Risas y tolerancia
Ramón Tejada Holguín - 02 de septiembre 2002

La risa es una magnifica terapia. Pero no cuando se trata de risa provocada por los boches e insultos que se le obsequia a un semejante. Esa risa puede tener consecuencias nefastas para todo un país, máxime cuando la alta gerencia es quien la estimula. Hay quienes se alegran de los boches ajenos porque creen estar libres de ellos. Sin embargo, en la actualidad nadie está exento de un boche. Parecería que el celebrar las jaranas obnubilan el entendimiento de parte de la prensa y no se observan las consecuencias que la intolerancia individual de la alta gerencia puede tener para la nación.
Entiéndanme, no digo que aquí haya indicadores fuertes de que estamos ante un régimen intolerante. En apariencias la prensa dice lo que desea decir y los opositores se oponen como quieren oponerse, mientras que la alta gerencia no acepta crítica de nadie y responde como desea responder. Hasta el momento, la situación remite a que la alta gerencia entiende que toda crítica que se le hace es un intento de mangonearle, como si la crítica cuestionase su autoridad. Lo que creo es que la intolerancia verbal de la alta gerencia puede ser vista como un obstáculo para la necesaria y urgente creación de confianza entre gobernados y gobernantes.
Se dice que las personas intolerantes sólo tienen un oído, el que escucha las alabanzas y las adulonerías. Por eso la intolerancia, como práctica y actitud individual, obstaculiza el proceso de aprendizaje, y la búsqueda de acuerdo entre los seres humanos. Dice Walzer que tolerar y ser tolerado “es la tarea de ciudadanos democráticos”. La tolerancia como actitud individual de los gobernantes abre las puestas al buen gobierno a las posibilidades de acuerdos, a la comprensión de los planteamientos del otro, a la gobernabilidad, a una mejor toma de decisiones, y ayuda a buscar la mejor forma de enfrentar la crisis económica que se avecina.
Con un verbo encendido la alta gerencia puede estimular actitudes intolerantes de sus subalternos que podrían afectar a la democracia dominicana.

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02 de septiembre 2002