La infalible policía de
Candelier no
conoce el concepto de exclusión social
Ramón Tejada Holguín/EL SIGLO
La violencia física y sin sentido se enseñorea por los barrios pobres, marginados y excluidos; unas veces se hace visible, como en el caso del barrio Capotillo, otras veces no llega a la prensa escrita y queda sepultada en la conciencia de los residentes.
La policía, se ha demostrado, es combustible que alimenta el fuego, pero ¿puede la destitución del jefe de la policía ser el catalizador de la transformación y reforma obligada?
Desde la presidencia de la República se han tomado iniciativas que pretenden ayudar a reducir la brutalidad de las actuaciones de la institución, pero, ¿hasta dónde los dos últimos gobiernos han ido a la raíz del problema?
El decreto 237-01, dado a conocer el 14 de febrero del año 2001, señala con claridad meridiana que el uso del arma de fuego reglamentaria por parte de la policía sólo se justificará en medidas extremas y especiales; cada vez que los agentes hagan uso de la misma tendrán que informarlo de inmediato a las instancias superiores. El uso excesivo de fuerza, la imposición de sufrimientos físicos o mentales para obtener una información, mediante alegatos tales como la existencia de una orden superior, emergencia pública, amenaza a la seguridad nacional y otros, se declaran injustificable bajo cualquier situación.
Aquel fresco día de febrero, además, el Presidente Mejía dio un plazo de 90 días a la Comisión para la Reforma y Modernización de la Policía Nacional para que elabore un reglamento para el uso de la fuerza policial (EL SIGLO 15-2-2001). El 15 de mayo, el mismo día que se cumplieron los 90 días del olvidado plazo, un agente policial asesina a mansalva a un joven en el barrio Capotillo. El decreto 237-01 del 14 de febrero se dio a conocer al día siguiente de que una manifestación de la Asociación Médica Dominicana fuera reprimida brutalmente por la policía. En aquella ocasión el actual jefe de la Policía Nacional dijo: "No hubo exceso; si tú vas a violentar el derecho de los demás, la Policía tenía que actuar. No puede actuar con timidez; óigase bien y cualquiera persona que violente el orden público, nosotros tenemos que actuar" (EL SIGLO 14-2-2001).
A finales de abril, en el mismo barrio Capotillo se vejó, golpeó y apresó a dirigentes populares y residentes, y se agredió a un diputado. En la ocasión, el General Candelier Tejada, hombre coherente, dijo: "la Policía actuó como tenía que actuar" (EL SIGLO, 27-04-2001). Sea la populosa barriada de Capotillo, los alrededores del local de la Asociación Medica Dominicana o un grupo de personas que marchan al palacio, los policías hacen uso de la fuerza y su jefe los defiende.
El Jefe policial irrespeta las directrices del decreto 237-01, y según ha dicho su jefe inmediato, el secretario de Interior y Policía, Rafael Suberví Bonilla, es una retranca para la necesaria reforma policial: (EL SIGLO 9-4-2001).
Parecería que las cosas están bastante claras: el general Candelier debe ser destituido, y esa precisamente es una de las demandas de los manifestantes de Capotillo.
UN SÍMBOLO LLAMADO CANDELIER. El general Candelier es un símbolo; no es casual que sea un jefe policial que se mantuvo en sus funciones durante dos gobiernos tan disímiles y que haya sorteado una gran diversidad de situaciones adversas con los sectores democráticos de la sociedad dominicana.
A finales de junio del año 2000, el Programa de Defensa Pública del Comisionado de Apoyo a la Reforma y Modernización de la Justicia denunció que oficiales y policías de cuatro destacamentos torturaban y abusaban sexualmente de menores de ambos sexos. Un informe de la policía negó el hecho y el entonces Procurador General de la República, doctor César Pina Toribio, descartó el informe policial, ya que no tomó en cuenta las opiniones del Ministerio Público representado por el licenciado Félix Álvarez Rivera. El jefe de la Policía dijo que respondería en su momento (el cual nunca llegó); en esa ocasión, la comisionada Aura Celeste Fernández le acusó de haber sucumbido ante la estructura criminal que, según esta ex-funcionaria, existe dentro de la policía.
Candelier ha brindado un excelente servicio a sus superiores. Se recordará que cuando en el PRD se estuvo discutiendo el tristemente célebre tema del dos y dos, brindó sus servicios para que dicho acuerdo partidario fuera respetado, logrando que el síndico de Los Cacaos entregara la conducción del cabildo a la persona que le correspondía (EL SIGLO 24-08-2000).
El general Candelier no ha sido destituido de su cargo porque una proporción importante de la sociedad dominicana piensa como él. En junio de 2000, cuando se le preguntó al recién electo Presidente de la República Hipólito Mejía sobre los desafueros policiales, dijo: "No le doy importancia a eso, yo la importancia se la doy a la seguridad ciudadana. Para mí la seguridad ciudadana es determinante y hay seguridad, que es lo que me importa a mí, y hay que garantizarla e incrementarla" (EL SIGLO 11-6-2001).
