El pecado original en la JCE
Francisco Alvarez Valdez - 30 de agosto 2003


El Dr. Roberto Rosario, miembro de la Cámara Contenciosa de la Junta Central Electoral (JCE), denunció que en el organismo electoral se habían violado los acuerdos de trabajo a que arribaron sus miembros, provocando la reacción del Dr. Nelson Gómez, presidente de la Cámara Administrativa de la JCE, quien lamentó que la denuncia se hiciera públicamente y no en el seno del pleno del organismo.

Resulta evidente que el Dr. Nelson Gómez con su reacción pretendía proteger la  credibilidad de la JCE, que quedó bastante maltrecha a raíz del affaire Morel Cerda, pero dejaba de lado el mal de fondo que afecta a ese organismo. Ese mal no era Morel como tampoco lo es la división en cámaras del organismo. Es el uso del método de la repartición de los miembros de la JCE entre los partidos políticos. Para nadie es un secreto que de los nueve jueces que integran el organismo, el PRD propuso seis, el PRSC dos y el PLD uno y que la ciudadanía percibe a esos miembros como representantes de los intereses de  los partidos políticos, aunque en algunos casos no sea así. Este sistema de repartición ha sido responsable de los más grandes fracasos electorales en nuestro país, el último de los cuales en 1994.

Muchos pensaron que con la salida del Dr. Morel Cerda se acabarían las angustias y dificultades de la JCE y no existía base para tal optimismo, pues aunque el Dr. Morel se constituyó en uno de los tantos problemas que aquejaban al organismo, no era el problema de fondo del mismo. El método de selección de los miembros de la JCE ha contribuido además a fomentar otro de los problemas que confronta el organismo electoral: la falta de transparencia. Aunque fue un acto de suicidio, nadie debe olvidar las denuncias de nepotismo y corrupción que efectuó el Dr. Morel y que todavía no reciben una explicación razonable y mucho menos una acción, afectando la credibilidad de algunas personas que no lo merecen.

El pecado original de la actual JCE sigue siendo la forma en que fue designada y en esas condiciones deberá organizar las próximas elecciones. Debido a que existe la percepción de que a lo interno de la JCE se estarán moviendo los intereses políticos partidarios, resulta de primer orden que cada irregularidad, cada violación, intencional o no, sea divulgada a la Nación para que se genere la presión necesaria para la corrección oportuna. Lamentablemente no hay tiempo para lavar primero la ropa sucia a lo interno de la JCE, pues las elecciones están a la vuelta de la esquina y los conflictos deben resolverse sin pérdida de tiempo. Si todos los miembros de la JCE saben que sus dificultades serán ventiladas ante el país, tendrán mucho más cuidado en sus actuaciones y podrían prevenirse muchos problemas. Si el problema surge como quiera, es bueno que sea de conocimiento público para que podamos demandar solución a tiempo, evitando entonces que explote en medio de las elecciones.

Francisco Alvarez Valdez
Abogado
falvarez@hrafdom.com

30 de agosto 2003