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Relanzar
el Gobierno El 2002 está llegando a su
fin y el presidente Hipólito Mejía y su gabinete, pese al resultado del
proceso electoral de mayo pasado, no logra relanzar el Gobierno. El manejo
oficial ha sido sortear la crisis política y económica, en una posición
defensiva que dista mucho de las estrategias que le dieron el triunfo
electoral. Este ha sido un año pésimo
para el sector público, que vio aumentar extraordinariamente sus gastos,
que debió reducir al mínimo las inversiones públicas, que permitió el
deslizamiento de la tasa de cambio a niveles pocas veces vistos en la
historia reciente, y que redujo al mínimo las reservas monetarias del
Banco Central. Pese al crecimiento de la
economía, registrado por el Banco Central, y a que el turismo y las
remesas ofrecen signos alentadores, el presidente debió tomar decisiones
que contradicen seriamente la bondad de las políticas de estabilidad
macroeconómica: Se eliminaron los subsidios del gas propano y de la
electricidad, y se transfirió a los consumidores eléctricos la devaluación
del peso y la inflación, aparte de que se aumentó cerca del 40 por
ciento el precio de la energía. Los combustibles aumentaron durante casi
todo el año y la inflación podría quedar por encima de los dos dígitos. Claro que el cheque externo
explica muchas de las limitaciones internas. Y si nos comparamos con
economías parecidas podríamos tener algún consuelo. El Banco
Interamericano de Desarrollo ha dado informaciones alentadoras sobre la
economía dominicana. Pero durante este año utilizamos los 500 millones
de bonos soberanos, aumentamos el endeudamiento externo, aumentamos las
recaudaciones y tenemos en carpeta la emisión de bonos por 600 millones
de dólares más, y no le hemos dado solución a ningún problema
fundamental de la sociedad, ni tenemos coherencia para ello. En el plano político el
Gobierno ha tenido muchos desaciertos. La permanencia del PPH, su fuerza
interna en el PRD, ha sido un veneno para la coherencia entre los perredeístas.
Una consecuencia directa de ello ha sido la persistencia de la amenaza
reeleccionista, pese a la reiteración del presidente Mejía, de que no le
interesa volver. Pero se restableció la reelección presidencial en una
reforma constitucional cuestionable éticamente para el PRD. Se ratificó la Junta
Central Electoral y el país ha debido dedicarle demasiado tiempo,
especialmente el Gobierno, a restablecer la credibilidad política en sus
instituciones. Nuevamente hemos tenido que recurrir a modificar la Ley
Electoral para resolver una crisis coyuntural, mientras la corrupción
encuentra el camino abierto para socavar la base de la institucionalidad
democrática. Si alguien ha perdido
credibilidad, consistencia y coherencia ha sido el Gobierno en todas las
diatribas que hemos tenido sobre el tema de la corrupción, incluyendo el
Peme, los ayudantes civiles del presidente involucrados en crímenes y
delitos, el caso Pepe Goico, el uso de aviones privados para transportar
drogas a Estados Unidos, los cónsules traficando con ciudadanos de otros
países y con drogas y las contradicciones e incoherencias entre la cabeza
del Ministerio Público, la Procuraduría General de la República, y la
Fiscalía del Distrito Nacional. El presidente Hipólito Mejía
ha demostrado que es una persona que se resiste a las sustituciones en su
gabinete. La precampaña en todos los partidos ha comenzado, y esta es tal
vez la posibilidad que tiene el presidente para hacer los primeros cambios
en su Gobierno, y de ese modo tratar de relanzar su propuesta. El tiempo
se le va agotando, y si pierde la oportunidad del inicio del nuevo año,
será poco lo rescatable de todas las promesas que hizo Hipólito Mejía.
30
de noviembre 2002 |