados ubican socialmente a las
personas según sus capacidades y voluntades individuales. Por eso para el
neoliberalismo no existen la desigualdad y la exclusión sino que las
diferencias entre las personas son provocadas por las distintas dotaciones
con que se nace. La pobreza, dicen, es culpa de los mismos pobres o de las
trabas que se les ponen a los mercados. De ahí que promuevan una política
social basada en la idea de la igualdad de oferta y en la desregulación
de los mercados. La igualdad de oferta no toma en cuenta que las
instituciones sociales, económicas y políticas han contribuido a crear
la pobreza, la desigualdad y la exclusión.
Pero, el neoliberalismo es la corriente que más influye en la definición
de las políticas públicas, tanto en nuestro país como en América
Latina. Esta visión impide ver las inequidades previamente existentes,
fruto de la pasada interacción entre los grupos sociales y la desigual
dotación de capacidades que la condición de inequidad histórica ha
provocado. El neoliberalismo obvia el hecho de que consumidores y
productores no son iguales en el mercado y los primeros tienen más poder
y capacidad para ponerse de acuerdo contra los segundos, especialmente en
países como el nuestro. Esta es la razón por la que se necesitan la
regulación de los mercados y al arbitrio del estado: para evitar que el
pez grande se coma al chiquito. Renunciar a la regulación significa,
dejar que la máquina de hacer pobres engrase sus engranajes y trabaje a
todo vapor. Dejar que las fuerzas del mercado sean quienes asignen a cada
cual su puesto en la sociedad, perpetúan las asimetrías existentes, y
asume la sociedad como un territorio en el que sólo los fuertes y los más
dotados de recursos económicos sobreviven.
Para la visión neoliberal y algunos organismos internacionales es
suficiente identificar a los pobres y definir políticas focalizadas para
"aliviar su sufrimiento". Pero, no es tan fácil. Es cierto que
hay que aliviar la pobreza, pero no basta con identificar lo lugares en
donde hay más pobres ni definir las características que los distinguen,
hay que observar, también, la historia de la relación de desigualdad,
identificar los procesos sociales de estructuración de los diversos
grupos, así como los mecanismos que perpetúan y amplían la desigualdad
social. La pura identificación de pobres no va a las raíces del problema
limitándose a políticas asistenciales y clientelares de alivio, dejando
intacta la máquina que la construye y perpetúa. Es atacar a la máquina
a lo que debe aspirar una buena política social, y de eso es de lo que
carecemos en la actualidad.
Ramón
Tejada Holguín
23
de septiembre 2004
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