El temblor reeleccionista tiene múltiples epicentros

 

Ramón Tejada Holguín


Los senadores han provocado un terremoto político con la aprobación del proyecto de reforma constitucional en el que se incluye la reelección presidencial y se respeta parcialmente el pacto firmado por los tres partidos con mayor presencia en el Congreso Nacional.

Comentaristas y analistas tratan de ubicar el epicentro del sismo en los más inverosímiles lugares. Hay quienes dicen que se encuentra en una habitación del Hotel Hispaniola en la cual han sido vistos connotados dirigentes del PPH: Eligio Jáquez, Guido Gómez Mazara y  Hernani Salazar. Otros sostienen que el epicentro se encuentra en el mismo despacho presidencial, y hay quienes miran hacia el PPH o la dirigencia misma del PRD.  

La pregunta resulta pues inevitable: ¿porqué se continua en los afanes reeleccionista, si las elites sociales y una parte de las elites política, así como el propio presidente, la han rechazado tajantemente? ¿Están solos los legisladores, y los funcionarios que desde las gradas del senado miraron a sus pupilos levantar las aprobatorias manos a favor de la reelección?

Primer epicentro: los enemigos del presidente del partido

No resulta casual que al mismo tiempo que la reelección es aprobada, dentro del PRD se elevan críticas importantes contra el presidente del partido y sus partidarios. No es casualidad que senadores como Juan Heriberto Medrano (Cuqui), quien según Gómez Mazara es un hombre de Hatuey, esté en la lista de quienes rechazan el proyecto continuista.

Hatuey Decamps ha ido creciendo en estatura política, ha sabido diferenciarse del gobierno, pero al mismo tiempo se vende como un hombre del partido. Hasta el momento ha actuado con astucia zorruna en lo que se refiere al compromiso con el gobierno de Hipólito. Ha criticado el nepotismo de “algunos compañeros”, pero exime a Mejía de responsabilidad.

El Pacto por la Reforma Constitucional que suscribieron los tres partidos mayoritarios, con el presidente como testigo, y tres personas de prestigio dentro de las organizaciones de las sociedad civil como miembros de su Comisión de Seguimiento, fue visto como “cosas de Hatuey”, por varios dirigentes del PRD.

A su entender respetar el pacto era darle armas a Hatuey en su camino hacia la postulación presidencial. Irrespetar el Pacto, se convirtió para este sector, en una de las formas de parar el ascenso de Hatuey, y sus posibilidades presidenciales. Así, los adversarios de Decamps dentro del PRD, se unieron a los partidarios de la reelección presidencia. A fin de cuentas, se piensa, la inclusión la posibilidad de una reelección de Hipólito erosiona el poder Hatuey dentro del partido. Una proporción de sus partidarios les sigue porque piensan que es el potencial candidato presidencial del PRD.

Pero, es evidente que esa proporción de sus partidarios, dada las características populista y clientelar de una parte de la militancia partidaria dominicana, no resistirán los embates de la maquinaria reeleccionista y sus recursos. En efecto, para las masas perredeístas Hipólito es invencibles, si la reelección va, muchos de los seguidores de Hatuey se pasarían al PPH.

Segundo Epicentro: la continuidad del partido en el poder.

La reelección es observada, por otro sector, como un problema de supervivencia partidaria. Se piensa que Hatuey tiene una alta tasa de rechazo a lo externo del PRD, por lo que le sería difícil ganarle a Leonel Fernández. Rafael Suberví Bonilla, ha quedado rezagado frente al trabajo interno que ha realizado Hatuey Decamps, y para muchos su figura no es presidenciable. De Milagros Ortiz Bosch, se piensa que el machismo dominicano no le permitiría alcanzar la presidencia de la República.

Además, las luchas de tendencias entre los posibles candidatos presidenciables podría debilitar grandemente al PRD, y ningunos de ellos tiene los votos internos suficientes como para ganar las primarias de la forma en que fueron ganadas por Hipólito; lo que podría provocar desgarramientos internos.

Para este sector la única opción que permitiría al PRD retener el poder es Hipólito Mejía. Es el único capaz de mantener unido al partido. Un gobierno de 8 años del PRD, posibilitaría que en su seno se afiancen y fortalezcan los nuevos liderazgos, y futuros aspirantes.

Tercer Epicentro: los presidenciables del PPH

No es casual que Guido Gómez Mazara y Eligio Jáquez, hayan estado presentes en la sesión en la cual se aprobó el desaguisado proyecto de ley. No es casual que ambos hayan sido vistos por los predios del Hotel Hispaniola.

Son dos entusiastas funcionarios rabiosamente partidarios de la reelección, tanto que han desafiado al propio Hipólito Mejía. A pesar de que el Presidente ordenó públicamente que “todos los funcionarios del gobierno que están dedicados a esa tarea, cesen en sus actividades reeleccionistas y ocupen todo su tiempo y energía a impulsar la ejecución de las tareas que tienen encomendadas” (Listín Diarios 22-11-2001).

Guido Gómez, como vocero de los aludidos planteó: “Yo me acojo a ese pedido del presidente Mejía, al igual que Eligio Jáquez, Hernani Salazar y otros. No hay problema.” Sin embargo, agregó, “ Por ahora, no hablaremos más de eso” (Listín Diario 23-11-2001). Sus palabras permiten establecer que acepta que junto a Jáquez y Salazar, han sido de los promotores del proyecto continuista. Además, dijo que no hablará del asunto, no se refirió si seguirá o no trabando a favor de la reelección.

