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Enseñanzas
o Lecciones Los
acontecimientos ocurridos en el PRD en torno a la prepostulación del
ingeniero Hipólito Mejia, primero como precandidato a la Presidencia de
la Republica, y después como candidato en busca de la reelección, han
dejado importantes enseñanzas o lecciones, según se evalúe esta
experiencia, tanto para quienes intentan comprender el quehacer político
como para los que han decidido ejercerlo, pero sobre todo para los propios
dirigentes de esa parcela política. Algo
que conviene señalar de entrada es que toda decisión trae consecuencias,
positivas o negativas, para quien las toma, y que además de las
inmediatas, algunas aparecerán a mediano, otras en el largo plazo. Las
consecuencias de nuestras acciones y decisiones nos acompañarán mas del
tiempo que quisiéramos, sobre todo cuando se es político y se quiere
continuar en esa actividad. Debemos indicar también que toda decisión,
sea en forma de acción u omisión, se manifiesta de alguna manera,
haciendo evidente para los demás lo que se ha decidido. Esto permite
entonces conocer la decisión que se ha tomado, evaluarla y reclamar
responsabilidades en su momento, sea ahora o después. Las
dificultades por las que atravesó el PRD con motivo de la elección de su
candidato presidencial, y las distintas reacciones de los líderes que se
vieron afectados, nos hicieron evidente lo difícil que es a veces callar
cuando quien tiene el poder reclama adhesión política, no aplaudir
cuando se solicitan vítores, decir que sólo se llega hasta aquí cuando
se reclama continuar, mantener un no, o el silencio, cuando lo que se
exige es un sí. La postura asumida por los demás aspirantes, excepto uno,
después de la imposición de una de las candidaturas, nos permite
apreciar que en la política, al menos en la nuestra, se juega a la
contundencia del hecho consumado; a la solidaridad final con una decisión,
aunque sea impuesta, por el sentido de pertenencia a un litoral político
determinado; a que se espera que siempre será preferible el triunfo de un
adversario interno frente al de un contrario externo, sobre todo cuando lo
que está en juego es la continuidad en el poder del Estado. El
PRD ha sufrido un proceso interno traumático donde se ha puesto a prueba
la coherencia de personas a principios;
la fidelidad a valores que se creían institucionales; el respeto por la
palabra empeñada y a lo que se había defendido por muchos años en
distintos momentos de nuestra historia política. En este proceso pudimos
observar el cambio, a veces drástico, respecto a anteriores posturas y
los esfuerzos por presentar alguna justificación del cambio adoptado.
Quienes se habian declarados opuestos a la reelección por razones de
principios institucionales y personales terminaron dándole el apoyo al
candidato reeleccionista que, según sus propias declaraciones, se habia
impuesto utilizando recursos impropios en una competencia política, y
mucho menos entre compañeros de un mismo partido. Unos se habian opuestos,
de manera rotunda, a la reelección; alguno no se manifestaba en contra de
la reelección, pero si a que el candidato fuera el actual Presidente de
la Republica. Pero todos, al final, con la excepcion ya indicada,
terminaron por apoyarla, directa o indirectamente. La
necesidad de que el partido continuara en el poder terminó por imponerse
y lograr la adhesión o, en el mejor de los casos, el no rechazo de lo que
antes se entendía como contrario a los principios institucionales de ese
mismo partido. Terminó por triunfar el pragmatismo salvaje que permitió
que el aspirante a la reelección y sus seguidores hicieran todo lo que
consideraron necesario y conveniente para imponerse. Este mismo
pragmatismo salvaje, que aconseja a hacer lo conveniente,
hizo posible que los aspirantes a la candidatura presidencial
derrotados terminaran apoyando a quien los
venció, con malas artes, según sus propias palabras,
aceptando lo que antes habían rechazado. Cosas de la política,
dirán algunos. Enseñanzas y lecciones interesantes, dirán otros. Rafael
Toribio 14
de abril 2004 |