¿Otro mas?
Rafael Toribio - 11 de septiembre 2003

Cuando el ex Presidente de Chile, Don Patricio Aldwin, promovía por América Latina que las fuerzas sociales, económicas y políticas en cada país asumieran y firmaran un plan de lucha contra la pobreza, le llamó la atención que mientras en otros países la mayor dificultad estaba en la firmara de un acuerdo de este tipo, en República Dominicana había la decisión de hacerlo de inmediato. Tal situación le hizo preguntarse por qué esta disposición, cuando en otros países era difícil lograrlo. Comprobó que se habían firmado varios acuerdos, y al estudiar el destino de los mismos, se pudo contestar la pregunta: se firman todos los acuerdos porque no hay mucha disposición de cumplirlos.

El pasado lunes se firmó un nuevo acuerdo entre las fuerzas vivas de la Nación. Como en ocasiones anteriores, la firma de este compromiso se produce en una situación muy especial: después de la firma de un acuerdo con el FMI, necesario para llenar “hoyos financieros” y restablecer la confianza de los agentes económicos; de haber transformado en pública una inmensa deuda privada, comprometiendo el futuro de toda la Nación, además de haber violado lo establecido en la ley; de la decisión del actual Presidente de la República de buscar la repostulación de su partido para optar por la reelección en el cargo; cuando el cuestionamiento sobre la JCE no ha desaparecido ni sus dificultades internas; reaparecen las protestas populares, con dimensión nacional, y un número significativo de organizaciones de la sociedad civil manifestaron su decisión de solo participar en diálogos y acuerdos que se realicen de manera transparentes y que lo pactado luego fuera respetado.  

Aunque la reunión y el diálogo del liderazgo nacional siempre son algo positivo, como lo es también la firma de compromisos que puedan representar acuerdos básicos para el desarrollo del país, las experiencias de anteriores acuerdos, respecto a la oportunidad de cuando se producen y los resultados finalmente obtenidos, mueven, por lo menos, a la cautela. Como en ocasiones anteriores, esta vez el contenido del compromiso es tan general que nadie puede tener razones válidas para no firmarlo. Es una declaración de intenciones sobre lo que todos estamos de acuerdo, dejando en manos del Diálogo Nacional su operacionalidad, es decir, las formas concretas en que se materializarán esos acuerdos generales. Hay que destacar, sin embargo, que las próximas elecciones parece que representan una gran preocupación en los firmantes pues lo único concreto que se decidió fue conformar de inmediato una comisión de seguimiento a los trabajos de la JCE para asegurar una organización idónea de las mismas.  

Aunque la experiencia aconseja lo contrario, esperemos que esta vez se respete lo pactado, que el Diálogo Nacional acoja en su momento la concretización de lo acordado y que se haga de público conocimiento, de forma periódica, el cumplimiento de lo pactado. Si lo que se hace es repetir lo ocurrido con acuerdos anteriores en cuando al cumplimiento y seguimiento, se estará contribuyendo al desprestigio de este importante recurso en la democracia. Esta es la responsabilidad de los firmantes y de Monseñor Agripino Núñez.    

 

Rafael Toribio
rtoribio@intec.edu.do

 
11 de septiembre 2003