CUALQUIERIZADOS
Rafael Toribio - 09 de junio 2004

Cualquerización fue un término ampliamente utilizado en la pasada campaña electoral, tanto por la oposición como por el gobierno. A veces en plan de ataque y en otras en defensa. Aunque su aparición y difusión fue en esta campaña electoral, y referida originalmente al caso del nombramiento desproporcionado de generales con relación a la población militar y del país, lo cierto es que el término hace referencia, desgraciadamente, a la degradación ocurrida en la conducción del Estado. Por su carga de significado, puede ser considerado similar al “Tulilismo”, expresión acuñada por el amigo David Álvarez  para señalar la inversión de valores ocurrida en el ejercicio del poder. Ambos denotan el nivel de la devaluación que se ha producido, no sólo en el ejercicio del poder y en el ámbito limitado de la oficialidad superior de las fuerzas armadas, sino, lamentablemente, en otras estructuradas importantes del Estado.  

Intentando una conceptualización de cualquierización, podemos decir que el término hace referencia al intento de restarle valor y dignidad a lo que por naturaleza lo tiene; es el menosprecio  por lo que tiene valor en sí mismo y que merece respeto, consideración y distinción; la violación de las normas establecidas en el desempeño de una función o contribuir al desprestigio de lo que debe ser enaltecido. Y esta degradación es realizada, normalmente, por quienes tienen la responsabilidad de preservar el valor y la dignidad de lo que se ha puesto en sus manos para ser administrado.

Si hacemos un análisis de lo que ha ocurrido en la administración del Estado en los últimos años, debemos concluir que lo que se ha cualquierizado no ha sido algún ámbito particular y marginal, sino el propio Estado. La cualquerización ha abarcado áreas muy  importantes de su estructura. Veamos.  

Empecemos por el ámbito militar. Además del nombramiento desproporcionado de generales, hay que señalar también la permanencia en algunos cargos por un tiempo superior a lo establecido en la Ley Orgánica, el reingreso de oficiales en retiro, los ascensos meteóricos sin responder a los méritos establecidos, así como el ingreso de civiles con grados de oficiales.  

En el servicio exterior ha ocurrido algo similar. Diplomáticos “a la carrera” tienen la encomienda de representar el país y defender nuestros intereses; consulados y cónsules “inorgánicos” han aparecido en lugares donde no hay permiso oficial para ser creados, pero si suficientes intereses económicos y políticos para que sean establecidos, a juicio de sus promotores; la utilización del servicio diplomático y consular para retribuir servicios prestados, o inversiones realizadas en la campaña electoral. A esto se suma el retraso sistemático del pago de los honorarios, haciendo pagar a justos por pecadores.  

La proliferación, en una cantidad aberrante, de Subsecretarios de Estado, en el interior del país, y hasta en el exterior; de Ayudantes Civiles del Presidente, algunos de ellos muertos en situaciones que hacen presumir “un ajuste de cuentas”; de Secretarios de Estado “inorgánicos”, sin funciones apropiadas al cargo, pero sí con la remuneración y privilegios correspondientes a los Secretarios orgánicos. Como cualquierización tiene que catalogarse la intención de otorgar bienes del Estado a los “Viejos Robles y a las Viejas Caobas”, como también el Plan Renove para los motoconchistas.  

La decisión de otorgar los cargos públicos a los militantes del partido, y dentro de ellos a los que se “fajaron” por el candidato ganador, que hace que la Administración Pública no esté servida por funcionarios del Estado, sino de un partido, y más concretamente, de una facción dentro de ese partido, no puede ser catalogado de otra manera, sino como cualquierización.

Cualquierización es también, y de sumo grado, que el subsidio a los combustibles y al gas propano, que beneficia más a quienes pueden pagar por estos servicios, represente una suma similar a la inversión social en educación y salud. Transferir recursos del presupuesto de la Secretaría de Educación a la de las Fuerzas Armadas es una forma brutal de cualquierizar al Estado. Denominar que la Primera Magistratura del Estado no es más que “un carguito” también lo es.  

Rafael Toribio
(rtoribio@intec.edu.do
)

09 de junio 2004