DECRETOS VERSUS REALIDAD. La humanización de la policía no se hace por decreto; los grandilocuentes discursos coyunturales son incapaces de desmantelar lo que la ex Comisionada de Apoyo a la Reforma y Modernización de la justicia llamó la estructura criminal de la policía. No se tiene ninguna garantía de que la destitución de Candelier implique una reformulación de la visión que tienen los grupos de poder de la autoridad y la misión de la policía. El problema policial no es sólo un problema político, es un problema económico y cultural.
Es económico en tanto existe un sector que se beneficia de la organización policial tal y como se encuentra estructurada. Los intentos de reformas chocan contra los mezquinos intereses particulares de unos cuantos. Acciones como las del policía apodado El Chino, el que acertó un disparo a la cabeza de Rubén Darío Paniagua y dos en los testículos, en presencia de Cristian Paniagua, su hermano menor, con apenas 10 años, no es de extrañar. Según la versión del hermano menor, el policía quiso extorsionar al joven, y al Paniagua declararse insolvente lo mató. Sólo la protesta popular y la violencia desatada en el barrio pudieron lograr que se reconociera que el policía había cometido un crimen, y los dos policías involucrados en la muerte del Rubén Darío se encuentren en la actualidad esperando ser trasladados a la justicia ordinaria.
Es cultural en tanto que como hemos dicho en otras ocasiones, en nuestro país la relación policía-sociedad es sadomasoquista. Los sectores más propensos a caer presos y sufrir los actos de torturas y vejámenes, tienden a asumir que tales métodos de ‘investigación e interrogatorios’ son normales, se tiende a creer y propagar la idea de que quienes cometen un delito carecen de derechos. Al mismo tiempo se define delito como los actos que cometen los ciudadanos; un policía jamás delinque, sino que ‘se la busca como pueda’. El ‘picoteo’ forma parte de la cultura y es consustancial al policía de a pie. Pero, también de los altos mandos, ¿no se ha denunciado, acaso, que una gran proporción de agentes son usados para cuidar los bienes particulares de empresarios y políticos? El agente reproduce lo que ve en la cúpula.
Hay que analizar con mayor nivel de profundidad las causas de las protestas, manifestaciones y actos "violentos" que se observan en los barrios y provincias dominicanas, ya que el análisis de lo mismo sugiere la calidad de la medicina.
¿INCREMENTO DE LA VIOLENCIA? Se dice que la violencia se incrementa en la República Dominicana, y se dice que hasta cierto punto la globalización es culpable de tal incremento: "Yo digo que la globalización tiene su ventaja y desventaja, y una de las desventajas es el acceso a todo lo que es televisión, donde se ve mucha agresividad en el mundo entero, porque es que se globaliza lo bueno y lo que tienen de problemas otros países", dijo la Vicepresidenta de la República Milagros Ortiz Bosch (Listín Diario 14-05-2001). Reinaldo Pared Pérez, secretario general del PLD, sostuvo que las protestas y manifestaciones se relacionan con la política económica del gobierno, y hay quienes han hablado de la necesidad de un PEME para contener la situación.
Los estudiosos del fenómeno de la violencia han relacionado ésta con factores de carácter estructural, y no los coyunturales como una política en especifico, o simplemente echándole la culpa a la globalización o pensando que la perversión y el clientelismo político (¡matar o pagar!) son la solución. Lo que vemos es sólo la punta del iceberg; lo que olemos es sólo el aroma que se escapa de un paquete sellado. Se está construyendo una sociedad violenta e invivible en una zona del país, para mantener la zona de la gente bien agradable y pacífica.
La raíz de la violencia está relacionada a la exclusión social, política y económica de una parte de la ciudadanía. Estamos diciendo que una parte de la sociedad dominicana es mantenida por quienes tienen el poder como siluetas inseguras, sin relación directa con los beneficios del trabajo, o instituciones sociales como la escuela, que ese sector de la sociedad pretende ser segregado en reductos urbanos, que estamos creando sowetos dominicanos, y la labor asignada a la policía es la de cancerberos. Ese es el punto. Con el agravante de que la exclusión destruye la autoestima y la posibilidad de romper el círculo de la pobreza.
La causa de la violencia es la desatención a las necesidades reales tanto económicas, políticas como culturales de esas difusas siluetas que habitan barrios y campos dominicanos.
La violencia que se incrementa no es sólo la violencia policial, es también la violencia de una sociedad que cada vez tiene mayor capacidad de creación de riqueza, la cual se concentra en muy pocas manos. La mayor violencia es el aumento de la desigualdad y la inequidad.
La destitución de Candelier es necesaria, es cierto, pero como un símbolo de que efectivamente hay nuevos aires en el gobierno; como un símbolo de que la reforma policial se hará contando con la población dominicana. Como un símbolo de que, como Robert Castel, no seguiremos preguntando ¿quiénes son, de dónde vienen, cómo han llegado a esto, en qué se convertirán? esas "siluetas inseguras, en los márgenes del trabajo y en los límites de las formas de intercambio socialmente consagradas; personas en desempleo consagrado, habitantes de los arrabales desheredados, beneficiarios del salario mínimo de inserción, víctimas de las reconversiones industriales, jóvenes en busca de empleo que se pasean de pasantía en pasantía, ocupados en pequeñas tareas provisionales", y se comenzará a buscar forma de incorporación de esas difusas sombras que son la mejor evidencia de que algo anda muy mal en la sociedad dominicana de este milenio, y nos estamos haciendo de la vista gorda.