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¿Otro
mas? Cuando el ex Presidente de
Chile, Don Patricio Aldwin, promovía por América Latina que las fuerzas
sociales, económicas y políticas en cada país asumieran y firmaran un
plan de lucha contra la pobreza, le llamó la atención que mientras en
otros países la mayor dificultad estaba en la firmara de un acuerdo de
este tipo, en República Dominicana había la decisión de hacerlo de
inmediato. Tal situación le hizo preguntarse por qué esta disposición,
cuando en otros países era difícil lograrlo. Comprobó que se habían
firmado varios acuerdos, y al estudiar el destino de los mismos, se pudo
contestar la pregunta: se firman todos los acuerdos porque no hay mucha
disposición de cumplirlos. El pasado lunes se firmó
un nuevo acuerdo entre las fuerzas vivas de la Nación. Como en ocasiones
anteriores, la firma de este compromiso se produce en una situación muy
especial: después de la firma de un acuerdo con el FMI, necesario para
llenar “hoyos financieros” y restablecer la confianza de los agentes
económicos; de haber transformado en pública una inmensa deuda privada,
comprometiendo el futuro de toda la Nación, además de haber violado lo
establecido en la ley; de la decisión del actual Presidente de la República
de buscar la repostulación de su partido para optar por la reelección en
el cargo; cuando el cuestionamiento sobre la JCE no ha desaparecido ni sus
dificultades internas; reaparecen las protestas populares, con dimensión
nacional, y un número significativo de organizaciones de la sociedad
civil manifestaron su decisión de solo participar en diálogos y acuerdos
que se realicen de manera transparentes y que lo pactado luego fuera
respetado. Aunque la reunión y el diálogo
del liderazgo nacional siempre son algo positivo, como lo es también la
firma de compromisos que puedan representar acuerdos básicos para el
desarrollo del país, las experiencias de anteriores acuerdos, respecto a
la oportunidad de cuando se producen y los resultados finalmente obtenidos,
mueven, por lo menos, a la cautela. Como en ocasiones anteriores, esta vez
el contenido del compromiso es tan general que nadie puede tener razones válidas
para no firmarlo. Es una declaración de intenciones sobre lo que todos
estamos de acuerdo, dejando en manos del Diálogo Nacional su
operacionalidad, es decir, las formas concretas en que se materializarán
esos acuerdos generales. Hay que destacar, sin embargo, que las próximas
elecciones parece que representan una gran preocupación en los firmantes
pues lo único concreto que se decidió fue conformar de inmediato una
comisión de seguimiento a los trabajos de la JCE para asegurar una
organización idónea de las mismas. Aunque la experiencia
aconseja lo contrario, esperemos que esta vez se respete lo pactado, que
el Diálogo Nacional acoja en su momento la concretización de lo acordado
y que se haga de público conocimiento, de forma periódica, el
cumplimiento de lo pactado. Si lo que se hace es repetir lo ocurrido con
acuerdos anteriores en cuando al cumplimiento y seguimiento, se estará
contribuyendo al desprestigio de este importante recurso en la democracia.
Esta es la responsabilidad de los firmantes y de Monseñor Agripino Núñez.
Rafael Toribio |