¡Ay Peña, Penita Pena!

POR JUAN BOLÍVAR DÍAZ


En estos días en que se ha visto a tantos perredeístas adjurar de los compromisos doctinarios y programáticos de 60 años, tan solo a 15 meses de haber llegado al poder, el recuerdo de José Francisco Peña Gómez se despierta una y otra vez.

La memoria y las luchas del gran líder político nacional han sido tan ofendidas por sus propios compañeros, que uno no puede evadir el lamento. ¡Ay Peña, penita pena!.

Ahora que se considera una aberración el credo antirreeleccionista y se presiona a propios y extraños para que acepten como válida la revocación de la prohibición del continuismo tan dañino al proceso democrático nacional, los discursos del lider perredeísta vienen a raudales a la memoria.

El, que tanto se preciaba del aporte democrático de las reformas constitucionales que promovió en 1994, para prohibir la reelección, separar las elecciones presidenciales de las congresionales y municipales para evitar el arrastre y fortalecer los poderes legislativos y municipales. Y para promover la autonomía del Poder Judicial. ¡Ay Peña, Penita pena!

Se escucha a nuevos teóricos del pragmatismo político proclamar que el anticontinuismo de los fundadores del Partido Revolucionario Dominicano, enarbolado como doctrina por José Francisco era puro oportunismo, coyuntural, porque no estaban en el poder.

Lo que demuestra que jamás pusieron atención a la profundidad del discurso de quien fuera el gran reformador político dominicano, pese a no haber ejercido la presidencia de la República. Los oportunistas eran estos. ¡Ay Peña, penita pena!

Ya han amenazado la independencia de la justicia, y buscan restablecer la reelección y volver a juntar las elecciones presidenciales con las congresionales y municipales. Como si tuvieran empeñados en desbaratar los aportes que dejara al desarrollo democrático el doctor Peña Gómez.

Y son tan insensatos y soberbios que ponen en juego hasta la unidad y vigencia del más grande y prolongado partido de la historia de la nación, del cual siempre dijo el líder negro que sólo el PRD vence al PRD. ¡Ay Peña, penita pena.

Para colmo de aberraciones persisten en acariciar el absurdo de la prolongación del período de cuatro años para el cual fueron electos los actuales legisladores, lo que sumiría a la nación en una profunda crisis política e institucional, con repercusiones internacionales.

Cuánta verguenza para un partido que ejerció un liderazgo continental y hasta mundial, a través de su líder y por medio de la Internacional Socialista. ¡Ay Peña, penita pena!

Los promotores del adefesio de la prolongación pretenden ignorar el artículo 2 de la Constitución, el cual establece que "La soberanía nacional corresponde al pueblo, de quien emanan todos los poderes del Estado, los cuales se ejercen por representación".

También quieren desconocer el artículo 4 en el que se proclama que "El gobierno de la Nación es esencialmente civil, republicano, democrático y representativo". ¡Ay Peña, penita pena.

Es probable que algunos de esos políticos pragmáticos no hayan reparado en el artículo 99 de la misma Constitución donde se proclama que "Toda autoridad usurpada es ineficaz y sus actos son nulos".

Como tampoco se han detenido en el 107 donde se establece que "El ejercicio de todos los funcionarios electivos, sea cual fuere la fecha de su elección, terminará el 16 de agosto de cada cuatro años, fecha en que se inicia el correspondiente período constitucional". ¡Ay Peña, penita pena!

Peña Gómez que fue un maestro del respeto a los principios democráticos, de la negociación y la conciliación de posiciones, virtudes en las que fundamentó su liderazgo aún en los períodos en que lo presentaban como un radical, debe sufrir inmensamente al ver a los suyos atropellar y predicar la imposición.

En la medida en que se producen estos desbordamientos, crece su figura histórica y sus planteamientos democráticos de gobierno compartido, de participación de toda la sociedad, de la soberanía de los electores, del respeto a las minorías. ¡Ay Peña, penita pena!

Se comprueba ahora el inmenso peso de Peña Gómez en la vigencia y la fuerza de su partido, que no fueron derivados del oportunismo, ni del pragmatismo, sino del arraigo en los principios democráticos.

Y cuánta tristeza recordar lo subestimado e incomprendido que fue este dirigente, pensador y doctrinario político. ¡Ay Peña, penita pena.-

27 de Diciembre, 2001


//\\ Regresar \\//