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Elecciones
2004: Algunas Reflexiones
Primera reflexión Nunca
he podido comprender, quizás porque no lo acepto, que se pueda ser
honorable en lo personal y canalla en lo político. Sin embargo a diario
escuchamos a un dirigente político acusando a otro de realizar travesuras,
que rechaza, pero al mismo tiempo afirmar que es una excelente persona y
que, además, son amigos. Tampoco llego a comprender que una persona que
falte a su palabra, aceptando lo que antes rechazaba, defienda que a pesar
de haberlo hecho sigue siendo honorable porque mintió y engañó en
asuntos de naturaleza política. De igual manera me pregunto ¿debe ser
considerada honorable una persona que realiza un gesto de nobleza al final
de un proceso en el que realizó, promovió y justificó travesuras?
Lo que determina la honorabilidad de una persona es que la nobleza,
y no las travesuras, sean confirmadas por su conducta.
La transición es una excelente oportunidad para demostrarlo. Segunda
reflexión El
partido que gana estas elecciones en la primera vuelta había quedado en
un distante segundo lugar en las elecciones presidenciales del 2002, y el
que la había ganado en aquella ocasión, sin necesidad de una segunda
vuelta, ahora quedó en un segundo lugar, separado por 24 puntos del
ganador. En ambas elecciones se ha evidenciado la importancia del voto no
comprometido partidariamente pues ningún partido puede ya ganar unas
elecciones con sólo el voto de sus militantes. Y en ambas oportunidades
parece que los ciudadanos que deciden con ese voto juzgan no sólo
resultados sino también la forma en que se ejerce el poder. Conforme a lo
indicado ¿debe la dirigencia del PLD considerar que la votación recibida
representa la cantidad de militantes del partido, o que quienes votaron
por su candidatura los harán de nuevo sin importar los resultados y la
forma de ejercer el poder? ¿No debiera, más bien, reconocer que en esta
oportunidad el voto de ciudadanos no comprometidos les favoreció y que lo
que deben hacer es tratar, por sus ejecutorias en el gobierno, de que
permanezcan apoyándolos? Tercera
reflexión Ciertamente
que el deterioro de la situación económica ha tenido mucho que ver con
la derrota del PPH-PRD, pero de ahí a afirmar que fue derrotado por el
supermercado es simplificar las cosas a un extremo que impide apreciar los
demás factores que determinaron su desplazamiento del poder.
Particularmente quisiera creer que en estas elecciones se produjo la
derrota también de la reelección, que supuso la renuncia a lo antes se
había defendido; de la prepotencia al ejercer el poder y referirse a
quienes eran considerados adversarios; el insulto y la descalificación
personal, aún contra compañeros del mismo partido; el desconocimiento de
ciertas normas que condujeron a la desfachatez y al desparpajo, como fue
el caso del uso de los recursos públicos en la campaña electoral, que
hasta se justificó; la simulación y el engaño contra propios y extraños,
amparado en la práctica de un pragmatismo salvaje, donde todo era válido.
Cabe esperar que las nuevas autoridades hagan una lectura adecuada de las
causas de la derrota del PPH-PRD y eviten cometer los mismos errores para
no recibir el mismo veredicto en las urnas en las elecciones
presidenciales del 2008, sino antes en las del 2006 de medio término. Cuarta
reflexión Cuando
unos ganan, otros pierden. Por el lado de los derrotados perdieron el PPH,
el PRD y el PRSC. Pero también algunos dirigentes perdieron y otros
ganaron. En el PRD perdieron los que al final apoyaron lo que antes habían
rechazado, y en el PRSC quienes llevaron al partido a quedar en un lejano
tercer lugar con solo el 8.65% de la votación. Resultaron ganadores, o así
se consideran, los que en el PRD se opusieron a la reelección que lo llevó
finalmente al fracaso y en el PRSC los que no hicieron causa común con
quienes son considerados culpables de la derrota. Cada cual trata de
considerarse como triunfador, aún aquellos que son sindicados como los
culpables de la derrota. Sin embargo, en estas elecciones hay un
triunfador indiscutible: el pueblo dominicano. Ratificando un
comportamiento anterior, votó en calma y en calma esperó que se contaran
los votos, expectante para que su voluntad fuera respetada. Y así fue. Rafael
Toribio 02
de junio 2004 |