Qué, quién, cuándo, dónde, cómo, cuánto, por qué
Periodico El Nacional - 17 de noviembre 2002


Por Sara Pérez

READING, PA.-Uno de los grandes aportes que podría hacer la prensa dominicana a una democracia que sea algo más que un simulacro, es la de acabar de sacudirse la "herrumbre del oficio". Dejar de estar curada de espantos. Aprender a asombrarse. Desarrollar alguna sensibilidad ante el horror. No ser más la aliada fiel de la impunidad vitalicia. Indignarse.

Para ello basta la adhesión estricta a algunas reglas elementales para una "objetividad" básica y algo de conciencia de que, si bien el medio de comunicación es un negocio con dueños particulares, también es un espacio colectivo que debe cumplir con algunos requisitos y tener un mayor sentido de respeto y responsabilidad hacia su público. Desde toda perspectiva, es inconcebible, por ejemplo, que la ciudadanía común se vaya enterando de algunos aspectos importantes de la biografía de sus gobernantes justo cuando estos están ejerciendo como tales, y no antes.

Yo fui una de las que se les desencajó la mandíbula, de quedarse con la boca abierta, cuando viendo por televisión el funeral de Beauchamp Javier, apareció un casi lloroso Hipólito Mejía diciendo que éste había sido su socio "por 30 años, en la importación de semillas".

Desde luego que yo no pretendo inmiscuirme con el derecho de don Hipólito, ni de cualquiera, de asociarse con quien le dé la gana, pero también los votantes y el país tenían derecho a conocer, cuando Hipólito era candidato, esa muy curiosa faceta de socio comercial del general balaguerista, lo que habría salido a flote, junto a todo lo demás que era pertinente conocer, con un poco de diligencia por parte de los medios.

Algo parecido puede decirse del sórdido caso de Pepe Goico. El Presidente podrá tener razones -sólo conocidas por él- para nombrar como jefe de seguridad a una persona con, por lo menos, una acusación de estafa entre sus antecedentes. Lo que no hay forma de explicar es que la prensa no reaccionara con un nombramiento tan llamativo, y más, considerando que ni la discreción, ni el comedimiento, han sido nunca características del hasta hace poco muy aparatoso señor Goico.

Por los mismos rumbos podría ir alguna observación sobre el nombramiento del embajador en Francia. A pesar de que se trata de un cargo público y que el designado en el mismo debía estar sujeto a que cualquier ciudadano o ciudadana dominicana lo cuestione, (y hay quienes consideran ese nombramiento inadmisible y atropellante), los medios de comunicación no han abordado el tema directa y seriamente. No perciben la significación simbólica del caso, ni les importa. Y le temen a los inconvenientes.

Pero no temen dejar de cumplir con esa cuota de profilasis social, pequeñísima, pero fundamental, que, finalmente, es lo único que justifica la existencia de un medio de comunicación y que da crédito a aquella declaración de García Marquez en el sentido de que "el periodismo es el mejor oficio del mundo". Sería del todo excesivo y de ningún provecho social, caer en ridiculeses como las de examinar públicamente los amores de Bill Clinton con Mónica Lewinsky, una relación privada entre dos personas adultas que participaban voluntariamente en ella. La investigación y el escándalo habrían estado plenamente justificados, sin embargo, si Clinton hubiera pretendido nombrar a Mónica Lewinsky, digamos, presidenta de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, es decir, si hubiese pretendido pagar por sus gratificaciones sexuales con el otorgamiento de un cargo público.

Es de temer que en la República Dominicana alguna vez ocurra exactamente algo como ésto último y la prensa no encuentre la manera de denunciarlo, entre otras razones, porque todavía parece exótica la idea de que todo lo que se costea con el erario es de interés colectivo y debe ser conocido por el país que es el dueño de ese erario.

La ciudadanía dominicana tiene todo el derecho a saber detalladamente, por ejemplo, cómo adquirió Leonel Fernández el apartamento en el que vive en el condominio "Diandy". Si lo compró. O si fue uno entre múltiples regalos, en cuyo caso debe explicar si ya acabó de dar las gracias y con qué procedimiento. De igual forma, la prensa no debía hacer ninguna cobertura de las actividades proselitistas de Leonel, sin referirse al asunto del PEME, hasta que todo lo relacionado con ésto quede debidamente aclarado. Cada vez que se reseñe una actividad de Ramón Pérez Martínez -Macorís-, debe incluirse que el 27 de julio de 1971 ese señor declaró públicamente que él era el dirigente principal de La Banda Colorá, porque ese detalle es un hito fundamental de su vida pública y habría permitido que el que quisiera entender, entendiera a qué se refería su promesa de "Yo arreglo ésto", durante la pasada campaña electoral. El objetivo es impecable: informar minuciosa, objetiva y eficientemente y hacer que los protagonistas de las noticias anden con sus contextos y sus circunstancias a cuestas, especialmente cuando se trata de candidatos a cargos electivos que tienen fardos de desfalcos al erario y de asesinatos.

Una de las expropiaciones que Trujillo y Balaguer le hicieron no sólo al periodismo, sino al país, fue la de la capacidad de indignarse. Y ya ha pasado suficiente tiempo para resarcirse. Está bueno de tanta impunidad. Está bueno de que algunos puedan hacer cualquier cosa, sin tener que pagar por nada. Este es el momento de no permitirle a la justicia más oprobios y de exigirle que limpie el escupitajo de la página en blanco de Balaguer, lanzado con desprecio sobre la conciencia del país dormido. Es una responsabilidad ineludible para los medios asumir esa y otras causas, tener banderas que funcionen como las hojas de un baño de purificación.

El país tiene medios de comunicación con una larga e inapreciable tradición de dignidad y vida democrática como El Nacional y Hoy, y una prensa emergente con experiencias tan valiosas como las del clausurado periódico El Siglo, cuando lo dirigió Bienvenido Alvarez y con excelencias como Rumbo, Diario Libre, El Caribe y otros, que aportan a ese acto, necesario, saludable, liberador, del desamordazamiento.


17 de noviembre 2002