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Relanzar
el Gobierno El
discurso del presidente Hipólito Mejía abordó prioritariamente los
temas económicos, porque en ellos se concentra la preocupación de los
grupos productivos y porque el comportamiento de la economía urge de
acciones para la reducción del gasto corriente del Gobierno y el
incentivo del ahorro interno. El
discurso del presidente más que soluciones, compartió preocupaciones. Se
trata de un llamado al país, a los grupos privados y oficinas públicas,
a la racionalidad en los gastos. El mandatario dijo que pondría el
ejemplo al trazarse como meta recortar los gastos corrientes en 1,600
millones de pesos en los próximos 6 meses, y al ordenar la paralización
de 16 préstamos aprobados por 1,045 millones de dólares. La
población, sin embargo, esperaba otras medidas. El discurso fue
ambientado como algo de mucha trascendencia pública. El Palacio Nacional
invitó a representantes de la Suprema Corte de Justicia, la Junta Central
Electoral, el Congreso Nacional, la Iglesia Católica, entre otros, lo que
provocó la impresión de que algo de mucha relevancia se tenía preparado
el Gobierno. La
gente esperaba el anuncio de la solución de la crisis energética o
alguna medida especial en relación a ese tema. Luego del proceso
electoral hemos tenido tres meses de apagones e incertidumbre en ese ámbito,
y las negociaciones como los productores independientes al parecer habían
concluido. Además, todo el mundo sabe que el éxito de este Gobierno
dependerá de la solución que de al tema de la energía. Es
una lástima que el Presidente no haya tenido ningún anuncio sobre la
crisis de la energía. Eso quiere decir que no hay solución a la vista, y
que los sectores más afectados por los apagones deberán acomodarse al
ritmo del oficialismo. Hipólito Mejía dijo que en las próximas semanas
abordará ese tema, pero que lamentablemente el Gobierno aún no tenía
soluciones que ofrecer. Las
encuestas que se han publicado esta semana, y el hecho mismo de que Mejía
haya decidido pronunciar un discurso sin estar comprometido
protocolarmente a ello, evidencia el reconocimiento del mandatario sobre
la grave crisis de credibilidad que tiene su Gobierno y la conciencia política
de que se ha entrado en una pendiente resbalizadiza que podría terminar
la relativa tranquilidad social de que hemos disfrutado en los dos años
de esta administración. Ni
siquiera en los planes de políticas sociales fue acertado el discurso del
mandatario, porque sus anuncios no fueron nuevos, y porque las medidas que
se han adicionado no significan un relanzamiento de las políticas
sociales. Algo interesante reconocido en el discurso es que no ha habido
coherencia y que la misma será necesaria en la segunda etapa
gubernamental. La
reiteración oficial del paquete fiscal es un tema de mucha preocupación,
especialmente por la oposición que ha hecho el conjunto del sector
empresarial, y porque el mismo discurso presidencial tuvo un componente
acusatorio a ese grupo que a la larga podría perjudicar la estabilidad
macroeconómica que desea Hipólito Mejía, quien definió a su Gobierno
como un facilitador. El
segundo aniversario del Gobierno era una oportunidad para relanzar, en un
marco de entendimiento y flexibilidad, las acciones oficiales de reducción
de pobreza, creación de empleos y políticas públicas de reducción del
gasto corriente. Es lamentable, pero el discurso del jueves no facilita
ese proceso. El
otro elemento que perjudica el discurso presidencial es que Hipólito Mejía
se expone diariamente a los medios respondiendo todas las preguntas y
opinando sobre todos los temas. En el momento de pronunciar un discurso,
como ahora, queda la impresión de que sus palabras son más de lo mismo.
Así quedó dicho por muchas de las personas de la calle que respondieron
preguntas de reporteros reaccionando a lo dicho por el Presidente. El
Gobierno está casi en la obligación de renovarse. La encuesta de
Hamilton lo dice muy claramente. Mejía, sin embargo, ha dicho que tiene y
quiere a sus “dinosaurios” en las posiciones de relevancia,
especialmente en las que tocan políticas sociales de trascendencia
extraordinaria como salud y alimentación, y en áreas sensibles para la
imagen pública, como la del endeudamiento externo. 16
de agosto 2002 |