Los periodistas no han logrado descifrar la visión de la libertad y el respeto del Presidente de la República: "ustedes todavía no han entendido el esquema de libertad y de respeto que yo tengo a ustedes", les dijo el 13 de diciembre en la Plaza de la Salud (El Siglo 14-12-2000.). Diríase que para Hipólito Mejía, los periodistas son los intolerantes. La acusación de trujillista a Rafael Molina Morillo cuando este dijo que había asomo de intolerancia, se enmarca en esta terrible incomprensión de parte de la prensa dominicana.
Ni el Presidente ni sus voceros prestaron atención a la palabra asomo. Hay quien dirá que no tomar en cuenta que asomar es sinónimo de aflorar, de apuntar, de aparecer, que según la Real Academia Española significa "empezar a mostrarse", evidencia que el problema no es la existencia de "prácticas poco tolerantes", sino de entendimiento, de ausencia de lectura adecuada y sopesada de las palabras pronunciadas.
El comentario de Molina Morillo no formó parte del informe sobre el país, presentado en la reunión de la Sociedad Interamericana de Prensa –SIP-. De hecho, bien analizado el documento, que fuera leído por Ruddy L. González, vicepresidente de la Comisión de Libertad de Prensa e Información para la República Dominicana y Haití, no es desfavorable al gobierno: "A lo largo de esos últimos seis meses, asimismo, periodistas y comentaristas se han quejado de los términos usados en varias ocasiones por el Presidente Hipólito Mejía para referir críticas a periodistas y medios. Sin embargo, esto no ha provocado censuras o impedimentos de que estos periodistas, comentaristas y/o medios ejerzan su derecho constitucional de expresar libremente sus opiniones" (El Siglo 18-03-2001).
Danilo Arbilla, presidente de la SIP, sostuvo que las acusaciones de trujillista a Molina, quien es presidente de la Comisión de Libertad de Prensa de esa institución, evidencian que este "se equivocó, porque lo que vemos es que la intolerancia es total, y esto lo demuestra la declaración del Presidente Mejía, que es una situación similar a la de gobernantes como Hugo Chávez, que no tienen el menor respeto por la prensa" (El Siglo 20-03-2001).
Sin embargo, en las conclusiones del encuentro de la SIP no se habla del caso dominicano, mientras que se sostiene que el gobierno de Venezuela ''no vacila en incitar al odio público contra publicaciones no afectas irrestrictamente al régimen'' (El Siglo 21-03-2001). La verdad es que el Presidente Mejía se apuntó un triunfo, ya que la SIP no consideró que el escarceo verbal entre él y Morillo fuera un hecho tan relevante como para merecer una resolución condenatoria; a lo que su amigo y sujeto de admiración, Hugo Chávez, no se escapó.
¿UNAS BOFETADAS Y AMENAZAS IMPUNES NO SON ASOMO? Hayan o no condenado al país, el estado de alerta es válido. Queda abierta la interrogante, ¿hay o no asomo de intolerancia hacia la prensa? Es decir, ¿empieza a mostrarse una cierta intolerancia hacia la prensa? Hay quienes dirán que la intolerancia no es sólo contra la prensa y recordará que el Presidente mandó a la Dra. Mu-Kien Adriana Sang a formar un partido cuando criticó el autoritarismo y la falta de institucionalidad (El Siglo 10-9-2001).
Algo similar ocurrió con Minou Tavárez Mirabal. A principios de mes la ex vicecanciller pidió al Presidente que descontinúe sus manifestaciones de autoritarismo y de rechazo a cualquier crítica. Mejía respondió airado: "las pautas que se las trace ella misma y a su primo, no a mí" (El Siglo, 13-02-2001).
Este tipo de declaraciones y actitudes son vistas como "jaranas y jocosidades", como parte del temperamento campechano del Presidente, e inclusive algún sector de la prensa parece estimularla cuando la comenta sotorriéndose y restándole importancia. No tienen mayores consecuencias prácticas, dicen, porque: "no hay ni habrá asomo de intolerancia oficial mientras en la Presidencia de la República esté un hombre que, como el Presidente Hipólito Mejía, ha sido el mandatario más abierto, franco y sincero que ha conocido la democracia dominicana", dijo el licenciado Luis González Fabra, jefe de prensa de la presidencia (El Siglo, 21-03-2001).
