Dos caminos y un objetivo
Fausto Rosario - 07 de septiembre 2002   

Leonel Fernández tiene un discurso atractivo y un arraigo popular que va más allá de la que tiene su Partido de la Liberación Dominicana. En las últimas semanas inició contactos políticos con diferentes sectores económicos regionales y ha realizado encuentros y visitas a sectores populares con la intención de reforzar su papel como nuevo líder del PLD y como aspirante a la nominación presidencial por esa organización.

Como escribió esta semana Juan José Ayuso, Fernández ha conservado los rituales del poder que tuvo como Presidente de la República, y en los primeros dos años del gobierno de Hipólito Mejía ha sido tan o más difícil acceder a él que cuando tenía sobre sus hombros la conducción del país.

Por lo que ha dicho su aparato de comunicación, que cada semana distribuye informaciones e imágenes de sus desplazamientos, Leonel Fernández ya ha apretado muchas manos y dado muchas palmadas de espaldas. También ha dado muchos besos y se ha sentado en lugares pobres e inhóspitos, tras la recuperación del consentimiento político para retornar al poder.

Esos movimientos son muy positivos y le permiten al político tener una idea más realista de la pobreza en que sigue sumida la sociedad dominicana, pese a la dilapidación y el despilfarro de cientos de millones de pesos –miles de millones decía él antes de ser presidente de la República- como resultado de la falta de rigor de los mecanismos de persecución y sanción de la corrupción. En este y en los anteriores gobiernos, incluyendo el del propio presidente del PLD.

Fernández perfiló, proyectó y consiguió afianzar en la conciencia pública una imagen política positiva, de hombre inteligente, sabio, informado, influenciado por la sapiencia y habilidad de los dos sabuesos de la política y el poder: Juan Bosch y Joaquín Balaguer.

La popularidad actual de Leonel Fernández sobrepasa con creces a la de sus compañeros de partido. Se puede argumentar que le aventaja el hecho de haber sido presidente de la República. También sobrepasa en simpatías a su propio partido.

En este caso no se trata de que los partidos tradicionales estén en crisis, como ha ocurrido en Venezuela, Perú y Guatemala, entre otros, lo que explica el surgimiento de liderazgos independientes, espontáneos y sin base en la estructura política partidaria. Los partidos dominicanos tienen poca credibilidad según la Encuesta de Cultura Política del 2001, porque están en la escala más baja con un 6% entre las instituciones políticas, pero en el momento de tomar la decisión de apoyar las candidaturas que se presentan, los votantes dominicanos prefieren siempre las banderas conocidas como tradicionales (PRD, PRSC y PLD) en un 57%.

Con Leonel Fernández, además, hay un encantamiento de la clase media por antagonismo a Hipólito Mejía. Los sectores medios de la sociedad dominicana rechazan abiertamente las formas en que actúa y se expresa Hipólito Mejía. Los sectores populares no toman mucho en cuenta ese detalle, pero al momento de tomar decisiones sienten más empatía por las formas de Mejía que por las educadas y formales maneras de Leonel Fernández.

Por eso no veo forma de evitar en enfrentamiento electoral entre Hipólito Mejía y Leonel Fernández para las elecciones del 2004. Ambos políticos desean ese enfrentamiento, y Fernández se prepara desde ahora para resolver las disputas internas en el PLD. Es seguro que será su candidato. Mejía tampoco se duerme y ya tiene en sus manos el permiso constitucional para la reelección presidencial. Le queda por solucionar el conflicto interno en el PRD, que con la fuerza que tiene el PPH y el ejercicio mismo del poder será poco significativa.

Las encuestas que se han publicado, caso Hamilton-Hoy, refleja abiertamente el pugilato político Leonel-Mejía, y las que están pendientes de darse a conocer, como la Penn & Schoen-El Caribe, podría confirmarlo nuevamente.

 

07 de septiembre 2002