Relanzar el Gobierno
Fausto Rosario - 16 de agosto 2002
 

El discurso del presidente Hipólito Mejía abordó prioritariamente los temas económicos, porque en ellos se concentra la preocupación de los grupos productivos y porque el comportamiento de la economía urge de acciones para la reducción del gasto corriente del Gobierno y el incentivo del ahorro interno.

El discurso del presidente más que soluciones, compartió preocupaciones. Se trata de un llamado al país, a los grupos privados y oficinas públicas, a la racionalidad en los gastos. El mandatario dijo que pondría el ejemplo al trazarse como meta recortar los gastos corrientes en 1,600 millones de pesos en los próximos 6 meses, y al ordenar la paralización de 16 préstamos aprobados por 1,045 millones de dólares.

La población, sin embargo, esperaba otras medidas. El discurso fue ambientado como algo de mucha trascendencia pública. El Palacio Nacional invitó a representantes de la Suprema Corte de Justicia, la Junta Central Electoral, el Congreso Nacional, la Iglesia Católica, entre otros, lo que provocó la impresión de que algo de mucha relevancia se tenía preparado el Gobierno.

La gente esperaba el anuncio de la solución de la crisis energética o alguna medida especial en relación a ese tema. Luego del proceso electoral hemos tenido tres meses de apagones e incertidumbre en ese ámbito, y las negociaciones como los productores independientes al parecer habían concluido. Además, todo el mundo sabe que el éxito de este Gobierno dependerá de la solución que de al tema de la energía.

Es una lástima que el Presidente no haya tenido ningún anuncio sobre la crisis de la energía. Eso quiere decir que no hay solución a la vista, y que los sectores más afectados por los apagones deberán acomodarse al ritmo del oficialismo. Hipólito Mejía dijo que en las próximas semanas abordará ese tema, pero que lamentablemente el Gobierno aún no tenía soluciones que ofrecer.

Las encuestas que se han publicado esta semana, y el hecho mismo de que Mejía haya decidido pronunciar un discurso sin estar comprometido protocolarmente a ello, evidencia el reconocimiento del mandatario sobre la grave crisis de credibilidad que tiene su Gobierno y la conciencia política de que se ha entrado en una pendiente resbalizadiza que podría terminar la relativa tranquilidad social de que hemos disfrutado en los dos años de esta administración.

Ni siquiera en los planes de políticas sociales fue acertado el discurso del mandatario, porque sus anuncios no fueron nuevos, y porque las medidas que se han adicionado no significan un relanzamiento de las políticas sociales. Algo interesante reconocido en el discurso es que no ha habido coherencia y que la misma será necesaria en la segunda etapa gubernamental.

La reiteración oficial del paquete fiscal es un tema de mucha preocupación, especialmente por la oposición que ha hecho el conjunto del sector empresarial, y porque el mismo discurso presidencial tuvo un componente acusatorio a ese grupo que a la larga podría perjudicar la estabilidad macroeconómica que desea Hipólito Mejía, quien definió a su Gobierno como un facilitador.

El segundo aniversario del Gobierno era una oportunidad para relanzar, en un marco de entendimiento y flexibilidad, las acciones oficiales de reducción de pobreza, creación de empleos y políticas públicas de reducción del gasto corriente. Es lamentable, pero el discurso del jueves no facilita ese proceso.

El otro elemento que perjudica el discurso presidencial es que Hipólito Mejía se expone diariamente a los medios respondiendo todas las preguntas y opinando sobre todos los temas. En el momento de pronunciar un discurso, como ahora, queda la impresión de que sus palabras son más de lo mismo. Así quedó dicho por muchas de las personas de la calle que respondieron preguntas de reporteros reaccionando a lo dicho por el Presidente.

El Gobierno está casi en la obligación de renovarse. La encuesta de Hamilton lo dice muy claramente. Mejía, sin embargo, ha dicho que tiene y quiere a sus “dinosaurios” en las posiciones de relevancia, especialmente en las que tocan políticas sociales de trascendencia extraordinaria como salud y alimentación, y en áreas sensibles para la imagen pública, como la del endeudamiento externo.

16 de agosto 2002