Tambien una tiza
Rafael Toribio - 26 de octubre 2003

Motivado por la acción de una amiga, hace algunas semanas escribí un artículo sobre lo conveniente que fuera disponer de un borrador con el cual poder hacer desaparecer de nuestra vida todo lo desagradable, reparar ofensas y perdonar. Ahora, también por la indicación de un amigo, me dispongo a resaltar la conveniencia de poder hacer uso de una tiza. Al leer aquel artículo Jorge Cela me hizo saber que de igual forma que hay cosas que debiéramos hacer que desaparezcan, borrándolas, hay otras que merecen destacarse de manera permanente, y una forma de lograrlo es escribirlas. Con una tiza pudiéramos escribir sobre las cosas que harían más agradable nuestra vida y la de los demás; haríamos un reconocimiento a personas que tienen suficientes méritos para recibirlos pero que aún no lo reciben; dejaríamos consignado, para conocimiento de todos, lo que entendemos que debía hacerse; también nos daría la oportunidad de señalar tantas cosas positivas que tiene la vida, sobre las cuales reparamos muy poco. Particularmente, con una tiza estaría en disposición de escribir, aún en las paredes, cosas como las siguientes.

La honorabilidad de ciertos trabajos, y de las personas que los realizan. Las crónicas de las revistas de sociedad nos muestran personas dignas, que se dedican a trabajos dignos, con una familia maravillosa y que disfrutan de las facilidades de una excelente residencia. Pero ninguna se ha decidido por destacar a un triciclero, chinero o alguien que tiene un puesto de ventas de coco en el mercado, su familia y la casa en que reside. Son personas que han preferido desempeñar trabajos que están al alcance de sus limitadas posibilidades para, de una manera honorable, llevar el sustento diario a su familia y proporcionarle a sus hijos la educación que ellos no tuvieron. Nos enseñan que todo trabajo honesto es honorable como es honorable la persona que lo desempeña. En vez de un "atajo" fácil, pero no ético, ha preferido una ruta más agreste y con menos reconocimiento social.

Escribiría de forma que todos pudieran leer mi reconocimiento a quienes tienen el coraje de hacer lo que tienen que hacer, en un momento determinado, por que eso es lo que la conciencia le recomienda hacer. A quienes en vez del silencio cómplice se deciden por la palabra comprometida y a los que optan por lo que recomienda la ética y no la simple conveniencia de las circunstancias. Haría un reconocimiento muy especial a los que hacen el esfuerzo por llegar, aunque nunca puedan lograrlo, sobre todo en una sociedad en la que se premia sólo al que llega, sin valorar de dónde se ha salido. En nuestra sociedad se reconoce y premia al que ha podido llegar a la meta, olvidando que hay muchos que no pueden llegar a ella, no porque no hicieron el esfuerzo para lograrlo, sino porque tenían que esforzarse más que otros en razón de que las condiciones de las que partió representaban serios obstáculos. Para llegar a la Puerta del Conde algunos vienen desde Villa Altagracia, mientras que otros arrancaron desde Pedernales.

Merece que se deje constancia, mejor por escrito, la consideración y el reconocimiento que debe tener quién, sobre todo en esta época en que predomina el arrebato, la intolerancia y la imposición, mantiene una posición de respeto y tolerancia por el otro, llegando hasta su aceptación, sin importar que defienda criterios diferentes u opuestos. Pero nuestra relación con el otro no debe detenerse sólo en el respeto, la tolerancia y la aceptación. Es necesario también la solidaridad; solidaridad que debe movernos a tratarlo de la misma manera en que queremos ser tratados. Quizás ahora más que nunca necesita ser destacado, con la tiza que escriba más fuerte, que si bien todos tenemos derecho a la búsqueda del éxito en nuestras vidas, ese éxito no debe lograrse a costa de los demás. Nuestro ascenso no puede ni debe ser escalando sobre los hombros del prójimo o empujándolo a que se tenga que salir del camino. Este respeto que debemos por el otro se hace más necesario aún cuando hemos decidido buscar la compañía de un compañero o compañera, juntando nuestras vidas, crear un hogar y dar lugar al nacimiento y desarrollo de otras vidas. Caminar unidos, y poder enfrentar y vencer juntos los obstáculos que aparecen en toda vida en pareja, requiere de mucha comprensión, que solo el amor hace posible. Y como hay innumerables parejas que hacen esto todos los días, lo que les permite continuar unidos, es de justicia que esto se diga y se escriba.

Con las posibilidades que ofrece contar con una tiza debiéramos destacar el valor que evidencia todo ser humano cuando reconoce sus excesos y sus errores, y que la humildad antes que debilidad es una gran fortaleza. Estar dispuestos a reconocer que a pesar de defender nuestros criterios con sólidos argumentos, pudiéramos estar equivocados y aceptar que la verdad puede estar en la opinión del otro, no en la nuestra. Haciendo uso de esa tiza se debiera dejar claramente establecido que aún en estos tiempos donde la incertidumbre se ha impuesto a la certeza, ninguna verdad puede ser considerada tan absoluta que pueda ser impuesta por la fuerza.

Todos tenemos carencias y limitaciones, metas y obstáculos para lograrlas. Pero tenemos también posibilidades y oportunidades que a veces nos empeñamos en no reconocer y aceptar, haciendo entonces más difícil vivir a plenitud nuestra vida. Ciertamente que determinadas facilidades harían más placentera la vida o menos trabajosa vivirla, pero mientras luchamos por lograrlas convendría aceptar y disfrutar parte de lo que la naturaleza y la propia vida ponen al alcance de toda persona de forma muy democrática por cierto. A cada uno de nosotros se nos brinda un amanecer y una puesta de sol cada día, la corriente tranquila y constante de un río, la lluvia que fertiliza la tierra y trae quietud con su sonido, la amistad que reconforta y produce alegría, el amor que nos transforma, y un llamado permanente para que en medio de tantas prisas tengamos tiempo para la compasión y la ternura, la ilusión y la esperanza. Todo esto debemos escribirlo con una tiza de trazos bien fuertes.

Rafael Toribio
rtoribio@intec.edu.do

 
26 de octubre 2003