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CUALQUIERIZADOS Cualquerización
fue un término ampliamente utilizado en la pasada campaña electoral,
tanto por la oposición como por el gobierno. A veces en plan de ataque y
en otras en defensa. Aunque su aparición y difusión fue en esta campaña
electoral, y referida originalmente al caso del nombramiento
desproporcionado de generales con relación a la población militar y del
país, lo cierto es que el término hace referencia, desgraciadamente, a
la degradación ocurrida en la conducción del Estado. Por su carga de
significado, puede ser considerado similar al “Tulilismo”, expresión
acuñada por el amigo David Álvarez para
señalar la inversión de valores ocurrida en el ejercicio del poder.
Ambos denotan el nivel de la devaluación que se ha producido, no sólo en
el ejercicio del poder y en el ámbito limitado de la oficialidad superior
de las fuerzas armadas, sino, lamentablemente, en otras estructuradas
importantes del Estado. Intentando
una conceptualización de cualquierización, podemos decir que el término
hace referencia al intento de restarle valor y dignidad a lo que por
naturaleza lo tiene; es el menosprecio
por lo que tiene valor en sí mismo y que merece respeto,
consideración y distinción; la violación de las normas establecidas en
el desempeño de una función o contribuir al desprestigio de lo que debe
ser enaltecido. Y esta degradación es realizada, normalmente, por quienes
tienen la responsabilidad de preservar el valor y la dignidad de lo que se
ha puesto en sus manos para ser administrado. Si
hacemos un análisis de lo que ha ocurrido en la administración del
Estado en los últimos años, debemos concluir que lo que se ha
cualquierizado no ha sido algún ámbito particular y marginal, sino el
propio Estado. La cualquerización ha abarcado áreas muy
importantes de su estructura. Veamos. Empecemos
por el ámbito militar. Además del nombramiento desproporcionado de
generales, hay que señalar también la permanencia en algunos cargos por
un tiempo superior a lo establecido en la Ley Orgánica, el reingreso de
oficiales en retiro, los ascensos meteóricos sin responder a los méritos
establecidos, así como el ingreso de civiles con grados de oficiales. En
el servicio exterior ha ocurrido algo similar. Diplomáticos “a la
carrera” tienen la encomienda de representar el país y defender
nuestros intereses; consulados y cónsules “inorgánicos” han
aparecido en lugares donde no hay permiso oficial para ser creados, pero
si suficientes intereses económicos y políticos para que sean
establecidos, a juicio de sus promotores; la utilización del servicio
diplomático y consular para retribuir servicios prestados, o inversiones
realizadas en la campaña electoral. A esto se suma el retraso sistemático
del pago de los honorarios, haciendo pagar a justos por pecadores. La
proliferación, en una cantidad aberrante, de Subsecretarios de Estado, en
el interior del país, y hasta en el exterior; de Ayudantes Civiles del
Presidente, algunos de ellos muertos en situaciones que hacen presumir
“un ajuste de cuentas”; de Secretarios de Estado “inorgánicos”,
sin funciones apropiadas al cargo, pero sí con la remuneración y
privilegios correspondientes a los Secretarios orgánicos. Como
cualquierización tiene que catalogarse la intención de otorgar bienes
del Estado a los “Viejos Robles y a las Viejas Caobas”, como también
el Plan Renove para los motoconchistas. La
decisión de otorgar los cargos públicos a los militantes del partido, y
dentro de ellos a los que se “fajaron” por el candidato ganador, que
hace que la Administración Pública no esté servida por funcionarios del
Estado, sino de un partido, y más concretamente, de una facción dentro
de ese partido, no puede ser catalogado de otra manera, sino como
cualquierización. Cualquierización
es también, y de sumo grado, que el subsidio a los combustibles y al gas
propano, que beneficia más a quienes pueden pagar por estos servicios,
represente una suma similar a la inversión social en educación y salud.
Transferir recursos del presupuesto de la Secretaría de Educación a la
de las Fuerzas Armadas es una forma brutal de cualquierizar al Estado.
Denominar que la Primera Magistratura del Estado no es más que “un
carguito” también lo es.
Rafael
Toribio 09
de junio 2004 |