El caos y las instituciones dominicanas

 

Ramón Tejada Holguín/El Siglo


El pensamiento humano se ha constituido de tal manera que entiende el caos y la estabilidad como antónimos, es decir contrarios. Se nos ha enseñado a pensar que nada puede ser caótico y al mismo tiempo ordenado y sistemático. En el campo de la matemática se ha estado observando como caos no es sinónimo de desorden, de desbarajuste. Un sistema caótico tiene cierta estabilidad, se podría decir cierto orden, como quien dice su razón de ser. 

Quien ha estado atento a lo que dice la prensa en los últimos días de seguro pensará que nuestro país ha sido presa del caos y del absurdo, pero no. Una serie de hechos y acciones aparentemente sin conexión, ni sentido, se presentan ante los ojos del analista y la población sembrando el desconcierto y la inquietud. Los ejemplos son diversos y se ven en todos los ámbitos de la vida nacional. 

HECHOS INCONEXOS, ACCIONES INCOMPRENSIBLES. El PLD y el Procurador General de la República llegan a un acuerdo para que un grupo de ex-funcionarios peledeístas asista a la procuraduría a responder algunas preguntitas. El año pasado la situación fue la contraria, el ex-presidente Fernández provocó un escándalo porque intentó hacerse preso ante el mismo organismo, que hace unas semanas declaró no es competente para interrogarle. La negociación fue llevada al cabo por las más altas autoridades gubernamentales. Como quien dice que asuntos jurídicos son transformados en netamente políticos.

Senadores y Diputados hablan con el mayor de los descaros de usurpar por dos años más el mandato que la ciudadanía les ha dado. Lo extraño del caso es que la extensión del mandato sólo conviene al presidente de la República, ya que le permite un muy cómodo control del poder legislativo. No conviene al PRSC, puesto que según las secretas encuestas realizadas, el reformismo es quien se ha beneficiado del deterioro del PRD en las diversas provincias. El PRSC podría aumentar su matricula de diputados y senadores, mientras que el PLD podría quedarse o aumentar ligeramente el número de diputados. Y sin embargo los tres partidos mayoritarios no han sido enérgicos y contundentes con sus senadores. O las dirigencias partidarias no controlan a sus legisladores o ellas mismas están comprometidas con el desatino legislativo. ¿Amolando cuchillo para sus propias gargantas?

En una acción incomprensible y misteriosa el presidente Mejía la ha emprendido en contra de las organizaciones de la sociedad civil más activa en términos políticos.  Recientemente, en un foro auspiciado por organismos internacionales, el Presidente sostuvo que “los sujetos económicos y sociales, las grandes corporaciones, los sindicatos, las organizaciones no gubernamentales, las agencias internacionales, todas juegan un papel estelar en el acondicionamiento y mantenimiento del equilibrio social, político y económico de las naciones" (El Siglo, 06-09-2001). A pesar de lo dicho frente a organismos internacionales el día 5 de septiembre, el lunes 17 y el jueves 20 consideró que si la sociedad civil dominicana quiere intervenir en la cosa pública, si desea jugar ese papel estelar en el acondicionamiento y mantenimiento del equilibrio económico de las naciones debe “organizarse en partidos políticos” y meterse a la “candelá” (Ver El Siglo, 18-09-2001 y 21-09-2001).

La situación es todavía más extraña e incomprensible para el observador libre de fanatismo, cuando toma en cuenta que el PRD en términos históricos, ha sido el partido que posee las mejores relaciones con las organizaciones de la sociedad civil. Razones por la cual dirigentes peledeístas y estudiosos de los fenómenos políticos relacionados al PLD siempre han acusado a una parte del liderazgo de la sociedad civil de ser perredeístas. 

Y QUÉ ES LO QUE PASA AQUÍ, ¿EH?. Una observación sopesada y serena de la designación de tres jueces de la Suprema Corte de Justicia sugiere que algo grande se está cocinando. Asignarle un juez al ex-presidente Balaguer, un líder político en su otoño, francamente disminuido en su poder, que no controla objetivamente su partido resulta sumamente generoso.

