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¡Deprimente
y preocupante! Dentro de la estructura
del Estado Moderno, el Poder Legislativo es considerado el de mayor
importancia por cuando es el que representa la soberanía del pueblo,
fuente de todo poder y autoridad, y porque es el encargado de aprobar las
leyes que debe aplicar el Poder Ejecutivo y conforme a las cuales debe
juzgar el Poder Judicial. Dentro del Poder Legislativo, en los sistemas
que tienen dos cámaras, a la de los Diputados se le considera la de mayor
representatividad porque sus miembros son electos con relación a los
ciudadanos que viven en las demarcaciones que representan. Así las cosas,
entre los tres poderes del Estado, el Legislativo es el superior, y entre
las dos cámaras, la de mayor representatividad es la de los Diputados. El
pasado sábado pudimos ver, en vivo y directo, un espectáculo en la Cámara
de Diputados que hay que catalogarlo, por lo menos, de deprimente y
preocupante. Deprimente porque pudimos presenciar el comportamiento de los
representantes que hemos electos para que tomen en nuestro nombre las
decisiones más importantes sobre el presente y futuro del país.
Preocupante, además, porque detrás de lo que sucedía en la Cámara de
Diputados estaban actuando nuestros partidos políticos y todo el
liderazgo político nacional. Lo sucedido el pasado sábado
en la Cámara de Diputados es una muestra de cómo se practica la política
en nuestro país; de lo que se es capaz de hacer para retener el poder, o
para lograrlo; la debilidad de nuestras instituciones políticas y el
proceder que el liderazgo político entiende que es el adecuado. En los días
previos a la sesión donde se elegiría el bufete directivo de la Cámara,
habíamos visto que para evitar “deserciones” se tenía que
“encerrar” a Diputados y familiares en un hotel; también
las diligencias que se hacían para lograr mudar lealtades y
compromisos adquiridos con alguno de los candidatos. Ya en la sesión
pudimos apreciar desde sabotaje al servicio eléctrico, choques verbales y
físicos entre Diputados, hasta la ocurrencia de disparos. Al final se
impuso, no la mejor propuesta de un programa legislativo, sino la
alternativa que fue capaz de enfrentar con éxito las travesuras
realizadas por la contraria. Lo que estaba en juego, y lo que finalmente
dio el triunfo, fue la capacidad de poder contrarrestar lo que era capaz
de hacer el oponente. Conociendo las travesuras que son capaces de llevar
a cabo sus propios compañeros, y los opositores a los que se habían
unidos, el triunfo debía ser para quien pudiera saber cómo vencerlos, y
estar dispuesto a hacerlo. En el artículo del jueves
pasado presentaba algunos hechos que se habían producido y que por su
truculencia se debían considerar como insólitos. Lo del sábado desborda
lo insólito para inscribirse en lo deprimente y vergonzoso. En la entrega
del domingo hacía un llamado a no renunciar a la esperanza y a recurrir a
la cólera cuando se hacía difícil mantenerla. Como la cólera es amiga
de la esperanza, después de los sucesos en la Cámara de Diputados, solo
nos queda la cólera para poder mantener la esperanza. Rafael Toribio |