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Dos
caminos y un objetivo Leonel Fernández tiene un
discurso atractivo y un arraigo popular que va más allá de la que tiene
su Partido de la Liberación Dominicana. En las últimas semanas inició
contactos políticos con diferentes sectores económicos regionales y ha
realizado encuentros y visitas a sectores populares con la intención de
reforzar su papel como nuevo líder del PLD y como aspirante a la nominación
presidencial por esa organización. Como escribió esta semana
Juan José Ayuso, Fernández ha conservado los rituales del poder que tuvo
como Presidente de la República, y en los primeros dos años del gobierno
de Hipólito Mejía ha sido tan o más difícil acceder a él que cuando
tenía sobre sus hombros la conducción del país. Por lo que ha dicho su
aparato de comunicación, que cada semana distribuye informaciones e imágenes
de sus desplazamientos, Leonel Fernández ya ha apretado muchas manos y
dado muchas palmadas de espaldas. También ha dado muchos besos y se ha
sentado en lugares pobres e inhóspitos, tras la recuperación del
consentimiento político para retornar al poder. Esos movimientos son muy
positivos y le permiten al político tener una idea más realista de la
pobreza en que sigue sumida la sociedad dominicana, pese a la dilapidación
y el despilfarro de cientos de millones de pesos –miles de millones decía
él antes de ser presidente de la República- como resultado de la falta
de rigor de los mecanismos de persecución y sanción de la corrupción.
En este y en los anteriores gobiernos, incluyendo el del propio presidente
del PLD. Fernández perfiló, proyectó
y consiguió afianzar en la conciencia pública una imagen política
positiva, de hombre inteligente, sabio, informado, influenciado por la
sapiencia y habilidad de los dos sabuesos de la política y el poder: Juan
Bosch y Joaquín Balaguer. La popularidad actual de
Leonel Fernández sobrepasa con creces a la de sus compañeros de partido.
Se puede argumentar que le aventaja el hecho de haber sido presidente de
la República. También sobrepasa en simpatías a su propio partido. En este caso no se trata de
que los partidos tradicionales estén en crisis, como ha ocurrido en
Venezuela, Perú y Guatemala, entre otros, lo que explica el surgimiento
de liderazgos independientes, espontáneos y sin base en la estructura política
partidaria. Los partidos dominicanos tienen poca credibilidad según la
Encuesta de Cultura Política del 2001, porque están en la escala más
baja con un 6% entre las instituciones políticas, pero en el momento de
tomar la decisión de apoyar las candidaturas que se presentan, los
votantes dominicanos prefieren siempre las banderas conocidas como
tradicionales (PRD, PRSC y PLD) en un 57%. Con Leonel Fernández, además,
hay un encantamiento de la clase media por antagonismo a Hipólito Mejía.
Los sectores medios de la sociedad dominicana rechazan abiertamente las
formas en que actúa y se expresa Hipólito Mejía. Los sectores populares
no toman mucho en cuenta ese detalle, pero al momento de tomar decisiones
sienten más empatía por las formas de Mejía que por las educadas y
formales maneras de Leonel Fernández. Por eso no veo forma de
evitar en enfrentamiento electoral entre Hipólito Mejía y Leonel Fernández
para las elecciones del 2004. Ambos políticos desean ese enfrentamiento,
y Fernández se prepara desde ahora para resolver las disputas internas en
el PLD. Es seguro que será su candidato. Mejía tampoco se duerme y ya
tiene en sus manos el permiso constitucional para la reelección
presidencial. Le queda por solucionar el conflicto interno en el PRD, que
con la fuerza que tiene el PPH y el ejercicio mismo del poder será poco
significativa. Las encuestas que se han
publicado, caso Hamilton-Hoy, refleja abiertamente el pugilato político
Leonel-Mejía, y las que están pendientes de darse a conocer, como la
Penn & Schoen-El Caribe, podría confirmarlo nuevamente.
07
de septiembre 2002 |