Un monumento para Núñez Collado
Fausto Rosario - 06 de septiembre 2003   
 

Monseñor Agripino Núñez Collado, rector de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, será nuevamente el centro de la atención nacional. Su universidad, igualmente que el reconocido sacerdote, será escenario del encuentro del liderazgo nacional este lunes, donde el presidente Hipólito Mejía, y el ex presidente Leonel Fernández, firmarán un pacto de gobernabilidad y respeto mutuo.

El mediador por excelencia nuevamente sobresale, organizando él un encuentro de primera magnitud, a petición del primer mandatario, con la aprobación del ex presidente Fernández. Lo que se firmará ya fue aprobado por los dos invitados principales. No importa que nadie más lo conozca, ni que los demás convidados tengan observaciones. En su denodado esfuerzo, con la aprobación de la Iglesia Católica y la sabia compañía de Francisco José Arnáiz, el rector pucamaimiano seguirá impertérrito, mediando a corto plazo, para seguir mediando eternamente.

Cuando Monseñor termine de mediar, y cuando los organismos normales de intermediación del liderazgo nacional, como el Senado, la Cámara de Diputados o cualquiera de las estructuras con que cuenta el Poder Ejecutivo comiencen a funcionar, habrá que hacerle un monumento al sacerdote católico que más ha teorizado sobre el diálogo y su funcionalidad, pese a que él es un buen ejemplo de lo inútil que resultan algunos esfuerzos.

Observen, sin embargo, que Monseñor y la PUCMM han tenido preferencia por la mediación y las reformas electorales. Fue el auspiciador del Pacto por la Democracia, fue quien empujó la reforma a le Ley Electoral, y en los momentos más cruciales, ha sido el componedor de la membresía de la Junta Central Electoral. Tampoco olvidemos que Núñez Collado ayudó a la Comisión de Asesores Electorales que orientó la solución de la crisis política de 1986, y pese a que el secretario de la misma era Frank Moya Pons, quien terminó publicando un libro con la memoria selectiva a aquellos sucesos fue el distinguido sacerdote católico.

Con Joaquín Balaguer Monseñor Núñez Collado se llevaba muy bien. Se conocían y se servían  mutuamente. Con Leonel Fernández Monseñor fue un hombre consecuente, y le ayudó tanto como pudo, pese a la reticencia que en algunos momentos hubo con el Gobierno del Partido de la Liberación Dominicana. Y el actual Presidente, Hipólito Mejía, ha puesto numerosas comisiones en manos del apreciado rector católico.

La comisión presidencial para la reforma constitucional, que trabajó sin que sus resultados fueran atendidos, la presidió el memorable santiaguero. Fue miembro de la Comisión para la adecuación de la Nómina Pública, y recientemente fue encargado de organizar el diálogo con Fernández y los otros líderes.

Monseñor es un mago. Habrá muchos invitados que irán el lunes y no sabrán de qué va todo aquello, pero no le darán la espalda al componedor. El liderazgo que se resista a la seducción del académico podría perder futuras invitaciones, sin que nadie pueda pensar en retaliaciones, porque Agripino no es persona de esa estirpe. Y los dos firmantes fundamentales saldrán de allí satisfechos y orondos, dispuestos a quitarse en pellejo en la campaña electoral por la presidencia, respetando lo que Monseñor les elaborado.

Monseñor, en su presentación el lunes a las 9 de la mañana, frente a todos los medios de comunicación, dirá que el esfuerzo ha sido titánico, pero siempre será poco lo que se haga para servir al país, y con vehemencia aspirará a que el Pacto sea respetado, especialmente por los políticos-candidatos, en parte responsables de las dificultades que hoy tenemos en la Junta Central Electoral.

El país está obligado a reconocer los servicios que le ha prestado el rector de la pontificia y católica Universidad Madre y Maestra, que apenas le reconoce la Conferencia del Episcopado Dominicano cada vez que lo reelige como su rector.

 

Fausto Rosario Adames  
frosario@elcaribe.com.do


06 de septiembre 2003