Ramón
Tejada Holguín/El Siglo
Al parecer “sociedad
civil” se ha convertido en uno de esos concepto cuya difusión lo vacía de
contenido, dice tanto que nada explica. Hay quienes la personifican y, apartando
la paja del grado, deciden quién pertenece a ella y quién no: a un lado la
“sensata” que debe ser defendida y estimulada, y en el otro la
“imprudente” que es satanizada y excluida. El criterio para inclusión-exclusión
son los intereses del hablante.
Desde el escenario político,
se dice que posee el cuello blanco y tiene nombres y apellidos. “Es perredeísta”,
grita a todo pulmón aquel sentado en las gradas moradas. Diversas
organizaciones se autoproclaman como “la sociedad civil”, o por lo menos
como sus voceros. Algún ciudadano despistado anda en busca de la manera de unírsele,
porque piensa que pertenecer a ella da caché y elegancia. Se diría que, como
el colesterol, existe una sociedad civil buena y otra mala.
La mayoría de quienes usan
el término hablan de objetos distintos, de ideas diferentes, pero retratan una
parte ínfima de lo que es la sociedad civil, todos y ninguno tienen razón. Es
lo que muchos llaman un concepto sombrilla, bajo el cual se cobija cualquier
tipo de organización, desde las empresariales a las comunales. Definirla no es
un ejercicio académico o intelectual exclusivamente. La definición que se
construya tendrá consecuencias políticas que atañen a la democracia y la
revolución silenciosa que conoce nuestro sistema político.
REVOLUCIÓN SILENCIOSA. Hay
dos grandes visiones de la sociedad civil: 1) como movimiento social, 2) como el
espacio amplio de lo privado en el cual los seres humanos aprenden a ser
ciudadanos. La primera es la que prolifera por doquier. La segunda es la que se
discute en el ámbito de lo académico, y remite a la forma en que se relacionan
los seres humanos en la familia, con los amigos, la escuela, el mundo del
trabajo, del deporte, entre otros ámbitos. Para este artículo interesa la
primera perspectiva.
En tanto que movimiento
social, “la sociedad civil” se define como el conjunto de grupos de
ciudadanos que se organizan de manera independiente de los partidos, para
defender intereses específicos, y participar en áreas de los espacios públicos
que les afecta. Los partidos por el contrario se asumen como organizaciones de
carácter general que deben conciliar los diversos intereses de la sociedad. Se
supone que deben competir entre sí por representar el “interés general”
proponiendo modelos diferentes de gobiernos o de “buen gobierno”. Esa
competencia entre los partidos es lo que remite al pluralismo y la democracia y
la búsqueda de un tipo de gobierno cada vez mejor.
Pero, lo partidos, en
muchas ocasiones no representan los intereses de ciertos sectores sociales, por
lo cual estos se organizan para hacer valer sus intereses de manera directa. Por
ejemplo, los chóferes organizados se interesan por participar en lo que tiene
que ver con el Plan Renove, el reparto de pollitos y de patitos; los empresarios
en los asuntos de reformas económicas y el necesario marco regulatorio,
Participación Ciudadana en la calidad de la democracia y la rendición de
cuentas, la Finjus en la justicia, las diversidad de Juntas de Vecinos en los
asuntos de la calidad de vida, equipamientos colectivos, los gremios y
sindicatos en la defensa de sus clases y/o estratos sociales.
La sociedad civil como
movimiento social ha ido ganando espacio, recientemente el Presidente de la República
dijo que la gobernabilidad no es sólo un problema de los políticos: “Los
sujetos económicos y sociales, las grandes corporaciones, los sindicatos, las
organizaciones no gubernamentales, las agencias internacionales, todas juegan un
papel estelar en el acondicionamiento y mantenimiento del equilibrio social, político
y económico de las naciones" (El Siglo, 06-09-2001). Es decir que la
gobernabilidad es al mismo tiempo un atributo del Sistema Político y de la
sociedad civil, en tanto que movimiento social. Como quien dice es
responsabilidad de todos los sectores organizados.
Desde esta óptica, hablar
de sociedad civil en la República Dominicana de hoy significa poner de relieve
la creciente importancia de diversos tipos de organizaciones en los asuntos políticos
y de gobierno. Carlos Dore relacionan este fenómeno con la llegada del PRD al
gobierno. Se pregunta
“¿Por qué se produce esos avances de la sociedad civil en sus planes de
penetrar las decisiones del Estado, en un momento de fortalecimiento y
estabilidad de los partidos políticos?”. Raudo y veloz se responde:
“porque, a diferencia de lo que sucedía con relación al gobierno del Dr.