Un poco de memoria siempre hace bien a la salud del sistema político. El 26 de septiembre del 2001, Gómez Mazara alabó al presidente por ser enfático al rechazar la posibilidad de que la reelección sea incluida en la reforma constitucional: ‘‘El presidente de la República, fundamentándose en ese derecho, está reiterando su voluntad de que el tema de la reelección sea excluido del debate’’, exclamó Gómez Mazara ante periodistas que aguardaban en el Congreso el sometimiento del proyecto de reforma constitucional aquel día (Listín Diario 27-09-2001).

Fue más lejos Gómez Mazara, dijo que el presidente Mejía era un demócrata, ‘‘no un dictador ni un caudillo’’, que sabrá respetar las corrientes de opiniones que existe tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado, ¿en qué recodo del camino Gómez Mazara decidió desviarse de las directrices del presidente?. (Listín Diario 27-09-2001).

Debe recordarse que Gómez Mazara, en su calidad de Consultor Jurídico del Poder Ejecutivo, fue encargado de entregar el proyecto de ley de reforma a la constitución aprobado por los partidos. Sin embargo, nunca entregó un proyecto de reforma, sino que se limitó a remitir el pacto tal cual fue firmado por los partidos, lo que provocó un cierto revuelo, y preocupación sobre la posibilidad de irrespeto del mismo.

¿Qué fuerzas políticas y partidarias motivaron a Gómez Mazara a Cambiar de opinión, porqué aquel día no se entregó un proyecto de ley como debió haberse hecho?

Cuarto Epicentro: una mano invisible demasiado poderosa mueve los hilos del azar.

El cuarto y último epicentro del terremoto es difuso, inasible, y hay quienes podrían creer que el poder presidencial está detrás de los proyectos continuistas.  

Nuestro país es eminentemente presidencialista, como lo demuestran las dos encuestas nacionales de cultura política. Para que una proporción tan grande del Senado de la República se haya atrevido a desafiar al Presidente de la Nación, a los tres partidos mayoritarios, y de paso se vea sometido a la picota, tienen que haber fuerzas muy poderosas que lo empujan y apoyan. No es el tristemente celebre Darío Gómez quien está detrás de la decisión de los 17 senadores que apoyaron la inclusión de la reelección en el proyecto de reforma a la constitución dominicana.

El propio presidente de la República visitó el edificio del congreso el martes 12 de noviembre. Según se dice, los senadores se aprestaban a aprobar el proyecto de reforma constitucional y la extensión del período que les corresponde. El Presidente dio garantías de que el Pacto sería honrado. Y el Senado no le hizo caso. ¿Qué está pasando? Alguien está jugando un extraño juego que compromete la credibilidad de dos poderes del Estado.

La búsqueda de la mano invisible tiene que tomar en cuenta que lo único que el presidente de la República no ha logrado del Congreso Dominicano, y de sus seguidores, es que abandonen la cantaleta reeleccionista.

Hay quienes piensan, y con sobradas razones, que existe un juego a dos bandas. Que una parte del PPH tiene la misión de luchar por la reelección y la otra la de oponerse. Una vez aprobada la reelección, al presidente se le hará difícil no sacrificarse para poder mantener la unidad del partido y conservar el poder, después de todo es un hombre del partido, y un animal político.

En más de una ocasión el presidente ha dicho que seguirá en la política, que aunque no se reelija seguirá apoyando a los suyos, a la gente que se fajó en el PPH para llevarlo a la presidencia. Aceptar dócilmente la reelección puede ser uno de los “sacrificios” que el presidente Mejía se puede ver obligado a hacer, para poder lograr que sus muchachos y muchachas se desarrollen y se conviertan ellos mismos en presidenciables, y de esta manera se le dará continuidad a su magnifica obra de gobierno. No importa que la misma se quede inconclusa, debido a que los funcionarios se preocuparon más por la reelección que por hacer su trabajo.

Sólo la existencia de una mano poderosa e invisible, una mano que no quiere que los senadores se extiendan sus períodos, pero que esta de acuerdo con la reelección, explica las desproporcionadas acciones continuistas del senado de la República. ¿Por qué quienes la promueven desde el Palacio Presidencial sigan tan campante, y sonrientes?. Mejía siempre ha sido un hombre de armas a tomar, y no acepta vagabunderías de nadie, claramente lo ha dicho.

Epilogo: una importante lección

Hoy se está pagando un grave error cometido por los promotores del Pacto por la Reforma Constitucional: el no haber incluido en las negociaciones a los señores senadores y diputados. Se quiso parar en seco las pretensiones del Senado, y por la puerta trasera se nos ha colado un nuevo enemigo de la consolidación de la democracia dominicana.

Las negociaciones habrían sido largas, habría sido difícil convencer a los senadores y diputados. Pero, si tomamos en cuenta que una parte del PPH logró convencerlos para que desistieran de  sus afanes de extenderse sus mandatos, y aprobaran la reelección presidencial, podremos decir que el dialogo y la concertación pudo haber evitado el actual terremoto político. Hay que reconocer que la sociedad política dominicana es un archipiélago de poderes e intereses formado por una multiplicidad de actores, y todos tienen el derecho a la palabra.

25 de Noviembre, 2001


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