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La
pobre imagen de los legisladores Encuestas
y estudios de las más diversas categorías han mostrado en los últimos años
que el Congreso Nacional es una de las instituciones que menos confianza
genera en la ciudadanía, sólo superado por los partidos políticos. Así
quedó en evidencia en las tres encuestas nacionales de Cultura Política
y Democracia, auspiciadas por la Universidad Católica Madre y Maestra
dentro del Proyecto para el Apoyo a Iniciativas Democráticas, la última
de las cuales fue publicada en febrero del 2002. Cuando
se preguntó a una muestra bien representativa de la sociedad dominicana
sobre las isntituciones en que más confiaban, la Iglesia Católica, los
medios de comunicación y la Iglesia Evangélica encabezaron con 60, 35 y
31 por ciento. En la cola se situaron el Congreso Nacional y los partidos
políticos, con 12 y 6 por ciento, respectivamente. Ambas
instituciones también ocupaban los dos últimos peldaños en un índice
de confianza elaborado en base a la encuesta. En el caso del Congreso,
reduciéndose de 0.75, a 0.74 y 0.73 en las tres encuestas citadas,
efectuadas en 1994, 1997 y 2001. En
la última encuesta Gallup para Omnimedia, recién publicada, los
legisladores no quedan mejor parados. E.l 83.6 por ciento de los
encuestados considera que van al Congreso a hacer política y enriquecerse.
Sólo un 16 por ciento considera que dedican su tiempo a trabajar por el
país, mientras el 80.8 por ciento lo niega. Y el 80.3 por ciento estima
que los diputados y senadores no mantienen contacto con sus electores. Esas
estadísticas deberían motivar profundas reflexiones y mejores
actuaciones de los legisladores. Pero no cuentan con que un día los
electores se cansarán de ser burlados y se ausentarán de las urnas, como
ha ocurrido ya en otras naciones de la región. Esta
semana, como ejemplo, ha sido devastadora. El presidente del Senado, Andrés
Bautista, aspirante a la reelección, acusó a dos funcionarios
gubernamentales y dirigentes de su propio grupo dentro del Partido
Revolucionario Dominicano, el llamado PPH, de usar recursos estatales para
apoyar a su contrincante Jesús Vásquez Martínez, quien ha sido
respaldado por 15 senadores. Lo
más relevante es que Bautista regaló un anillo de oro a cada uno de sus
colegas senadores, obviamente como parte de su campaña electoral. El
costo se estimó en más de 200 mil pesos, sin que se explicara si lo
financió de su propio peculio, de las arcas del Senado, o de "contribuciones". La
presidenta de la Cámara de Diputados, la reformista Rafaela Alburquerque,
se adscribió al criterio de que "el poder no se entrega, que hay que
arrebatarlo", y se fue a buscar el apoyo del presidente de la República
para mantenerse en el cargo. Allí casi se encuentra con otro de sus
correligionarios, Víctor Bisonó, que andaba en lo mismo. Alburquerque
y Bisonó parecen ser los favoritos, atendiendo a que el agrónmomo Hipólito
Mejía declaró que seguía favoreciendo a un reformista para presidir la
cámara baja. Mientras a la doctora Liselot Marte de Barrios, una de las
mejores políticas del país, no se le atribuye posibilidad alguna de
presidir la cámara, pues al parecer no tiene capacidad de amarres. No
regala canastas ni anillos, ni "resuelve". Y
a pesar de que parecería ilógico esperar que a 9 meses de las elecciones
presidenciales el partido de gobierno y el presidente Mejía priven a sus
eventuales aliados reformistas de la presidencia de la cámara, el
diputado perredeísta Alfredo Pacheco ha lanzado su campaña, con un libro
de 131 páginas, almuerzo para periodistas y reunión con 121 diputados de
todos los partidos. Pacheco
realiza una fuerte inversión, destinada obviamente a perderse. Su
aspiración está divorciada de la razón política, de lo posible, y de
espalda a los intereses de su partido, que es cosa secundaria. La
campaña electoral para ganar el voto de los 32 senadores o de 150
diputados se lleva a los medios de comunicación, como si se tratara de un
asunto de alto interés nacional, que involucrara a millares de ciudadanos,
en medio de una profunda crisis económica y creciente desesperanza. Con
actuacioens como esas se afianza la imagen desfavorable que tiene la
ciduadanía sobre el Congreso Nacional y los legisladores. Y es deplorable
por tratarse de la representación directa de los electores, de la entidad
responsable de la legislación y de la vigilancia del Poder Ejecutivo, y
una de las bases fundamentales de la institucionalidad democrática
nacional.- |