Juego  electoral
Ramón Tejada Holguín - 12 de agosto 2002

Imaginemos un juego llamado “Compitiendo por representar”. En él participan varios jugadores que rivalizan por el favor del público. Todos deben tener la misma oportunidad de elegir o ser elegido, por lo que debe tener reglas que sean iguales para todos. Juego complejo de reglas precisas para evitar que los competidores se engañen entre sí o estafen al público. El premio consiste en la administración del estadio que es, al mismo tiempo, el escenario del juego. El público decide quien gana entrando en una cajita los nombres de los jugadores que quiere que sean los ganadores. 

A nadie se le puede ocurrir que uno de los competidores sea quien organice el juego, porque el otro va a decir “ay ñe-ñe me estás haciendo trampa” y no habrá juego sino lío. Por eso para que el juego funcione bien se deben nombrar jueces. Siempre es bueno nombrar más de un juez para que exista más de un punto de vista cuando se estudie una cuestión cualquiera. Es claro que los jueces deben organizarse entre sí de manera democrática. La función de los jueces es crear las condiciones para que los jugadores puedan tratar de convencer al público en igualdad de condiciones. 

Si uno o más de los competidores impugna al juez; o le hace la vida imposible, o hay evidencias de que el juez está parcializado, el juego no podrá llevarse a cabo, los jugadores comenzarán a vociferarse entre sí, el público abucheará a más no poder, no se tendrá claro a quién se abuchea y en el estadio habrá una confusión tan grande que los vendedores no tendrán a quien venderle. 

Los vecinos del estadio comenzarán a protestar y a exigir que se detenga ese estruendoso ruido. Nadie saldrá ganancioso, ni siquiera aquel que ganó el juego anterior, el estadio será un caos de tal proporción que no habrá beneficios en administrarlo.  Es por eso que la elección de la JCE no debe hacerse como si fuera un juego. Hay que sopesar a todos y cada uno de los miembros de la JCE para que todos y cada uno de los partidos pueda confiar, creer y respetar a los jueces electorales, esa es la democracia.

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12 de agosto 2002