Elecciones 2004: Algunas Reflexiones
Rafael Toribio - 02 de junio 2004

 

Primera reflexión

Nunca he podido comprender, quizás porque no lo acepto, que se pueda ser honorable en lo personal y canalla en lo político. Sin embargo a diario escuchamos a un dirigente político acusando a otro de realizar travesuras, que rechaza, pero al mismo tiempo afirmar que es una excelente persona y que, además, son amigos. Tampoco llego a comprender que una persona que falte a su palabra, aceptando lo que antes rechazaba, defienda que a pesar de haberlo hecho sigue siendo honorable porque mintió y engañó en asuntos de naturaleza política. De igual manera me pregunto ¿debe ser considerada honorable una persona que realiza un gesto de nobleza al final de un proceso en el que realizó, promovió y justificó travesuras?  Lo que determina la honorabilidad de una persona es que la nobleza, y no las travesuras, sean confirmadas por su conducta.  La transición es una excelente oportunidad para demostrarlo.  

Segunda reflexión

El partido que gana estas elecciones en la primera vuelta había quedado en un distante segundo lugar en las elecciones presidenciales del 2002, y el que la había ganado en aquella ocasión, sin necesidad de una segunda vuelta, ahora quedó en un segundo lugar, separado por 24 puntos del ganador. En ambas elecciones se ha evidenciado la importancia del voto no comprometido partidariamente pues ningún partido puede ya ganar unas elecciones con sólo el voto de sus militantes. Y en ambas oportunidades parece que los ciudadanos que deciden con ese voto juzgan no sólo resultados sino también la forma en que se ejerce el poder. Conforme a lo indicado ¿debe la dirigencia del PLD considerar que la votación recibida representa la cantidad de militantes del partido, o que quienes votaron por su candidatura los harán de nuevo sin importar los resultados y la forma de ejercer el poder? ¿No debiera, más bien, reconocer que en esta oportunidad el voto de ciudadanos no comprometidos les favoreció y que lo que deben hacer es tratar, por sus ejecutorias en el gobierno, de que permanezcan apoyándolos?  

Tercera reflexión

Ciertamente que el deterioro de la situación económica ha tenido mucho que ver con la derrota del PPH-PRD, pero de ahí a afirmar que fue derrotado por el supermercado es simplificar las cosas a un extremo que impide apreciar los demás factores que determinaron su desplazamiento del poder. Particularmente quisiera creer que en estas elecciones se produjo la derrota también de la reelección, que supuso la renuncia a lo antes se había defendido; de la prepotencia al ejercer el poder y referirse a quienes eran considerados adversarios; el insulto y la descalificación personal, aún contra compañeros del mismo partido; el desconocimiento de ciertas normas que condujeron a la desfachatez y al desparpajo, como fue el caso del uso de los recursos públicos en la campaña electoral, que hasta se justificó; la simulación y el engaño contra propios y extraños, amparado en la práctica de un pragmatismo salvaje, donde todo era válido. Cabe esperar que las nuevas autoridades hagan una lectura adecuada de las causas de la derrota del PPH-PRD y eviten cometer los mismos errores para no recibir el mismo veredicto en las urnas en las elecciones presidenciales del 2008, sino antes en las del 2006 de medio término.  

Cuarta reflexión

Cuando unos ganan, otros pierden. Por el lado de los derrotados perdieron el PPH, el PRD y el PRSC. Pero también algunos dirigentes perdieron y otros ganaron. En el PRD perdieron los que al final apoyaron lo que antes habían rechazado, y en el PRSC quienes llevaron al partido a quedar en un lejano tercer lugar con solo el 8.65% de la votación. Resultaron ganadores, o así se consideran, los que en el PRD se opusieron a la reelección que lo llevó finalmente al fracaso y en el PRSC los que no hicieron causa común con quienes son considerados culpables de la derrota. Cada cual trata de considerarse como triunfador, aún aquellos que son sindicados como los culpables de la derrota. Sin embargo, en estas elecciones hay un triunfador indiscutible: el pueblo dominicano. Ratificando un comportamiento anterior, votó en calma y en calma esperó que se contaran los votos, expectante para que su voluntad fuera respetada. Y así fue.

Rafael Toribio
(rtoribio@intec.edu.do
)

02 de junio 2004