La Sociedad Civil los socializa y la política los junta

Ramón Tejada Holguín/EL SIGLO


Al final de la semana pasada se supo que en el seno de una subcomisión de la Comisión Especial nombrada por el presidente para que estudie la propuesta de la Comisión Nacional de Reforma del Estado (CONARE) sobre la reforma constitucional se estaba proponiendo que la Constitución sea modificada a través de una Asamblea Constituyente, y que en las listas de candidatos a modificar la constitución se establezcan cuotas, de manera que el 50 por ciento de los candidatos a constituyente pertenezcan a la sociedad civil, y el restante 50 por ciento a los partidos.

Los dirigentes de los partidos, los senadores, y el propio Presidente "pegaron el grito al cielo" y calificaron la propuesta de desmedida, exagerada. Mejía la calificó de estupidez. La cantidad de pronunciamientos sobre el tema evidencia la gran confusión que existe acerca de la idea de sociedad civil como concepto analítico, usado como una forma de diferenciar la esfera específica de lo estatal de la esfera de lo privado, es decir, una esfera en la cual los individuos se socializan, se convierten en personas.

Por otro lado, una parte de la prensa, de los analistas y los comentaristas políticos ven a la sociedad civil como un ente homogéneo que se opone a los partidos, lo cual lleva a gran confusión, ya que no existe el tal grupo organizado. Parecería que hay un uso del concepto de sociedad civil que se refiere a un conglomerado de personas que se opone a los partidos y quiere sustituirlos. Hay que aclarar, no podemos seguir confusos y confundiendo. Sobre todo porque la discusión actual se encamina hacia si es o no importante dar una cuota del pastel a "la sociedad civil", y si se lo dan cuál sería el porcentaje válido. Lo que está en juego es más substancial, es más importante para la sociedad dominicana que la repartición del pastel constituyente.

Una sociedad civil responsable y que conoce y acepta tanto su rol como el de los partidos es tan necesaria como la de una estructura partidaria que entienda que ella debe responder a la sociedad civil y no oponerse.

"REINO DE LA FRAGMENTACIÓN Y LA LUCHA". Hay sectores y personalidades que han querido venderse como los verdaderos representantes de la sociedad civil, como los voceros de los sin voz; y ese es el principal origen de la confusión; hay quienes dicen que es ese algo homogéneo y organizado que regula el sistema político. Pero, no.

Para Michael Walzer, por ejemplo, la sociedad civil "es un espacio de asociación humana sin coerción y el conjunto de tramas y relaciones que llena ese espacio". Dice, además, que "es el reino de la fragmentación y la lucha, pero también de solidaridades concretas y auténticas"

En los ochentas, a Walzer, junto a un grupo de pensadores estadounidenses, les llamaron "teóricos de la sociedad civil, "por la forma en que estos relevaban el papel de las instituciones primarias en la socialización. Decían que las relaciones políticas eran de orden secundaria. El carácter de los individuos, su personalidad, su forma de ser se forjan en las instituciones de la sociedad civil: la familia, la escuela, los clubes, las asociaciones, los movimientos cívicos y las ONG`s.

"Los ciudadanos no pueden aprender la civilidad necesaria para llevar adelante una democracia sana ni en el mercado ni en la política, sino en las organizaciones voluntarias de la sociedad civil (familia, amistad, vecindad, iglesias, cooperativas, asociaciones cívicas o movimientos sociales)", dice Adela Cortina interpretando a Walzer. ("Hasta un pueblo de demonios: Ética pública y sociedad". España, Taurus. 1998. pág. 194)

Nadie, como se ve, puede autoproclamarse como vocero de la sociedad civil, por lo menos no en el concepto de los teóricos del tema. Existen, eso sí, ciertas organizaciones que –se supone- tienen una visión global sobre la forma en que debe organizarse la sociedad, que dicen representar los diversos intereses que se mueven dentro de la sociedad civil: esas organizaciones reciben el nombre de partidos políticos.

Los partidos plantean que tienen una visión de cómo debe organizarse la sociedad, la economía y la política, en una nación determinada; sostienen que promueven ciertos valores, que fortalecerán los lazos sociales, y que combatirán aquellos aspectos que pueden ser vistos como trabas para el desarrollo de la sociedad. Los diversos partidos poseen un sentido del orden social específico y diferente y eso es lo que motoriza la lucha política y el cambio.

Se diría que la sociedad civil se contrapone al Estado, y los partidos -que dicen encarnar el interés universal de la sociedad civil- lo que buscan es llegar al gobierno y sus diversas instancias para desde allí promover los intereses que dicen representar.

Por lo tanto, en cierto sentido los partidos forman parte de la sociedad civil, y en otro son parte de la sociedad política. Muchas organizaciones que no se llaman a sí mismas partidos, en ocasiones, funcionan como tales, ya que quieren hacer esa función de mediación entre la sociedad civil y el Estado. Lo mismo ocurre con algunas personalidades de la sociedad civil, los cuales en realidad son políticos con aspiraciones y funciones típicas de los políticos.

Pero a todos no se les puede meter en el mismo saco. El 29 de junio, viernes, unas 30 organizaciones de la sociedad civil plantearon en espacio pagado en EL SIGLO: "Las dificultades evidenciadas en los últimos días afianzan el criterio de que se debe negociar un amplio consenso en el seno de la Comisión Especial creada por el Poder Ejecutivo y que los partidos son fundamentales para construir ese acuerdo".

