Silenciosos y ambiguos cambios que traen pequeñas esperanzas

Ramón Tejada Holguín / EL SIGLO

Cuando se habla de la impostergable necesidad de instituciones políticas que viabilicen el perfeccionamiento de la democracia, que estimulen cambios en la cultura política de la ciudadanía dominicana, hay quienes inhalan aceleradamente una gran cantidad de aire y lo expelen con violencia por la nariz, miran hacia las nubes y encogen los hombros, como si todo su cuerpo quisiera decir que son pueriles las esperanzas de cambio.

Este escepticismo no flota en el aire, descansa en la observación de que la cultura política dominicana está basada en "dame lo mío", y una irrefrenable pulsión por ser un "matatán" o una "matatana", lo que obstaculiza y bloquea las iniciativas que pretenden provocar cambios en la sociedad dominicana. El problema es de poder, se dice. Quienes se benefician de la fragilidad de las instituciones y de la ausencia de reglas del juego iguales para todos, abominan del establecimiento de instituciones que pretendan estimular a la población dominicana para que exija sus derechos como ciudadanos soberanos. Si tienen la sartén por el mango no la van a soltar, se argumenta.

La actitud de una proporción de senadores y diputados que pretende modificar la Constitución, pésele a quien le pese, con el claro objetivo de usurpar por dos años sus curules, puede ser usada para avalar este pesimismo. El argumento que enarbolan los potenciales usurpadores de la voluntad popular es parecido a los argumentos de los escépticos y, paradójicamente, es una crítica a la forma de hacer política en el país.

En otras palabras, sus argumentos para perpetrar el robo de dos años son las pruebas evidentes de su propia incapacidad como dirigentes políticos.

Dicen que el país no está en condiciones de celebrar elecciones cada dos años porque esto causa trastornos económicos y sociales. En realidad no se ha demostrado que las elecciones provoquen graves trastornos económicos para la nación, además, quienes hacen los grandes gastos en campañas y precampañas, quienes usan los recursos del Estado son los candidatos y candidatas a los cargos electivos que pretenden perpetuarse de manera ilegítima.

En otras palabras, los señores y señoras que deseen puestos electivos sólo tienen que respetar las reglas del juego establecidas por la JCE en lo que a la apertura de las campañas se refiere, así como al financiamiento de las mismas, y las elecciones ya no serían un "trastorno económico".

NOSOTROS PRIMERO… SIEMPRE NOSOTROS MISMOS. Quienes ven la sociedad dominicana con escepticismo se sonríen con la simplicidad del argumento para enfrentar la ultrajante pretensión y dicen que aquí todo está perdido y que en nadie se puede confiar. Hay quienes citan los casos de Guido Gómez Mazara, un joven dirigente que fue promovido como un "político de nuevo cuño", diferente y democrático, y el de Leonel Fernández, un intelectual de gran trayectoria democrática y una de las figuras más potables del viejo PLD, como el ejemplo vivo de que los políticos sucumben tarde o temprano a la embriaguez del poder, y a la forma clientelar de hacer la política.

La justificación del llamado Programa de Empleo Mínimo Eventual -PEME- que hizo el ex presidente Fernández, quedará siempre como un monumento a lo peor que puede tener la política dominicana y la mentalidad maniquea: "En fin, frente a la estrategia de desestabilización, al gobierno del PLD se le presentaba el sempiterno dilema de la historia, que es que a los que atentan contra el orden público y la seguridad ciudadana, se les paga o se les pega" (El Caribe, 28 de noviembre).

Gómez Mazara publicó un libro con todo el expediente y los interrogatorios del caso PEME, y ha llevado la voz cantante en lo que al enfrentamiento del "comesolismo" se refiere; sin embargo, sucumbió a lo que criticó. En el caso de Gómez Mazara no se trata de establecer un PEME, sino de colocar el Estado dominicano en su conjunto a la orden de la militancia perredeísta: "Ojalá que quienes manejen las boticas populares, orienten las medicinas con un sentido político, porque debemos ayudar a los de nosotros"(El Siglo, 10-05-2001).

Sólo citamos dos casos de jóvenes prometedores y en los cuáles en algún momento muchos de los escépticos y escépticas confiaron; podrían citarse otros como Jorge Blanco y el equipo que le acompañó.

La desazón y el desencanto son provocados por los dirigentes políticos que parecieron diferentes pero fueron, parafraseando a Jorge Cela, "más de lo mismo". Es lo que gravita sobre el nuevo pesimismo de los dominicanos y dominicanas.

La desconfianza en las instituciones políticas es en realidad una falta de credibilidad en quienes se autoproclaman como líderes o dirigentes políticos de nuevo cuño.

¿DÓNDE ESTÁN LAS ESPERANZAS Y LOS CAMBIOS? Las sociedades no cambian de la noche a la mañana. Los movimientos armados que han llegado al poder y proclamado a los cuatro vientos "una revolución", han sucumbido contra la cruda realidad de que los cambios sociales, culturales y políticos no pueden decretarse.

Un momento de cambio brusco se manifiesta cuando hay una acumulación de cambios imperceptibles, que en ocasiones pasan desapercibidos para los ojos de la gran mayoría de la población.

En la República Dominicana de hoy hay razones para el optimismo y la confianza de que estamos en un momento en que una gran cantidad de cambios que han venido ocurriendo en las últimas décadas provocarán una transformación de importancia. Hasta cierto punto las actitudes de muchos de los jóvenes políticos y los deseos nefandos de ciertos legisladores son los estertores del viejo régimen. No hay garantías, eso es cierto, estamos en un espacio abierto en donde se puede ir en uno u otro sentido.

