El enfrentamiento daña al gobierno y acerca al PLD y el PRSC
Juan Bolívar Díaz - 03 de octubre 2002


Los reformistas colaboracionistas se sienten engañados y el PRD muestra sus propias divergencias internas

         Algunos analistas políticos han tenido dificultades para encontrar explicación a la inflexibilidad con que el perredeísmo en el gobierno afrontó la elección de los jueces electorales sin hacer la menor concesión para evitar el clima de enfrentamiento político que muchos habían previsto y advertido.

         El error táctico parece fundamental porque acerca a los dos partidos mayores de la oposición, en una materia tan delicada como la electoral, y mientras más tiempo pase sin algún nivel de transacción,  más posibilidades de que entre sus dirigentes y militantes se produzcan identificaciones defensivas que repercutan en la segunda vuelta de los comicios presidenciales del 2004.  

         La imposición mecánica de la absoluta mayoría en el Senado dejó otras secuelas, ya que los reformistas que habían pactado algunos acuerdos para la elección de los  jueces electorales, se han sentido engañados, mientras el partido de gobierno muestra sus divergencias y contradicciones internas.

Hostilidades al máximo

            La elección de los nuevos jueces de la Junta Central Electoral (JCE) por la mayoría senatorial gubernamental, desató esta semana un enfrentamiento político que llevó a los dos mayores partidos de oposición a considerar acciones conjuntas para contener al partido de gobierno.

         Para nada ha sorprendido la actitud radical del Partido de la Liberación Dominicana, (PLD) que se había comprometido a una resistencia total de lo que consideran una imposición de jueces parciales. Pero sí la fuerza con que ha reaccionado la mayoría de los dirigentes y los voceros legislativos del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC).

         Al mediar la semana, el miércoles 2 de octubre, los bloques legislativos de los dos partidos de oposición habían decidido un retiro del Congreso, por tiempo aún indefinido, en lo que sería el más fuerte enfrentamiento político en lo que va del período constitucional del presidente Hipólito Mejía.

         El mismo mandatario le echó combustible al fuego cuando le preguntaron en Nueva York si estaba dispuesto a convertirse en un “ente de moderación” para buscar una solución a la crisis política. Tras negar enfáticamente que hubiese ninguna crisis, y en vez de aceptar el reto a la moderación, el presidente retó a los legisladores de oposición cuando dijo que el anunciado retiro no era más que “allante y aguaje”.

         El habilidoso mandatario, olvidó su astucia política y se echó el pleito sobre sus hombros, pudiendo dejárselo a los senadores, al extremo de advertir a los legisladores de oposición que no recibirán pago de dietas y viáticos mientras no asistan a las sesiones legislativas. A lo largo de la controversia, Mejía había sostenido que no se metería en esa facultad del Senado.

         La reacción presidencial “causó indignación” al decir de voceros de la oposición e incentivó las posiciones radicales que ya se habían manifestado en los dos partidos. Rechazado también porque el Poder Ejecutivo no es quien paga a los legisladores, ya que el Poder Legislativo  tiene autonomía en la ejecución de su presupuesto. Por demás, es normal que las dietas sólo se paguen a los que asisten a las sesiones.

Radicalización en el PRSC

            La actuación unilateral de la mayoría senatorial ha contribuido a la radicalización de muchos dirigentes reformistas, encabezados por los que tienen más expectativas de asumir el liderazgo y la candidatura presidencial del partido, como Carlos Morales Troncoso, Jacinto Peynado, Johnny Jones, José Hazim y otros.

         Al mismo tiempo deja mal parados a los que han sido señalados como más proclives a la negociación con el gobierno, encabezados por el presidente del partido, Rafael Bello Andino.

         Fuentes reformistas coinciden en que “Bello Andino fue engañado por altos dirigentes perredeístas y del gobierno”. La versión más generalizada es que, promovido por Rafael Peralta Pérez, el presidente colorado recomendó a la hija de aquel, Rafaelina Peralta y a Nelson Pantaleón González para titular y suplente de la JCE “bajo el entendido de que sería relevado el presidente, doctor Ramón Morel Cerda”

         Se dio a entender que Morel sería sustituido por una personalidad de la sociedad civil, versión que coincide con la oferta que en algún momento se hizo al director ejecutivo de la Fundación Institucionalidad y Justicia, Carlos Salcedo. Pero luego un sector de los senadores perredeistas, supuestamente incentivado por dirigentes del PPH, dieron marcha atrás y ratificaron a Morel Cerda.

         La situación ha reducido el espacio de Bello Andino y otros dirigentes reformistas, que como Federico Antún han estado más proclives  al entendimiento con el gobierno. Al mismo tiempo sale fortalecida la corriente, aparentemente mayoritaria, que busca establecer distancias con el perredeismo y su gobierno, convencidos de que se acaba el tiempo para tratar de convertirse en alternativa con miras a las próximas elecciones presidenciales dentro de 19 meses.

