La Casa no es un hogar
Rafael Toribio - 09 de septiembre 2003

Una vez desaparecido Balaguer, el pronóstico generalizado era que en el Partido Reformista se produciría de inmediato la división. El fuerte y prolongado liderazgo ejercido por Joaquín Balaguer, quién además nunca quiso un segundo que aspirara a ser primero, y que para lograr ser imprescindible no fortaleció la institucionalidad, no vaticinaba otra cosa. En su primera gran prueba, que fue la última reforma  a la Constitución, el PRSC la pasó satisfactoriamente, logrando la reivindicación de Balaguer con la aprobación del restablecimiento de la reelección, sin permitir la de Peña Gómez, cifrada en la reducción del porcentaje para ganar la Presidencia de la República. Sin embargo, la segunda gran prueba, que fue la escogencia en unas elecciones internas del candidato a ocupar la jefatura del Estado, no ha podido ser superada aún, y todo indica que le será muy difícil hacerlo satisfactoriamente. Una profunda división interna lo ha impedido, manifestada en que hay un sector, denominado de “La Casa”, que parece haber decidido disfrutar lo que le puede proporcionar la cercanía con el poder, que disputarlo. Con sus acciones  ha manifestado claramente su preferencia de que el Partido Reformista en vez de opositor al gobierno, sea un aliado y colaborador. En una tercera y reciente prueba, el fracaso del Partido Reformista, atribuido al grupo de “La Casa”, fue la elección del bufete directivo de la Cámara de Diputados para la presente legislatura. Su apoyo a una candidata, que era también la del gobierno, y que intentaba reelegirse, pese a que no contaba con el favor de los demás grupos dentro de su mismo partido, mucho menos de los otros partidos, impidió que una candidatura diferente le asegurara el triunfo.  

Hoy la situación del Partido Reformista es, lamentablemente, muy parecida al pronóstico que se dijo que pasaría después del fallecimiento del Dr. Balaguer. Una profunda división interna; una candidatura a la Presidencia de la República fuertemente cuestionada internamente y que no acaba de arrancar; un liderazgo dirigencial que se ha mostrado hasta ahora incapaz de presentar una propuesta unificadora, que acaba de recibir una gran derrota en la Cámara de Diputados y que ha preferido ser aliado al gobierno en vez de oposición. Estos hechos han puesto al Partido Reformista en una difícil situación. De haber estado en un claro segundo puesto en las preferencias electorales en encuestas recientes, ahora lo que parece tener asegurado es el tercer lugar. Reducidas sus posibilidades como opción de poder, la división interna le resta posibilidades de negociación en una eventual segunda vuelta electoral. En todo caso, quienes lo necesiten como aliado siempre podrán buscar apoyo, no en el partido, sino en alguna de sus tendencias.  

Una casa es un lugar donde coexisten y habitan personas; un hogar es una casa donde conviven personas, bajo una autoridad aceptada, con reglas y acuerdos que aseguran la solidaridad, y las diferencias nunca son irreconciliables. En la actualidad, en el Partido Reformista la convivencia de los distintos grupos se hace cada vez más difícil, no hay una autoridad aceptada por todos, la solidaridad ha desaparecido y las diferencias conducen a una división. La Casa no es un hogar.

   

Rafael Toribio
rtoribio@intec.edu.do

 
09 de septiembre 2003