Los soberanos bonos y la política social dominicana

Ramón Tejada Holguín / EL SIGLO


Muchos meses antes, frente a la ciudadanía dominicana, los candidatos del PRD sostuvieron, con razón, que el crecimiento económico dominicano era excluyente y que no se traducía en beneficio para los sectores más desposeídos de la nación.

Hoy, frente a los organismos internacionales, economistas neoclásicos asumen el papel de portavoces gubernamentales en el área económica, e intentan convencer a la población de que la política de endeudamiento externo -vía los bonos soberanos o préstamos- contribuirá al desarrollo económico, y esto a su vez propiciará la reducción de la pobreza. Se nos trata de convencer de que una serie de obras de infraestructura (carreteras, caminos y puentes) irán en beneficio de los sectores más desposeídos. En el fondo estamos en presencia del mismo tipo de política que se ha criticado.

Una rápida visión de la economía dominicana evidencia que los partidos que han llegado al poder en los últimos tres períodos gubernamentales han llevado a cabo políticas económicas de corte neoclásico (es decir neoliberales), y esos mismos partidos cuando han sido oposición se han opuesto al tipo de política y la han denunciado como una "máquina creadora de pobreza".

Lo interesante de todo esto es que siempre se argumenta lo mismo, los ajustes que hay que hacer a la economía vienen dados porque antes no se hizo lo que se debía hacer. Sin embargo, a fin de cuenta es la misma filosofía la que anima los ajustes pasados, los actuales y los por venir. Todos se han hecho en el marco de una visión fundamentalista del mercado y la economía. Todo se hace dejando en mano de esos médicos brujos de la modernidad, de esos que hoy son quienes definen y redefinen las políticas públicas en sentido general: los economistas neoclásicos (o sea los llamados neoliberales). Hay quienes automáticamente niegan tal posibilidad y miran con recelo todo lo que huela a neoliberalismo.

Es cierto que las políticas económicas llevadas a cabo en el país en los últimos tiempos han tenido éxitos indudables en el estricto sentido económico. Entre esto se puede señalar el nivel del crecimiento del Producto Interno Bruto y la estabilidad macroeconómica de los últimos 9 años. Sin embargo, nuestro desempeño en lo social ha sido pobre, muy pobre, y la reducción de la pobreza se ha realizado vía el cambio en la forma de medición de la misma. En otras palabras, no hay evidencias concluyentes y palpables de que el "milagrito económico dominicano" se haya traducido en una mejoría substancial de las condiciones de vida de los dominicanos.

LA PARADOJA DE ALEJANDRO. "En América Latina y el Caribe se re-establece el crecimiento económico, se controla la inflación y mejora el PIB per cápita, además se invierte más en lo social, pero se incrementa el número de pobres tanto en términos absolutos como porcentuales, aumenta la violencia e inseguridad ciudadana, y permanecen casi iguales la severidad de la pobreza y la desigualdad", dijo Alejandro Medina, docente internacional del INDES-BID-INTEC y Coordinador del Premio a la Calidad y la Innovación en la Gerencia Social en la República Dominicana, el jueves en la inauguración del IV Encuentro Internacional de Políticas Sociales y Trabajo Social, organizado por la Asociación Dominicana de Trabajadores Sociales Profesionales (Adotrasop).

El fenómeno no es, pues, nacional; atañe a toda América Latina, algo está pasando con las políticas económicas que no se están traduciendo en bienestar para la gente. A simple vista se puede decir que una de las dificultades es que los economistas tienden a mirar el mundo a través de los números y las estadísticas, y olvidan que detrás de esas cifras hay seres humanos que sienten y padecen. Una política económica diseñada en función sólo de las estadísticas y los números, que obvia lo humano, terminará beneficiando a quienes concentran mayores niveles de riquezas.

Esta visión "macro" y aislada del mundo influye en la forma que se mide el éxito de una política económica. El crecimiento del PIB, la llamada estabilidad, la promoción de las inversiones, son los aspectos que se utilizan para decir que un país es o no exitoso en el plano de la economía. Las necesidades perentorias de los seres humanos no son prioritarias, de hecho pueden ser aplazadas para un futuro que parecería nunca llegará.

Cuando desde la economía se habla de apretarse el cinturón y de los ajustes necesarios olvidan que cien pesos no tienen el mismo valor para un pobre que para un rico, por lo que no todos debemos contribuir en la misma medida cuando se habla de reducción del gasto y de austeridad.

POLÍTICA SOCIAL Y ECONOMÍA. Es en este momento que algún sabio economista se inquieta y dice: pero es que todos esos asuntos de los pobres y cómo lidiar con ellos es un problema de la política social, no es competencia de lo económico. Inmediatamente se comienza a hablar del gasto en educación, salud, vivienda, alcantarillado y otros servicios sociales. Así muchos diseñadores de política económica se lavan las manos: una cosa es lo económico y otra muy diferente lo social.

Lo social es visto como residual, una especie de "curita" que se coloca en el cuerpo social para aliviar los efectos -inevitablemente negativos- de las políticas de ajuste económico. Y como ya vimos, cada nuevo gobierno impone nuevas necesidades de ajuste, provocado particularmente por la necesidad de satisfacer la clientela política que le promovió y participó activamente en la campaña.