         En lo inmediato, los reformistas aparecen junto al PLD en un rechazo absoluto a la Junta Central Electoral, que al decir de algunos de ellos no podrá ser neutralizado por ahora, sin el riesgo de que algunos colaboracionistas pierdan su base de sustento partidario.

Se prevé largo conflicto

            El retiro de los legisladores de oposición fue ratificado por los organismos directivos de los dos partidos, que tienen ahora la tarea de definir el curso a seguir, conscientes de que siempre es difícil doblar el brazo a los gobiernos. En todos los círculos políticos se asume el conflicto como dirigido por altas instancias del gobierno, más que de su partido. 

         En la reunión de la Comisión Ejecutiva del PRSC que el miércoles ratificó el retiro de sus legisladores se habló un lenguaje desusadamente fuerte. Ya el día anterior en un comunicado el organismo había planteado que el partido “no puede cegarse ni rendirse ante tan infausta decisión”, pidiendo la renuncia de los jueces electorales y anunciando que entrarían en contacto con otros sectores políticos y sociales para promover soluciones.         Mientras una comisión pedía la mediación del rector de la Universidad Católica Madre y Maestra, Monseñor Agripino Núñez,  otras hacían contactos con la dirección del PLD y con instituciones de la sociedad civil. Lo mismo empezaron a hacer comisionados del PLD.

            Para algunos opositores está claro que necesitan “dar pasos efectistas, que impacten en la opinión pública y pongan presión a un gobierno que se está mostrando excesivamente prepotente”. Al argumento de que el tiempo corre en beneficio de la permanencia de la actual JCE, un dirigente político advirtió que “el tiempo corre también en camino a un frente amplio de oposición”.

         Por el momento no se ve claro qué otra presión poner al gobierno, que no sean palos de ciego, como la propuesta del senador peledeísta José Tomás Pérez de llevar el caso a la Suprema Corte bajo el supuesto de que con la elección de la JCE el Senado violó el artículo 22 de la ley electoral.

         Ese artículo se refiere a la designación de las juntas electorales municipales,  -por la propia JCE- más precisamente de “los miembros y secretarios de las juntas electorales y sus respectivos suplentes”, indicando que no deberían estar afiliados a ningún partido. Aunque “si esto no fuere posible”, permite que sean designados de dos o más partidos.

Carece de fundamento que se le pueda aplicar al Senado, y si fuera posible, el primer desafío sería cómo demostrar ante una Suprema Corte que esos jueces electorales están afiliados a un solo partido. En caso de que pudieran lograrlo sería a dos y la decisión estaría amparada en la ley.

¿Auto encerrona gubernamental?

         Los opositores no tienen un camino claramente definido, y a lo mejor en algunas semanas tendrán que volver al Congreso, pero mientras tanto ya lograron que hasta el nuncio papal Timothy Broglio se sumara al cuestionamiento de la elección de la JCE, causa que va a encontrar terreno fértil en la mayoría de las instituciones sociales, que no han olvidado las manipulaciones electorales que predominaron hasta 1994.

         La generalizada convicción de que el presidente Mejía terminará aceptando la repostulación –muchos juran que hace tiempo trabaja para ello- determina una mayor preocupación por una junta electoral que pueda resistir las presiones y abusos del poder que han regido todas las reelecciones en la historia nacional y latinoamericana.

         Esa misma circunstancia es lo que endurece la posición PLD-PRSC y está llamada a incentivar su acercamiento de cara a los comicios presidenciales a celebrarse en 19 meses. Así las cosas mientras más tiempo pase sin un acuerdo sobre el arbitraje electoral, peor podría resultar  para el PRD y su gobierno.

         La inflexibilidad podría terminar en una auto-encerrona por parte de los estrategas gubernamentales. Nadie entiende por qué no cumplieron siquiera con los reformistas para dividir la oposición e impedir un acercamiento entre los dos partidos que ya en 1996 le cerraron el paso al PRD.

         A menos que los humos del poder estén llevando a algunos a creer que podrán ganarle a un frente electoral de esos partidos, que en las perspectivas económicas nacionales e internacionales tendría demasiado campo para expandirse a costa del gobierno. Y las encuestas han comenzado a mostrar que el PRD podría quedarse bien lejos de la mitad más uno de los votos.

         La perspectiva luce negativa para el perredeismo en el poder y la jugada del Senado ha servido para exponer de nuevo las propias miserias del partido blanco, incapaz de renovar su dirección por métodos democráticos, y cada vez más propicio a los asaltos del grupo que hegemoniza el poder.

         Esta vez al PRD le hace más falta que nunca un Peña Gómez. Sólo él tenía habilidad para contener los desbordamientos de ambiciones, aunque durante los 8 años que gobernaron eso resultó imposible. Sus más preclaros pensadores políticos guardan un ominoso prudente silencio.       

         Al PRD se le ve transitando el mismo camino de los años 1978-86 y cada vez son más los que creen que deberá pagar las consecuencias de excluir a los de afuera y dividirse dentro. Han resultado tan “comesolos” que hasta liquidaron el frente electoral que durante cinco comicios sostuvieron con siete partidos minoritarios.-    

03 de octubre 2002