Tiene razón el portavoz del Gobierno en cuanto al estilo abierto, franco y sincero del Presidente. Precisamente con ese estilo es que sostiene: "Eso es Pepe (teniente coronel Pedro Julio Goico, jefe de la avanzada de su escolta militar) que le ha dado una galleta (sic) a algunos de ustedes" (Hoy 20-02-2001). Las bofetadas no coartan la libertad de prensa, nada tienen que ver con la intolerancia, según "el esquema de libertad y respeto" del Presidente y quienes le rodean y que no ha sido entendido, todavía, por la prensa.
Al modo de ser del Presidente hay que agregarle la consistencia y la coherencia en su visión de la prensa. A finales del año pasado dijo a los periodistas que le rodeaban "ustedes se meten en el medio y parecen una turba de esas que iban a hacer ustedes ahí, en la Procuraduría General de la República, la otra vez" (El Siglo 14-12-2000). Se refiere al intento del ex presidente Leonel Fernández de convertirse en reo voluntariamente, para lo cual visitó la Procuraduría General de la República junto a una multitud de simpatizantes que fue a expresarle su solidaridad; la Policía impidió que Fernández cumpliera con su cometido.
Traducido del lenguaje franco y sincero del Presidente al lenguaje común, sus palabras significan que dar unas cuantas bofetadas a aquellos que hacen turba y tumulto no es intolerancia, sino que es parte de un estilo abierto, franco y sincero. En ese contexto puede analizarse la represión a la AMD y a una marcha de la izquierda hacia el Palacio.
El Colegio Dominicano de Periodista (CDP) ha denunciado las actitudes del Teniente Coronel. Pide que el Presidente Hipólito Mejía comience, al menos, llamándole la atención por haber proferido amenazas contra reporteros de los periódicos Hoy y El Nacional (El Siglo, 21-3-2001), pero el jefe de Estado tiene buen y humor bromea con los periodistas con "las cosas de Pepe Goico".
EL TRECHO DEL DICHO AL HECHO. La risa es, indudablemente, una magnífica terapia. Pero, debe evitarse por todos los medios que la risa y el celebrar las jaranas obnubilen el entendimiento de la prensa, y eviten ver las consecuencias de la intolerancia individual del Presidente.
En efecto, no hay indicadores fuertes de que estemos ante un régimen intolerante. Hasta el momento la situación remite a un Presidente que entiende que toda crítica que se le hace al Gobierno es un intento de gobernarle, como si la crítica cuestionase su autoridad. En apariencias, la prensa dice lo que desea decir, mientras que el Presidente responde como desea responder.
La intolerancia, como práctica y actitud individual, obstaculiza el proceso de aprendizaje, y la búsqueda de acuerdo entre los seres humanos. Dice Michael Walzer "Tratado sobre la Tolerancia" (Piados Estado y Sociedad, 1998) que tolerar y ser tolerado "es la tarea de ciudadanos democráticos". La tolerancia como actitud individual de los gobernantes abre las puestas al buen gobierno, a las posibilidades de acuerdos, a la comprensión de los planteamientos del otro, a la gobernabilidad, a una mejor toma de decisiones. La intolerancia, como actitud individual, fue uno de los factores determinantes del fracaso del PLD.
Federico Henríquez Gratereaux, director general de EL SIGLO, plantea que "el Presidente Mejía usa expresiones excesivas cuando se refiere a los periodistas. Las críticas de los buenos periodistas contribuyen al ejercicio efectivo de la democracia política. El Presidente Mejía debiera entonces agradecer esas críticas y no mostrarse intolerante" (El Siglo 21-03-2001).
La línea que divide el dicho del hecho es tenue, y hay que estar en constante vigilancia para evitar que sea traspasado ese límite. El Presidente debe revisar las formas en que se refiere a la prensa y a sus opositores porque sus palabras pueden estimular actitudes intolerantes entre sus seguidores. Las acciones de Pepe Goico son un ejemplo.
Por otro lado, hay un aspecto que no fue puesto en discusión pero que tiene gran importancia en el contexto de la relación entre la tolerancia y la libertad de prensa. Nos referimos a la relación de los y las periodistas dominicanos, con los grupos económicos que poseen grandes inversiones en la prensa. La concentración de los medios de comunicación en pocas manos limita el ejercicio de la tolerancia, y de la libertad de prensa. El peligro de que los medios de comunicación se conviertan en voceros de los intereses económicos y corporativos es real.
El periodismo dominicano tiene dos desafíos de grandes proporciones: el primero es conocido, debe evitar que el Gobierno salve el trecho que separa el dicho del hecho; del segundo se habla en los corrillos, y en voz baja: debe evitar convertirse en mecanismo de defensa de los intereses particulares y corporativos de los sectores económicos que poseen grandes inversiones en la prensa del país