El Cuestionamiento es otro
Rafael Toribio - 10 de octubre 2002   

La nueva Junta Central Electoral nace fuertemente cuestionada en su legitimidad, imparcialidad y credibilidad por la forma en que fue seleccionada. Además de tener estos serios inconvenientes para el desempeño adecuado de sus delicadas funciones, su designación ya ha provocado el enfrentamiento entre el gobierno y la oposición, hasta el punto de lograr el distanciamiento con el PRSC, hasta ahora su virtual aliado, así como el acercamiento entre los dos partidos opositores mayoritarios, antes distantes y ahora próximos a ser aliados estratégicos. Esta situación de enfrentamiento entre gobierno y oposición se produce cuando circunstancias  internas están creando dificultades económicas y sociales que pudieran agravarse mas aún por probables acontecimientos internacionales, y cuando una última encuesta indica que el partido en el gobierno no cuenta ya con la mayoría de las preferencias en el electorado. 

Frente a las críticas recibidas desde distintos sectores, los defensores de la decisión de los senadores del PRD y de la actual composición del máximo tribunal electoral, han recurrido a una vieja táctica dialéctica, no por muy utilizada exenta de una gran falacia: defender lo que no se ha atacado, tratando de lograr desviar la atención de los argumentos centrales en contra, así como intentar que prevalezcan las argumentaciones a favor de lo que nunca se ha atacado. Insisten en que la representación otorgada en las urnas a los senadores del PRD, con una mayoría absoluta, les faculta a tomar la decisión que tomaron. Defienden que es al senado a quién constitucionalmente le corresponde nombrar a los jueces de la Junta Central Electoral, por lo que actuó haciendo uso de esa prerrogativa que reviste de toda la legalidad necesaria a esa decisión. Proclaman la honorabilidad y la capacidad de los designados. Sin embargo, no es eso lo que se ha cuestionado. 

Las organizaciones y personas que desde la sociedad civil han criticado la decisión adaptada en el senado, en ningún momento han cuestionado la facultad privativa de esta cámara de nombrar los jueces de la Junta Central Electoral. Tampoco la legalidad de la decisión, ni la honorabilidad y capacidad de las personas designadas. Lo que ha cuestionado, desde distintos sectores, es si en un a democracia que, además de ser representativa quiere ser también mas participativa, el órgano que tiene asignada la facultad de elegir a los jueves del tribunal electoral, deben hacerlo sin escuchar y atender a la ciudadanía y a los partidos que reclamaban la búsqueda del consenso para que, junto a la legalidad, tuviera también la legitimidad necesaria. Se ha cuestionado así mismo si se contribuye al fortalecimiento de la democracia imponiendo unos jueces electorales que son rechazados por los actores principales del proceso electoral, y si es sensato el enfrentamiento con las demás fuerzas políticas cuando la situación nacional está exigiendo un clima de concertación, no de confrontación. Y se cuestiona, finalmente, porqué los estrategas políticos del PRD prefirieron la imposición a la concertación, cuando su amplia mayoría en el senado aseguraba que, abiertos a la consulta y a la concertación, ninguna persona considerada desafecta al PRD, o al gobierno, podría formar parte de la Junta Central Electoral.
 

10 de octubre 2002