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Un
monumento para Núñez Collado Monseñor
Agripino Núñez Collado, rector de la Pontificia Universidad Católica
Madre y Maestra, será nuevamente el centro de la atención nacional. Su
universidad, igualmente que el reconocido sacerdote, será escenario del
encuentro del liderazgo nacional este lunes, donde el presidente Hipólito
Mejía, y el ex presidente Leonel Fernández, firmarán un pacto de
gobernabilidad y respeto mutuo. El mediador por
excelencia nuevamente sobresale, organizando él un encuentro de primera
magnitud, a petición del primer mandatario, con la aprobación del ex
presidente Fernández. Lo que se firmará ya fue aprobado por los dos
invitados principales. No importa que nadie más lo conozca, ni que los
demás convidados tengan observaciones. En su denodado esfuerzo, con la
aprobación de la Iglesia Católica y la sabia compañía de Francisco José
Arnáiz, el rector pucamaimiano seguirá impertérrito, mediando a corto
plazo, para seguir mediando eternamente. Cuando Monseñor
termine de mediar, y cuando los organismos normales de intermediación del
liderazgo nacional, como el Senado, la Cámara de Diputados o cualquiera
de las estructuras con que cuenta el Poder Ejecutivo comiencen a funcionar,
habrá que hacerle un monumento al sacerdote católico que más ha
teorizado sobre el diálogo y su funcionalidad, pese a que él es un buen
ejemplo de lo inútil que resultan algunos esfuerzos. Observen, sin
embargo, que Monseñor y la PUCMM han tenido preferencia por la mediación
y las reformas electorales. Fue el auspiciador del Pacto por la Democracia,
fue quien empujó la reforma a le Ley Electoral, y en los momentos más
cruciales, ha sido el componedor de la membresía de la Junta Central
Electoral. Tampoco olvidemos que Núñez Collado ayudó a la Comisión de
Asesores Electorales que orientó la solución de la crisis política de
1986, y pese a que el secretario de la misma era Frank Moya Pons, quien
terminó publicando un libro con la memoria selectiva a aquellos sucesos
fue el distinguido sacerdote católico. Con Joaquín
Balaguer Monseñor Núñez Collado se llevaba muy bien. Se conocían y se
servían mutuamente. Con
Leonel Fernández Monseñor fue un hombre consecuente, y le ayudó tanto
como pudo, pese a la reticencia que en algunos momentos hubo con el
Gobierno del Partido de la Liberación Dominicana. Y el actual Presidente,
Hipólito Mejía, ha puesto numerosas comisiones en manos del apreciado
rector católico. La comisión
presidencial para la reforma constitucional, que trabajó sin que sus
resultados fueran atendidos, la presidió el memorable santiaguero. Fue
miembro de la Comisión para la adecuación de la Nómina Pública, y
recientemente fue encargado de organizar el diálogo con Fernández y los
otros líderes. Monseñor es un
mago. Habrá muchos invitados que irán el lunes y no sabrán de qué va
todo aquello, pero no le darán la espalda al componedor. El liderazgo que
se resista a la seducción del académico podría perder futuras
invitaciones, sin que nadie pueda pensar en retaliaciones, porque Agripino
no es persona de esa estirpe. Y los dos firmantes fundamentales saldrán
de allí satisfechos y orondos, dispuestos a quitarse en pellejo en la
campaña electoral por la presidencia, respetando lo que Monseñor les
elaborado. Monseñor, en su
presentación el lunes a las 9 de la mañana, frente a todos los medios de
comunicación, dirá que el esfuerzo ha sido titánico, pero siempre será
poco lo que se haga para servir al país, y con vehemencia aspirará a que
el Pacto sea respetado, especialmente por los políticos-candidatos, en
parte responsables de las dificultades que hoy tenemos en la Junta Central
Electoral. El país está
obligado a reconocer los servicios que le ha prestado el rector de la
pontificia y católica Universidad Madre y Maestra, que apenas le reconoce
la Conferencia del Episcopado Dominicano cada vez que lo reelige como su
rector.
Fausto Rosario Adames |