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La
Prensa y el Gobierno
Fausto Rosario - 19 de septiembre 2003
El
Gobierno dominicano ha sido criticado en numerosos foros de la Sociedad
Interamericana de Prensa (SIP) por el supuesto irrespeto a la libertad de
expresión y por haber auspiciado algún nivel de presión sobre medios de
comunicación o periodistas para que lreduzcan sus críticas a la gestión
del
presidente Hipólito Mejía.
El principal blanco de las críticas ha sido el propio presidente de la
República, quien en varias ocasiones ha utilizado palabras descompuestas
contra periodistas y ejecutivos de medios, incluyendo al propio presidente
de la Comisión de la Libertad de Prensa de la SIP, el dominicano Rafael
Molina Morillo.
El tema sigue teniendo importancia porque los organismos internacionales
tienen su vista puesta sobre el país, y una de las observaciones más
detalladas que hacen es a los medios de comunicación. Recientemente he
tenido la oportunidad de conversar con diplomáticos que han preguntado a
varios periodistas, entre los que me incluyo, su opinión sobre la
libertad
de expresión y si el Gobierno ejerce algún nivel de censura o presión
para
condicionar el trabajo de los periodistas o de los empresarios
periodísticos.
Las opiniones generalmente se dividen, y hay quienes dicen que el
Presidente
trata con desenfado a los periodistas, pero resulta el más abierto de los
mandatarios que ha tenido el país ante los periodistas. Y hasta dicen que
no
hay un solo acto de censura o ataque a los medios de comunicación que
pueda
presentarse como un atentado per se al ejercicio informativo.
Probablemente
tienen razón.
Sin embargo, observo que la censura, la presión, el ataque a un medio o a
los periodistas no se produce únicamente cuando el presidente manda a
prisión a un periodista sin que medie ningún procedimiento judicial,
como
fue el caso del articulista Marino Zapete, o cuando el presidente le
enrostra en su cara a algún reportero que es empleado del Gobierno o que
tiene un sueldo en tal o cual lugar y de paso no le responde la pregunta
que
le han hecho. O cuando un Gobernador, como el de Montecristi, manda a
prisión a dos locutores por haber realizado una encuesta inusual y
atrevida.
El ataque directo del presidente a un periodista, como en el caso del
director ejecutivo del diario HOY, Bienvenido Alvarez Vega, a quien acusó
de
manipular encuestas, genera unos efectos de los que resulta muy difícil
librarse, en el ejercicio profesional, tomando en cuenta que quien ha
producido la acusación no es Hipólito Mejía sino el presidente de la
República.
Lo mismo ocurre con las consecuencias para Rafael Molina Morillo o para
Bernardo Vega, o para Miguel Franjul. Un boche del presidente es una
afrenta
imborrable en la carrera profesional de un periodista, independientemente
de
la honorabilidad del periodista. Se dirá que los periodistas deben
acostumbrarse a que los cuestionen, y es cierto, pero siempre que el
cuestionamiento sea político, no de carácter moral, como han sido muchos
de
los que han brotado de la boca del presidente Hipólito Mejía.
Pero hay un efecto poco estudiado de los boches presidenciales a los
periodistas: la reacción de los dueños de los medios de comunicación,
como
empleadores de los abochornados. No todos tienen la misma compostura ni la
misma entereza. Hay casos en los cuales una secuencia de boches
presidenciales han terminado con la separación del director del periódico
impugnado, y es ya frecuente, en los escasos medios de comunicación
impresos
que sobreviven a la crisis del sector financiero, mirar con mucha atención
las señales del presidente para saber por dónde ir.
Esa es una tremenda debilidad de los medios de comunicación, y una gran
equivocación de los propietarios que caen en la trampa de ponerse al
servicio del poder. Ese poder es efímero, y entrar en su juego significa
admitir que el poder del medio será también corto.
El caso Listín Diario es el mejor ejemplo, que desde 1997 hasta el
momento
ha tenido tres dueños (Eduardo Pellerano, Ramón Báez Figueroa y
el Estado
Dominicano) y 5 directores generales: Francisco Comarazamy, Rafael Molina
Morillo, Mozart Emilio Deláncer, Miguel Franjul y Emilio Herasme Peña.
Esa
inestabilidad en su mando explica su crisis de hoy, probablemente la peor
en
toda su historia.
El Caribe es otro caso de inestabilidad, en el que los dueños y el
Gobierno
han metido tanto la mano que es difícil entender hacia dónde quiere ir.
Desde que cambió de propietario, en 1998, hasta el momento, con el nuevo
propietario, ha tenido siete directores (Antonio Emilio Ornes, Luis Canela,
Fernando Ferrán (efímero en 1999), Miguel Febles, Bernardo Vega,
Fernando
Ferrán y Victor Manuel Tejada).
Es interesante ver que en los casos de Mozart Deláncer, Miguel Franjul y
Emilio Herasme Peña, en el Listín Diario, han sido directores durante el
presente Gobierno. Y en El Caribe les ha tocado ser directores en este
Gobierno a Miguel Febles, Bernardo Vega, Fernando Ferrán y Víctor Manuel
Tejada.
El Gobierno, independientemente de la opinión que hoy se tenga sobre su
desempeño frente a los medios de comunicación, debe hacer un gran
esfuerzo
para conservar la libertad de expresión, sin dejar que siga marchitándose,
porque precisamente en este periodo gubernamental se han cerrado los
diarios
El Siglo, La Nación, Ultima Hora y El Financiero. El tema obliga a nuevas
reflexiones, porque otros diarios podrían estar ante la desgracia de
cerrar.
Fausto Rosario Adames
fausto.rosario@codetel.net.do
19
de septiembre 2003
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