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Los
tres golpes del PPH La crisis interna del Partido Revolucionario Dominicano se
renueva con el fracaso de la propuesta Hipólito Mejía a los demás
precandidatos, para alcanzar un acuerdo que permita la selección de un
candidato presidencial con más del 50 por ciento de los votos de los
perredeístas, a través de una convención con doble vuelta. El argumento parece abrumador: El presidente presentó una
propuesta verbalmente, que los siete precandidatos discutieron, acogieron
inicialmente con simpatía, y estaban dispuestos a responder positivamente.
Pero el mandatario dijo que se malinterpretó la sugerencia y envió un
documento por escrito, precisando la sugerencia, que fue rechazado a
unanimidad por Milagros Ortiz Bosch, Hatuey Decamps, Rafael Suberví
Bonilla, Enmanuel Esquea Guerrero, Ramón Alburquerque, José Rafael
Abinader, Rafael Flores Estrella. La reunión del jueves fue decisiva, y dejó la impresión
de que Mejía cambió de parecer luego de haber entregado su sugerencia
con tanto hermetismo y habiéndose producido un pacto de silencio que no
fue respetado precisamente por el PPH. Los precandidatos decidieron responderle por escrito al
presidente, rechazando su propuesta y haciendo una contrapropuesta, que no
han revelado. Pero ratificaron su documento del 6 de agosto, en el que
pactaron “no realizar ninguna negociación o acuerdo individualmente,
sino siempre de manera conjunta en todo lo referente a la unidad del
Partido y a posibles acuerdos entre precandidatos de cara a la Convención
Nacional”. Ese mismo documento sirvió para unir a los precandidatos
contra la reelección presidencial, y decidió consultar a las bases del
PRD mediante un plebiscito sobre la reelección presidencial, además de
la realización de varias encuestas al pueblo sobre el mismo tema. El presidente y su equipo reeleccionista rechazan el
plebiscito y las encuestas, y quieren convención pura y simple, donde
compitan todos los precandidatos en igualdad de condiciones. La transacción
que propuso Mejía fue realizar una convención, y si nadie sacaba más
del 50% se realizara una segunda vuelta con los dos que más votos
obtuvieran. Las posiciones más radicales la encarnan el presidente Mejía
y su equipo político y el presidente del PRD, Hatuey Decamps. El discurso
del mandatario esta semana en San Cristóbal fue radicalmente duro contra
Decamps, sin mencionarlo por su nombre, a quien retó a medir fuerzas
internas y le restó importancia en una posible división del PRD. Decamps
lanzó también duras críticas, peores que las de cualquier dirigente de
un partido de oposición. Lo que se observa es que el PRD no resolverá su crisis en
los próximos días, y que la división tiene ganado ya un amplio terreno
en ese partido. En el hipotético caso de que su unidad se mantuviera, y
de que ocurriera un milagro y lograra coherencia con el Gobierno, y se
escogiera al mejor o la mejor de sus candidatos, es poco probable que
pueda remontar electoralmente, debido al terreno perdido y a la
profundidad de las laceraciones que se han provocado. Ya no hay tiempo para que el PRD se recomponga y reasume su
tradicional fuerza electoral. El PRD no tiene un líder de las condiciones
de José Francisco Peña Gómez, en primer lugar, y su oferta
gubernamental del presente cuatrenio está terminando con condiciones muy
precarias. El PPH se hizo el propósito de absorber al PRD, de sustituirlo
como fuerza política, tranquilizando a los demás con la repartición del
Gobierno, pero el resultado no ha sido el esperado, y al final el grupo
presidencial podría cargar con el fracaso del Gobierno, con la pérdida
del poder y con la división del PRD. Esa trilogía de fracasos sería traumática, y ni el
presidente Hipólito Mejía merece cargar con tanto peso histórico, ni el
PRD y sus precandidatos debían aguardar un resultado tan pobre de su paso
por el poder, luego del esfuerzo que ellos mismos hicieron, encabezados
por Peña Gómez, para retornar al poder. Alguien debía evitarle al PPH
estos tres golpes.
Fausto Rosario Adames |