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El
pecado original en la JCE
Resulta evidente que el Dr. Nelson Gómez con su
reacción pretendía proteger la credibilidad
de la JCE, que quedó bastante maltrecha a raíz del affaire Morel Cerda,
pero dejaba de lado el mal de fondo que afecta a ese organismo. Ese mal no
era Morel como tampoco lo es la división en cámaras del organismo. Es el
uso del método de la repartición de los miembros de la JCE entre los
partidos políticos. Para nadie es un secreto que de los nueve jueces que
integran el organismo, el PRD propuso seis, el PRSC dos y el PLD uno y que
la ciudadanía percibe a esos miembros como representantes de los
intereses de los partidos
políticos, aunque en algunos casos no sea así. Este sistema de
repartición ha sido responsable de los más grandes fracasos electorales
en nuestro país, el último de los cuales en 1994. Muchos pensaron que con la salida del Dr. Morel Cerda
se acabarían las angustias y dificultades de la JCE y no existía base
para tal optimismo, pues aunque el Dr. Morel se constituyó en uno de los
tantos problemas que aquejaban al organismo, no era el problema de fondo
del mismo. El método de selección de los miembros de la JCE ha
contribuido además a fomentar otro de los problemas que confronta el
organismo electoral: la falta de transparencia. Aunque fue un acto de
suicidio, nadie debe olvidar las denuncias de nepotismo y corrupción que
efectuó el Dr. Morel y que todavía no reciben una explicación razonable
y mucho menos una acción, afectando la credibilidad de algunas personas
que no lo merecen. El pecado original de la actual JCE sigue siendo la
forma en que fue designada y en esas condiciones deberá organizar las
próximas elecciones. Debido a que existe la percepción de que a lo
interno de la JCE se estarán moviendo los intereses políticos
partidarios, resulta de primer orden que cada irregularidad, cada
violación, intencional o no, sea divulgada a la Nación para que se
genere la presión necesaria para la corrección oportuna. Lamentablemente
no hay tiempo para lavar primero la ropa sucia a lo interno de la JCE,
pues las elecciones están a la vuelta de la esquina y los conflictos
deben resolverse sin pérdida de tiempo. Si todos los miembros de la JCE
saben que sus dificultades serán ventiladas ante el país, tendrán mucho
más cuidado en sus actuaciones y podrían prevenirse muchos problemas. Si
el problema surge como quiera, es bueno que sea de conocimiento público
para que podamos demandar solución a tiempo, evitando entonces que
explote en medio de las elecciones. Francisco Alvarez Valdez 30
de agosto 2003 |