Mucho se ha discutido sobre la relación política-económica y política-social. Para algunos estudiosos del tema no hay tal dicotomía y la mejor política social es una buena política económica. La idea que subyace en este planteamiento que lo mejor es atacar a "la máquina de hacer pobres", ya que es el tipo de modelo de crecimiento económico que nos gastamos lo que provoca la desigualdad e inequidad, por lo que no basta querer curar las heridas provocadas por dicho modelo.

Una buena política económica debería traducirse en el mantenimiento de la estabilidad macroeconómica, consolidación del crecimiento económico, y la superación del atraso competitivo de nuestro país de cara a la apertura de los mercados en los próximos años, como dicen muchos de los neoclásicos, pero además debe propiciar la generación de empleo de calidad, y estar acompañada de una buena política fiscal y monetaria, así como de otros mecanismos que ayuden a reducir los niveles de desigualdad e inequidad existentes en la actualidad. Jamás debe perder de vista que una cifra que se modifica tiene consecuencias importantes entre los seres humanos. Hay que humanizar la economía.

Una buena política económica es un paso de avance, pero siguen existiendo tareas importantes en el plano de lo social. Para Jefrey Lizardo, coordinador del Seminario sobre Articulación de las Políticas Económicas y Sociales, celebrado en Juan Dolio del 30 de mayo al 1 de Junio, "República Dominicana tiene una creciente deuda social, y sin bien una buena política económica puede evitar que se sigan creando pobres, ya existe un porcentaje alto -alrededor de 40 por ciento- de la población en condiciones de alto riesgo, hacia la cual hay que dirigir algún tipo de política pública para ir reduciendo los niveles de pobreza. Incluso, para los grupos en condiciones de indigencia es necesario algún tipo de política directa de transferencia de recursos".

En otras palabras, es necesario que las políticas económica y social sean definidas partiendo de una misma visión, que se articulen, que sean vistas como hermanas siamesas inseparables, unidas por un mismo corazón y cerebro. En ese sentido es necesario que el gabinete social y el económico trabajen de manera mancomunada, sin celos ni competencias.

Y DÓNDE ESTá EL PAQUETAZO SOCIAL. El llamado paquetazo social del gobierno no ha sido implementado, y ha tenido serias dificultades para poder arrancar. Entre los diversos aspectos que han impedido su aplicación se encuentran las dificultades económicas del gobierno.

El gobierno ha definido diversas fuentes para captar los fondos que necesita para operar, entre ellas, la muy positiva reducción del gasto corriente: "El secretario técnico de la Presidencia, Rafael Calderón, dijo ayer que el recorte del 5% de las asignaciones presupuestarias a las instituciones públicas y el establecimiento de una política de austeridad dispuesta por el Presidente Hipólito Mejía tiene el objetivo de racionalizar el uso de los ingresos para aumentar la inversión pública" (El Siglo, 8-06-2001).

¿El aumento de la inversión pública incluye la inversión en el gasto social, es decir el arranque definitivo del paquetazo social? Es esto un ejemplo práctico de la necesidad de articulación entre lo social y lo económico. Como también lo constituyen los cacareados bonos soberanos.

Toda política económica debe ser evaluada en función de los daños que pueda causar en el mediano y el largo plazos, y de los usos que se le dará a los recursos generados por la misma. La filosofía que se esconde tras los bonos soberanos es la de que el crecimiento económico por sí mismo tendrá un efecto de cascadas hacia los pobres. Es lo que los economistas han llamado Trickle Down Effect, lo cual, dicho en buen dominicano, se denominaría el efecto cotorra: en otras palabras, el desarrollo del sector privado provocará un cierto "boroneo" hacia los pobres.

Sin embargo, la mayoría de los estudios recientes han evidenciado que las cosas no ocurren de esa manera. Samuel Morley, en su artículo, "Efectos del Crecimiento y las Reformas Económicas sobre la Distribución del ingreso en América Latina" aparecido en "Revista de la Cepal" no. 71 de agosto del 2000 plantea que "el crecimiento económico es mucho menos progresivo de lo que era antes. En general esto significa que con un mayor crecimiento en América Latina, no mejorará mucho la distribución. Habrá que tomar medidas complementarias" (Pág 39). Para este autor una de las principales medidas complementarias necesaria es el aumento de los niveles educativos de la población.

Desde nuestra óptica, para aumentar los niveles educativos de la población es obvio que hay que aumentar y eficientizar el gasto en educación, pero también en salud, y otros servicios sociales, para que la población tenga las posibilidades de asistir a la escuela y esté en las condiciones de salud para aprender.

Hay que insistir –además- que no basta el aumento en el gasto de lo social: "Igual o más importante que el volumen es la eficiencia en su uso. Es preciso hacer una transferencia de los recursos a los desposeídos, implementar estrategias de fortalecimiento para la generación de nuevos empleos e ingresos y desarrollar sistemas de protección social", dijo Alejandro Medina en el evento de Adotrasop.