Los tres golpes del PPH
Fausto Rosario - 30 de agosto 2003   
 

La crisis interna del Partido Revolucionario Dominicano se renueva con el fracaso de la propuesta Hipólito Mejía a los demás precandidatos, para alcanzar un acuerdo que permita la selección de un candidato presidencial con más del 50 por ciento de los votos de los perredeístas, a través de una convención con doble vuelta.

El argumento parece abrumador: El presidente presentó una propuesta verbalmente, que los siete precandidatos discutieron, acogieron inicialmente con simpatía, y estaban dispuestos a responder positivamente. Pero el mandatario dijo que se malinterpretó la sugerencia y envió un documento por escrito, precisando la sugerencia, que fue rechazado a unanimidad por Milagros Ortiz Bosch, Hatuey Decamps, Rafael Suberví Bonilla, Enmanuel Esquea Guerrero, Ramón Alburquerque, José Rafael Abinader, Rafael Flores Estrella.

La reunión del jueves fue decisiva, y dejó la impresión de que Mejía cambió de parecer luego de haber entregado su sugerencia con tanto hermetismo y habiéndose producido un pacto de silencio que no fue respetado precisamente por el PPH.

Los precandidatos decidieron responderle por escrito al presidente, rechazando su propuesta y haciendo una contrapropuesta, que no han revelado. Pero ratificaron su documento del 6 de agosto, en el que pactaron “no realizar ninguna negociación o acuerdo individualmente, sino siempre de manera conjunta en todo lo referente a la unidad del Partido y a posibles acuerdos entre precandidatos de cara a la Convención Nacional”.

Ese mismo documento sirvió para unir a los precandidatos contra la reelección presidencial, y decidió consultar a las bases del PRD mediante un plebiscito sobre la reelección presidencial, además de la realización de varias encuestas al pueblo sobre el mismo tema.

El presidente y su equipo reeleccionista rechazan el plebiscito y las encuestas, y quieren convención pura y simple, donde compitan todos los precandidatos en igualdad de condiciones. La transacción que propuso Mejía fue realizar una convención, y si nadie sacaba más del 50% se realizara una segunda vuelta con los dos que más votos obtuvieran.

Las posiciones más radicales la encarnan el presidente Mejía y su equipo político y el presidente del PRD, Hatuey Decamps. El discurso del mandatario esta semana en San Cristóbal fue radicalmente duro contra Decamps, sin mencionarlo por su nombre, a quien retó a medir fuerzas internas y le restó importancia en una posible división del PRD. Decamps lanzó también duras críticas, peores que las de cualquier dirigente de un partido de oposición.

Lo que se observa es que el PRD no resolverá su crisis en los próximos días, y que la división tiene ganado ya un amplio terreno en ese partido. En el hipotético caso de que su unidad se mantuviera, y de que ocurriera un milagro y lograra coherencia con el Gobierno, y se escogiera al mejor o la mejor de sus candidatos, es poco probable que pueda remontar electoralmente, debido al terreno perdido y a la profundidad de las laceraciones que se han provocado.

Ya no hay tiempo para que el PRD se recomponga y reasume su tradicional fuerza electoral. El PRD no tiene un líder de las condiciones de José Francisco Peña Gómez, en primer lugar, y su oferta gubernamental del presente cuatrenio está terminando con condiciones muy precarias. El PPH se hizo el propósito de absorber al PRD, de sustituirlo como fuerza política, tranquilizando a los demás con la repartición del Gobierno, pero el resultado no ha sido el esperado, y al final el grupo presidencial podría cargar con el fracaso del Gobierno, con la pérdida del poder y con la división del PRD.

Esa trilogía de fracasos sería traumática, y ni el presidente Hipólito Mejía merece cargar con tanto peso histórico, ni el PRD y sus precandidatos debían aguardar un resultado tan pobre de su paso por el poder, luego del esfuerzo que ellos mismos hicieron, encabezados por Peña Gómez, para retornar al poder. Alguien debía evitarle al PPH estos tres golpes.

Fausto Rosario Adames  
frosario@elcaribe.com.do


30 de agosto 2003