¿Y SI LOS PARTIDOS NO HACEN LO QUE DEBEN HACER? Hay quien dirá que los partidos políticos dominicanos no juegan el rol que deben jugar, no representan los intereses de la sociedad civil que dicen representar, no construyen gobiernos según lo que prometen, y para nada promueven la "civilidad", los lazos sociales, la asociatividad de la ciudadanía, por lo que eso de que los partidos son la mediación entre sociedad civil y Estado no se cumple. La verdad es que quienes así piensan pueden encontrar pruebas irrefutables que avalan sus ideas.

La escandalosa corrupción gubernamental, el patrimonialismo, el uso clientelar de las políticas públicas, han ido teniendo efectos perversos en la sociedad dominicana, y hasta el momento ha permitido a los partidos políticos sobrevivir, contar con una base de apoyo en la sociedad civil que es clientelar y patrimonialista también. Sin embargo, el dominio no es absoluto. Y la propia práctica clientelar y excluyente que hoy los legitima, puede contribuir a erosionar sus bases de apoyo vía la escasa participación. Sobre todo cuando se toma en cuenta que el reparto clientelar tiene límites y que los procesos de desregulación económica, la capitalización y la privatización imponen mayores limitaciones ya que le permite disponer de menos bienes para distribuir entre la clientela.

Dice Adela Cortina en el libro citado antes: "La comunidad política es responsable en gran medida de que los ciudadanos valoren la civilidad, porque si se trata de una comunidad injusta, que funciona de forma "caciquil", aunque se diga democrática, dejarán los ciudadanos de participar, y demostrarán con ello muy buen acuerdo, porque la participación sólo tiene sentido cuando es significativa" (pág. 196)

¿Significa que la sociedad civil debe cruzarse de brazos? Evidentemente, no. Los ciudadanos responsables de la sociedad civil deben estimular la participación, la civilidad, ya que "el lugar óptimo para aprender virtudes sociales no es el ámbito político mismo, porque las relaciones políticas son relaciones secundarias, y no primarias, y las personas pueden manipularlas con mayor facilidad que las relaciones primarias" (Cortina, Pág. 194-195), Deben reclamar, exigir que los partidos cumplan el rol que les toca jugar, no deben intentar sustituirlos, deben provocar que hagan su labor con eficiencia y eficacia. Los intentos de sustitución de los partidos llevaron a la sociedad peruana hacia el Fujimorato.

Las organizaciones de la sociedad civil, los movimientos sociales, las asociaciones, etcétera, han de enfocar sus actividades hacia la civilidad, hacia la búsqueda de influir en el aprendizaje de valores sociales que promuevan la democracia, la participación, deben ser ellas mismas democráticas y participativas. Después de todo, son los ciudadanos y ciudadanas quienes se organizan en partidos. Las organizaciones las construimos nosotros mismos a imagen y semejanza de nuestra cultura política. Las virtudes aprendidas en la socialización irán en beneficio de la transformación del partidismo dominicano.

En ese sentido, una constitución es una declaración sobre el tipo de sociedad que queremos, es un pedazo de papel de gran importancia, porque hace explícito el tipo de sociedad que queremos. La importancia de una constitución y su contenido se asemeja a la idea que Hegel tenía del Concepto. Es importante porque es más fácil que la cultura termine amoldándose a los preceptos constitucionales explícitos, que si no existiese ese norte.

EL PROBLEMA NO ES DE CUOTA. El asunto de la reforma constitucional no es un problema de cuota. De hecho si lo pensamos bien tendríamos serios problemas a la hora de las asignaciones de cuotas. La sociedad civil, ya lo dijimos, no es un ente homogéneo.

A la sociedad civil pertenecen los empresarios, organizados o no (hay diversos tipos de empresarios), los trabajadores organizados en sindicatos o no (hay una gran variedad de organizaciones sindicales), los profesionales (innumerables los hay), los hombres, las mujeres, los gays, las lesbianas, las iglesias (católica, episcopal, evangélica, Testigos de Jehová), hay discapacitados y no discapacitados, las amas de casa, las mujeres que trabajan fuera del hogar, los jóvenes de ambos sexos, los estudiantes, en fin, dependiendo del punto de vista en que nos ubiquemos podemos clasificar a la sociedad civil en una multiplicidad de organizaciones y de sectores que de seguro tienen algo que decir y deben ser escuchados en lo que a la reforma constitucional se refiere.

¿Debemos asignarles cuotas a cada uno de ellos? Si están los católicos, el mismo derecho de estar tienen los evangélicos, los episcopales, y otros. Si están los hombres, el mismo derecho de estar tienen las mujeres, los gays, las lesbianas, y así hasta lo infinito.

El problema no es de cuotas, las cuotas, como lo demuestran diversas experiencias en otros países, nada resuelven. El problema es de propiciar formas más idóneas y expeditas de participación de la sociedad civil y los partidos. La misma Comisión, y eso se ha perdido de vista, es una de esas formas de participación.

Por otro lado, en el ámbito electoral y de presentación de candidatos para la constituyente, los partidos tendrán siempre la ventaja de ser las organizaciones que están mejor preparadas y equipadas para hacer esa labor, porque ese es su rol.

Uno de los mandatos de la comisión es la revisión de la propuesta de modificación a la Constitución. La propuesta que de ahí salga será una construcción colectiva, si es que sale alguna propuesta. El ruido provocado por la propuesta de cuotas realizada por organizaciones y personalidades de la sociedad civil, reitera, una vez más, la falta de confianza y el recelo con que se miran los partidos políticos y una parte importante de la sociedad civil organizada. Esto hace más urgente la construcción de formas institucionales de participación de la ciudadanía, de toda la ciudadanía y no de unos cuantos organizados en partidos políticos o en protopartidos autoproclamados "sociedad civil".