El propio presidente de la República admitió que la designación de Romero Confesor fue cediendo a una petición del ex-presidente Balaguer. Este juez tiene 71 años, por lo que sólo le quedan 4 años hábiles para realizar su labor, ya que a los 75 será jubilado, según la Carrera Judicial actualmente vigente. Es evidente que una persona de su edad y muy limitada experiencia como juez apenas tendrá tiempo de familiarizarse con sus funciones. ¿Colocar a este abogado en la Suprema Corte puede debe ser visto única y exclusivamente como una forma de complacer al patriarca en su invierno, o hay algo más?

El caos también se ha apoderado de los partidos. Extrañamente en el PRD no se siente la lucha por las candidaturas congresuales y municipales, y crecen los rumores de que es este partido el interesado en la extensión del mandato constitucional de congresistas y autoridades municipales. Lo interesante es que tal extensión iría en contra de algunos de los grupos en que se divide dicho partido. Se sabe que la lucha por la candidatura presidencial a lo interno del PRD pasa por el posicionamiento de los partidarios de los potenciales candidatos en puestos electivos claves.

Es tradición que el PRD lleve más allá de sus filas las pugnas internas y las campañas por la elección de candidatos a los puestos electivos, y sin embargo ese partido se encuentra paradójicamente en estado de inercia en lo que a la pugna por las candidaturas se refiere.

LA TRANSPARENCIA PERTENECE AL INTELECTO NO A LA REALIDAD. En algún lugar de Rayuela, Julio Cortaza dice: “La transparencia es una exigencia intelectual”. La colección de hechos y acciones incomprensibles y que se presentan ante el analista como un caos es mayor de lo imaginable. La realidad, lo dado, lo que observamos, no es transparente, no tiene orden. El orden y la transparencia pertenecen a los que observan, a los que estudian y analizan la realidad. El desconcierto es grande, pero hay que tratar de ordenar este sistema caótico. 

Si bien la teoría del caos sugiere que hay cierto orden en los sistemas caóticos, Veamos cómo podemos asimilar esta difícil idea de que el caos no significa desorden, ni desbarajuste. La forma más conocida para ilustra el orden del caos es observando lo que ocurre cuando uno lanza una piedra en un río. La piedra provoca que las partículas de agua se difundan de manera caótica por todo el río, sin un orden determinado. Sin embargo, la corriente del río se mueve en un sentido pre-determinado.

Supongamos que todas las partículas de agua se movieran en el mismo sentido de la corriente y sólo en el mismo sentido de la corriente, ¿qué ocurriría? Que la piedra provocaría una ruptura en el sistema, ya que al lanzarla presentaría resistencia a ese orden. Es gracias a la flexibilidad de las partículas de agua, a lo caótico del movimiento, a que no existe un “sentido” predeterminado en el que deben moverse las partículas que la piedra no provoca un quiebre en el sistema.

Lo mismo ocurre en nuestro país actualmente. Quizás no existe un orden determinado que nos lleve hacia la reelección del presidente Hipólito Mejía, quizás Mejía, como el mismo ha dicho, no está pensando en eso. Pero, la flexibilidad caótica con la cual se están manejando las instituciones dominicanas evidencias que en el momento preciso se propondrá la reelección presidencial y la misma, como la piedra en el río, podría verse como normal, como algo lógico en el contexto del sistema caótico que es la política dominicana actual.

LAS MARIPOSAS ALETEANDO. Una metáfora muy querida por los partidarios de la teoría del caos es la del aleteo de la mariposa como provocador de catástrofes. En efecto, la teoría del caos se relaciona con muchas de las filosofías orientales en la idea de que todo está conectado. Según está teoría el aleteo de una mariposa puede causar ciclones, tormentas, tornados, es decir una catástrofe, un quiebre en el sistema caótico. Tomando en cuenta estos aspectos hagamos un intento de conectar los hechos caóticos descritos más arriba.

