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Perdimos
la capacidad de asombro El
vió el vídeo proyectado por uno o dos canales de televisión, para el
resto era intrascendente, y lo consideró escandaloso, pero al llegar a
los escenarios políticos dominicanos nadie se lo mencionaba ni lo
consideraba extraordinario. Concluyó en que los dominicanos parecían
haber perdido la capacidad de asombro. Desde
entonces he venido observando y reiterando esa conclusión. Y en algunos
aspectos pareciera que vamos de mal en peor. Por ejemplo ya uno no puede
asombrarse de las maniobras que se ven en cualquiera de las confluencias
de mayor tráfico de vehículos de esta cuidad a cualquier hora del día y
de cara a numerosos agentes del tránsito. Esta
semana los abogados del presidente del quebrado Banco Intercontinental
denunciaron que lo consumido mediante la famosa tarjeta de crédito del
Baninter que se otorgó al coronel Pepe Goico no montaba 40 millones de
pesos, como se denunció en noviembre pasado, sino "diez o quince
veces más". El
doctor Marino Vinicio Castillo sostuvo que con la "Pepe-Card" se
habrían gastado 20 millones de dólares, que a una tasa promedio de 17.50
que prevalecía en aquellos días equivaldrían a unos 350 millones de
pesos. Según
lo que han publicado los periódicos y se escuchó en radio y televisión,
con esa tarjeta del Baninter se habrían comprado un avión, un helicóptero,
así como sofisticados equipos de seguridad israelíes, que luego se habrían
vendido a un gobierno extranjero, y más tarde llegarían a manos de la
guerrilla colombiana. La
publicación de tamaños cargos contra un alto oficial de la seguridad del
Presidente dela República no asombró ni siquiera a los medios que le
dieron cabida. Mucho menos al coronel Pepe Goico, ni a la secretaría de
las Fuerzas Armadas, ni al gobierno. Ni un solo editorial reclamó
esclarecimiento y responsabilidades. Como si no se hubiese dicho. Ni
siquiera porque el doctor Castillo fue tan lejos como afirmar que Goico no
será el funcionario de menos rango o categoría que acusarán del "fraude
cometido contra el Baninter con la tarjeta de crédito que se utilizaba en
los viajes internacionales del presidente Hipólito Mejía". Es
posible que muchos no se asombraran por la enorme imaginación que ha
demostrado el doctor Castillo en su accionar como político y como abogado.
Pero en este caso el jurista promete depositar ante el juez que instruye
el fraude los correspondientes comprobantes de gastos de la aludida
tarjeta. Si
la acusación de los abogados de Báez Figueroa deja muy mal parado al
gobierno, no pone en mejores condiciones a su defendido. Pero eso tampoco
causará asombro. Lo que han dicho es que ese banco no sólo otorgaba
tarjetas a altos funcionarios para que gastaran a su antojo, sino que no
controlaba los montos. Y que mintieron cuando en comunicado público
dijeron que lo gastado por Pepe Goico eran 40 millones de pesos. Nadie
supone que con una tarjeta de crédito se compre un avión, un helicóptero
y hasta equipos militares. Tampoco que un banco autorice gastos por 350
millones de pesos con una tarjeta que no se pagaba. De ser cierta la versión,
sería una magnífica muestra de cómo se manejaron los recursos de los
ahorrantes en ese banco. Con razón quebró. En
cualquier caso, lo primero deseable es que el doctor Vincho Castillo
cumpla su promesa y no solo entregue los comprobantes al juez, sino que
los haga públicos para contribuir a establecer las responsabilidades de
esta escandalosa quiebra bancaria. De
presentar esas pruebas, tal vez el gobierno se vea en la obligación de
dar una explicación. Y a lo mejor hasta se anime a hacer transparente
todo lo relacionado con el caso Baninter. Pero no nos hagamos muchas
ilusiones. Ningún asombro causará que se muestren esas pruebas y el
coronel Goico sea ascendido, y el secretario de las Fuerzas Armadas y el
gobierno sigan como si nada ocurriera. Al
fin y al cabo desde que se destapó el escándalo Baninter, en pleno
Palacio Nacional y en presencia del presidente de la República y el
secretario de las Fuerzas Armadas, el gobernador del Banco Central dijo
que 70 generales cobraban en ese banco. Y nadie ha considerado necesario
aclarar nada. ¡Algo
grande tiene que ocurrir para que recuperemos la capacidad de asombro!
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