Leonel Fernández, la sociedad civil guarda una cercanía importante con las
concepciones y con los planes del gobierno-PRD”. (Listín Diario, 31-08-2001).
Dore
se refiere a una proporción de la diversidad de organizaciones que pertenecen a
la sociedad civil, e inclusive la personaliza. Esa identificación puede
provocar confusiones importante con graves consecuencias políticas, como se verá
más adelante. La importancia creciente de diversos tipos de organizaciones
sociales en los asuntos políticos es algo que viene gestándose desde unos 20 años
atrás. Está muy relacionada a la crisis de representatividad de los partidos
políticos y a la incapacidad del sistema de partidos de dialogar y concertar
por sí mismos, por lo que han necesitado de un tercero que los convoque y le
sirva de arbitro.
Baste
recordar las mediaciones de representantes de la Secta Católica en los
conflictos políticos de toda índole, desde las crisis electorales hasta las
negociaciones los sectores sindicales y populares y el gobierno.
Es
un enorme paso de avance el que ya no sean necesarios “los archifamosos
notables” para mediar en los asuntos electorales. La observación electoral
promovida por Participación Ciudadana y en la que participan más de un
centenar de organizaciones civiles y campañas como las del voto consciente
promovida desde los ámbitos del Proyecto para el Apoyo la Iniciativas Democráticas
–PID- han contribuido en los procesos de ciudadanización y en ir erosionando
la bases tutelares de nuestra tímida e insipiente democracia.
Probablemente
es a ese fenómeno, unido a la creciente influencia empresarial y la histórica
de la iglesia católica, al que alude Rosario Espinal cuando le dice a Carmen
Imbert Brugal: "quizás la razón que explica porque
no hay cabida para un golpe de estado es que ha habido un proceso de creación
de esa elite política, que incluye a la iglesia, a los empresarios, a los
partidos políticos y a un fenómeno nuevo, lo que aquí llaman sociedad civil
que yo llamo grupos sociales o cívicos. Ese grupo social – cívico, ese
sector, se ha incorporado a la elite que toma decisiones y mantiene la
estabilidad y por eso aquí no existe ninguna condición para pensar en una
fractura del orden" (Rosario Hoy, 15-08-2001).
La
importancia de las organizaciones civiles no ha sido reconocida única y
exclusivamente por este gobierno, el PLD organizó el famoso Dialogo Nacional y
sus resultados no pudieron ser mejores en términos de participación de los
grupos civiles y de propuestas. Pero, el gobierno a pesar de una experiencia tan
positiva, no tomó en cuenta los resultados de dicho dialogo profundizando así
el sentido de exclusión de estos grupos. Con el agravante que con su
convocatoria creó unas expectativas de participación que no pudo satisfacer.
¿Acaso
el PLD no tomó en cuenta las propuestas allí discutidas porque la sociedad
civil es perredeísta? Esa pueden ser de la consecuencias políticas de entender
a la sociedad civil sólo como personas especificas y un grupo de organizaciones
determinadas
LOS PARTIDOS AISLADOS DE LA
SOCIEDAD. La relación partidos y sociedad civil es mucho más compleja y no
puede ser analizada en función del hecho puntual de que un sector sea favorable
al PRD. La neutralidad no existe, lo cual no es grave en sí mismo. Lo grave es
cuando los directivos de algunas organizaciones anteponen sus intereses
partidarios a los intereses de los grupos que dicen representar. La sinergia es
provechosa. Para poner un ejemplo, la presencia de las organizaciones choferiles
ha hecho difícil que el Plan Renove sea una reedición de los pollitos.
El sistema político
dominicano tiene imperfecciones evidentes. La forma en que los partidos se
relacionan entre ellos no estimula la democracia y los procesos de ciudadanización,
más bien refuerza el clientelismo y una visión de la política como guerra de
exterminio. Los indicadores son variados y múltiples.
La formación de un Consejo
Nacional de la Magistratura sin la representación de una de las tres
principales fuerzas políticas es sólo un eslabón en la cadena, recordemos la
grosera forma en que se manejó la Constitución del Bufete directivo de la Cámara
de Diputados de Peguero Méndez, la Cámara de Cuentas, la Liga Municipal
Dominicana.
En los actuales momentos el
PLD está siendo inhabilitado para jugar su papel como partido de oposición en
lo que tienen que ver con la conformación del Consejo Nacional de la
Magistratura, fruto de la acusaciones de corrupción. El esfuerzo que invierte
en su defensa le distrae, por lo que las organizaciones de la sociedad civil,
aglutinadas en la Coalición por una Justicia Independiente, están haciendo el
contrapeso al PRD y al PRSC.