El primer elemento a destacar es la forma en que los partidos políticos dominicanos han sido neutralizados. Los datos reunidos más arriba evidencia que no hay oposición fuerte y visible. El PLD se mantiene ocupado defendiéndose de los cargos de corrupción gubernamental. Su dirigente más prestigioso y potencial candidato es el más asediado, y forzado a mantenerse a la defensiva. El PRSC es neutralizado a través de una serie de concesiones, que algunos entienden como excesivas. Se le ha dado la presidencia de la Cámara de Diputados y un juez en la Suprema Corte de Justicia, y algunos que otros cargos públicos a dirigentes importantes de dicho partidos.

En el pasado el PRD ha jugado el rol de gobierno y oposición al mismo tiempo. Está vez el presidente Mejía ha sabido dar sus cuotas de poder a cada  tendencia, y ninguna a logrado crear un espacio propio de poder. En la Cámara de Diputado hubo el intento de hacerlo, pero el presidente movió sus resortes para que dicho espacio continuara en manos de un aliado de gran importancia para él.

Dicho en términos claros, el presidente Mejía gobierna cómodamente sin una oposición importante dentro del sistema de partidos. Según algunos comentaristas políticos conocedores de los entresijos de los mentideros y tertulias en la actualidad las dos Cámaras del Poder Legislativo responden al Poder Ejecutivo. Cierto o no, una cosa es evidente, quienes dirigen dichas Cámaras lo han hecho gracias al respaldo dado por el Presidente de la República, lo cual los hace contraer ciertas deudas políticas.

El Consejo Nacional de la Magistratura no hizo un proceso de elección o selección de los tres jueces faltantes de la Suprema Corte de Justicia, sino que se designaron en función de acuerdos políticos previos, en los cuales el presidente tuvo una participación destacada, tal como se ha reseñado más arriba. En este contexto ya se pueden comenzar a entender algunos de los aspectos que definen nuestro caos actual.

Quienes han ejercido algún nivel de oposición al gobierno han sido determinadas organizaciones de la sociedad civil. Ha sido ellas las insumisas, y las que no han logrado ser totalmente controladas. He ahí el porqué, a pesar de que una proporción de la sociedad civil ha jugó un papel de primer orden en el triunfo de Mejía, y de que una proporción de los líderes de ella mantiene buenas relaciones personales, la sociedad civil ha sido el blanco principal de las últimas críticas del Presidente Dominicano.

Quizás por motus proprio congresistas de ambas Cámaras, aislados de sus estructuras partidarias, podrían estar pensando que es el momento preciso para aunar esfuerzos entre quienes promueven la reelección presidencial y los intereses personales y particulares de quienes quieren quedarse en sus curules por dos años más. Y si por casualidad la sociedad civil o cualquier otra organización se le ocurre pensar que puede elevar un recurso de inconstitucionalidad ante la Suprema Corte de Justicia, bajo el argumento de la no retroactividad de las leyes, ya dentro de la Suprema hay quienes defienden al gobierno y se han hecho parte de los acuerdos políticos que permiten mantener la estabilidad del sistema caótico en que sobrevive la política dominicana.

Todo proyecto de ley de reforma constitucional tiene que dejar en claro cuales son los artículos que se reformarán, de manera que el presidente promueve que se reforme el artículo que habla de la reelección, pero los congresistas lo modifican en un sentido diferente, y a fin de cuenta el presidente se debe a la nación, a la ciudadanía, a sus votantes que podrían reclamar que se quede otro cuatro años dirigiendo el poder ejecutivo.

Ah, ¿las instituciones? En este sistema caótico son ellas las que corren peligro. Para el buen entendedor, pocas palabras bastan.

23 de Septiembre, 2001


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