Las posibilidades para una transformación positiva existen, y reclaman un mayor nivel de intervención de quienes apuestan por el perfeccionamiento del sistema político dominicano. Entre las razones para el optimismo y la esperanza se pueden mencionar la creación de la figura de "El defensor del pueblo", y la aprobación de parte de la JCE de las circunscripciones electorales.

Como bien establece la periodista Wanda Méndez: esta figura jurídica (El defensor del pueblo) se creó para "proteger los derechos de los ciudadanos ante cualquier violación o excesos que cometan los funcionarios de la administración pública, así como para velar por el correcto funcionamiento de la gestión pública" (El Siglo, 20-05-2001). Uno de los grandes problemas de la sociedad dominicana es el sentido de indefensión y desprotección de la ciudadanía; la conculcación de los derechos de parte de las instituciones estatales e inclusive las privadas es vista casi como normal.

En el infausto discurso en Samaná, Gómez Mazara dijo que cuando llegó a la Dirección General de Bienes Nacionales durante el conflicto por la venta de terrenos del Estado en la avenida Charles de Gaulle, se descubrió que el 31 por ciento de los empleados eran peledeístas; "ahora yo llegué y los boté a todos, de una vez" (El Siglo, 10-05-2001).

Si bien es cierto, como acertadamente plantea el mexicano Luis de la Barreda Solórzano, Ombudsman del Distrito Federal, "por importante y elevados que sean los objetivos de una institución, ésta no puede cifrar su valor en sus proclamadas finalidades: su valía y su utilidad dependerán de las personas que la integran" ("El Alma del Ombudsman", Aguilar, México, 1999, Pág. 71), la capacidad de acción de la defensoría estará estrechamente ligada a la aceptación de parte de la ciudadanía de tal figura, a la confianza que se cree.

Los niveles de escepticismo son altos en nuestras sociedades, y la desconfianza de todo aquello que proviene del Estado es proverbial. Ante los hechos del Capotillo existen tres versiones diferentes: la de la Policía, la de la Comisión creada por el Presidente, y los resultados consolidados de ambas que dio a conocer el Procurador General de la República, y en ninguna de las tres los residentes del barrio se sienten representados.

 La designación del primer equipo humano que dirigirá la defensoría del pueblo, como titular y adjuntos, es de vital importancia, ya que serán quienes le imprimirán la debida autoridad moral, credibilidad y capacidad técnica y administrativa necesaria para realizar sus labores. El fracaso del primer equipo puede verse como el fracaso de esta organización. Participación Ciudadana, el Colegio de Periodistas y otras instituciones han dado a conocer listas de personas de "reconocida solvencia moral, profesional y con una trayectoria de defensa de los derechos ciudadanos", entre las que se encuentran, Mu-Kien A. Sang, Carmen Imbert Brugal, Flavio Darío Espinal, Lourdes Contreras, Iraima Capriles, Luis Scheker Ortiz, Juan Pablo Acosta, Rossina de la Cruz Alvarado, Rafael Toribio y Juan Bolívar Díaz.

En el caso dominicano esta figura jurídica no debe asumirse única y exclusivamente como el "protector de los derechos ciudadanos, civiles y políticos"; debe ser visto también con un cierto componente pedagógico, motivador, creador de ciudadanía.

El segundo motivo de esperanza es la aprobación de las circunscripciones y las listas desbloqueadas de parte de la JCE. Las listas desbloqueadas permitirán un mayor nivel de soberanía de los votantes. De manera que cada quien elija el candidato a diputado o regidor que desee, y en el orden que lo estime conveniente.

Algunas agrupaciones políticas minoritarias como la Fuerza Nacional Progresista, al igual que el PRD, se oponían a las listas desbloqueadas.

La nueva forma de elegir a diputados y regidores puede tener un impacto positivo sobre el sistema político dominicano. Diversos estudiosos de los fenómenos políticos como Nohlen, Dahl, Lijphart sostienen que el sistema electoral influye sobre el sistema de partidos de una u otra manera. Pero, también puede ocurrir lo contrario, de manera que sea el sistema de partidos que influya sobre el electoral.

Las circunscripciones pueden tener un efecto positivo ya que impedirían que candidatos impopulares y sin ningún tipo de apoyo de la ciudadanía lleguen a ser diputados o regidores por el simple hecho de ser colocados en un lugar privilegiado de las boletas electorales, también obligaría a que las alianzas entre los partidos se hagan en función de las fuerzas reales que en determinadas demarcaciones tienen los partidos. Pero, no todo es color de rosa. El sistema implementado podría, en determinadas demarcaciones, perpetuar el caudillismo y el clientelismo, sobre todo en las zonas de mayores niveles de pobreza y de menores niveles de escolaridad en el sector formal, lo que posibilita la manipulación.

Los dos indicadores de cambios reseñados, no están exentos de ciertas ambigüedades, es cierto. Las pequeñas esperanzas estarán dadas por el nivel de participación de los sectores comprometidos con la democracia dominicana, porque cada vez más sectores se integren al coro que reclama enfrentar la fragilidad institucional, que participa activamente, que cree en las posibilidades de un proceso de ingeniería social que transforme a la sociedad dominicana.

Los espacios de participación están en todos lados, desde los partidos políticos hasta la sociedad civil. Como dijo Gramsci: "Pesimismo del análisis, optimismo de la voluntad"