Ley de primarias
Francisco Álvarez Valdez - 14 de Agosto 2004

La reforma fiscal es un proyecto de ley que se considera importante para el país y además urgente, pero no tuvo la suerte del proyecto que establece el sistema de elecciones primarias para los partidos políticos. Mientras el de reforma fiscal era aprobado el domingo 15 de agosto para perimir de inmediato por falta de aprobación en ambas cámaras, el de primarias fue aprobado por los senadores el 3 de agosto y el 15 del mismo mes fue aprobado de urgencia en dos lecturas consecutivas por los diputados, que de inmediato lo enviaron al Poder Ejecutivo en el último día de su gestión, para colmo domingo, que, trabajando horas extras, lo promulgó, convirtiéndolo en ley.  

La forma en que fue aprobada y promulgada esta ley debe ser considerada como indicio de algo turbio. No se trata de un proyecto de ley intrascendente pues pretende que los candidatos a posiciones presidencial, congresional y municipal de todos los partidos sean escogidos en elecciones primarias organizadas por la Junta Central Electoral (JCE) en coordinación con cada partido, que tales elecciones se efectúen todas el mismo día y que en las mismas puedan votar todos los ciudadanos inscritos en el padrón electoral sin importar si pertenecen o no al partido en cuyas primarias estén votando. Un tema de tanta importancia debió ser objeto de un estudio ponderado, de un esfuerzo de concertación y no de una imposición de un solo partido como acaba de ocurrir.  

La torpeza de la forma, y los antecedentes de los últimos años, son suficientes para pensar que detrás de esta aprobación se esconden intenciones obscuras. El argumento de que no existe ventaja para ningún partido pues la regla se aplica a todos en igualdad no es más que un sofisma, pues el partido que controle la JCE tendrá la forma de afectar las elecciones primarias de los otros partidos. Por esa razón el juez Roberto Rosario, que defiende los intereses del PLD en la JCE, se opuso a la ley, pues el control de la JCE por el PRD ha sido un argumento constante de este último partido. Es de esperar que en lo adelante la lucha de los partidos por controlar la JCE será aún más encarnizada gracias a esta nueva ley.

Desde el punto de vista operativo la ley está condenada al fracaso. Para nadie es un secreto que la JCE en cada elección tiene que hacer una carrera contra el tiempo para completar el calendario de sus actividades organizativas. Imaginemos a una JCE que en medio de ese esfuerzo tenga además que organizar las primarias de más de veinte partidos cada dos años. Pero además, resulta completamente arbitrario e injusto imponer a cualquier partido una fecha para la celebración de sus primarias y establecer que los miembros de otros partidos puedan votar en sus primarias. No deseamos que un partido tenga dificultades en el proceso de selección de sus candidatos, pero es un importante elemento de evaluación para la ciudadanía la forma en que los partidos conducen y culminan estos procesos. Cuando un partido no puede aplicar a lo interno las reglas de la democracia con orden y disciplina, es un buen indicio para que la ciudadanía, sobre todo la no partidista, pondere al partido y a los candidatos que presenta. Esperamos que la ley obtenga lo que se merece: su derogación por vía del Congreso o a través de la declaratoria de inconstitucionalidad por atentar contra la libertad de asociación y de reunión.

Francisco Álvarez Valdez
Abogado

 
14 de agosto 2004