La corrupción ha sido un
tema que todos los partidos declaran como de vital importancia, pero todos
tienen más de una cola que pisarle. El Doctor Leonel Fernández firmó el
Decreto No. 322-97, del 24 de julio del 1997 que crea el Departamento de
Prevención de la Corrupción Administrativa. En el literal i se faculta a este
departamento para “realizar los operativos que estime necesarios, con el propósito
de obtener los elementos probatorios, documentales o de cualquier otro tipo, en
torno a los hechos de corrupción de que tenga noticias”. Ahora, Fernández
sostiene que es incompetente para citarlo. Pero, una citación puede ser visto
como “un operativo necesario”.
Hoy vemos que se aviva y se
apaga el fuego de la persecución según criterios que no están muy claros. Lo
deseable es que de una vez y por todas los casos de corrupción sean estudiados,
se establezcan las responsabilidades pertinentes y se someta a quien deba
someterse.
Este gobierno es timorato y
débil con respecto a la corrupción propia y hace un uso político de la del
pasado. Pero, el anterior gobierno padeció de lo mismo. Según Justo Pedro
Castellanos, primer incumbente del Departamento de Prevención de la Corrupción,
en el PLD existía una tendencia conservadora que bloqueó todas las
posibilidades de llevar a juicio a quienes tanto del gobierno del PRSC como del
mismo PLD habían cometido actos de corrupción: “quien lideró esa tendencia
conservadora fue Leonel Fernández y él impuso su criterio, el ritmo del
proceso y el impacto del mismo en la sociedad dominicana, se lo impuso a todos,
no sólo a mi, sino también a los Procuradores Generales de la República con
los que trabajé, Abel Rodríguez del Orbe y Mariano Germán, dos dominicanos íntegros
que querían y podían hacer el trabajo y que, por cierto, terminaron saliendo,
por su propia iniciativa, de la posición que le habían encomendado. Fíjate
que Abel le pide al Presidente que lo releve y Mariano renuncia, aunque
ciertamente ninguno de los dos dijo que había sido por tal cosa” (Entrevista
a Justo Pedro Castellanos Koury, El Siglo, 14-07-2001)
El tema corrupción es de
vital importancia, la cantidad de recursos que se enajenan del erario es enorme,
recursos que muy bien puede ser invertidos en la articulación de una eficiente
y equitativa política social. Pero, ninguno de los partidos la ha combatido con
seriedad. Son muchos los sectores que no se sienten representados por los
partidos políticos cuando de corrupción se habla.
Los partidos han
evidenciados ser incapaces de llevar a cabo una lucha política que estimule la
democracia y el pluralismo, más bien se actúa en función de una lógica del
fanatismo y la descalificación. El PLD critica al PRD por hacer lo mismo que el
primero hizo cuando era gobierno. El PRD lleva a cabo una vendetta por lo que el
PLD hizo cuando era gobierno. El PRSC se convierte en el equilibrista que
trabaja para quien en el momento esté administrando el circo. No hay un
enfrentamiento entre lógicas de ordenamiento social diferentes. Cuando han sido
gobierno ambos muestran como su más preciados trofeos la estabilidad macroeconómica,
sus políticas tiene ligera variaciones.
Se puede decir que existe
una crisis de representatividad. La sociedad se autorganiza para defender
intereses particulares que los partidos no defienden. Hay demandas de
participación que las ofertas de los partidos sólo satisfacen a medias. En la
Encuesta Nacional de Cultura Política de 1994
un 87.9% de las personas entrevistados
dijo estar de acuerdo con que se deben “crear nuevos mecanismos para que la
gente participe en las decisiones que les afectan”, cuando en el 1997 se
realizó la misma encuesta el porcentaje subió a 94.7.
Cuando
se asume que “la sociedad civil” pertenece a un partido, o que son la
competencia de los partidos, o cuando se personaliza, se corre el riesgo de no
ver el fenómeno en toda su dimensión, lo que puede profundizar el aislamiento
y la perdida de energía social. No entender la sociedad civil como movimiento
social es no tener una idea clara de su pluralidad y diversidad, lo que se
traduce en ceguera ante esa demanda de “nuevos mecanismos de participación”,
lo cual desencadena un circulo vicioso de rechazo y malquerencia entre los
sectores organizados y los dirigentes partidarios que propician el divorcio
radical. La relación sociedad civil, partidos y gobierno debe ser vista como un
estimulo a la sinergia social, y no como un campo de batalla y de exclusiones.
09 de Septiembre, 2001
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