Ramón Tejada Holguín/El Siglo
Hace
unos años Evgeni
Evstuchenko, poeta de la antigua Unión Soviética, dijo que el pueblo
dominicano estaba condenado a llegar retrasado a su futuro. Al poeta le impactó
la premoderna costumbre dominicana de llegar tarde. No sabía, - de ninguna
manera podía saberlo en ese momento - que
a lo largo de los años el Sistema Político del país iba a desarrollar una
fruición por el pasado y lo inmóvil que afectaría y comprometería la
construcción de un mejor futuro para la nación. Nadie puede detener el
devenir, pero la características del futuro se construyen en el presente y de
manera colectiva. Existe un abanico de futuros posibles. ¿Qué estamos
construyendo los dominicanos?
Se
huele en el ambiente el deseo de revertir acciones del pasado que indudablemente
van en buen camino, empero sus frutos todavía están por madurar. El país
parece ir a la saga en la adecuación de los marcos institucionales a la demanda
de la ciudadanía y a los requerimiento sociales y económicos, colocándose en
posición desventajosa frente al resto de América Latina y principalmente a los
nuevos socios de los organismos de cooperación en los que se ha estado
participando.
Mientras
en América Latina se habla de Reformas de Segunda Generación, e inclusive de
una tercera ola de reformas, aquí se observan ridículas acciones como las del
celebre Darío Gómez que insiste en presentar una cantinflesca Reforma
Constitucional. Este colega de aquel Eróstrato que obsesionado por ver su
nombre en la historia incendió una de las siete maravillas del mundo antiguo,
el templo de Artemisa, no está sólo en su labor, ni su reincidencia es lo único
que pone los pelos de punta. Frente a la convocatoria del Consejo Nacional de la
Magistratura hay que estar vigilante, y alerta, la independencia del poder
judicial está realmente en juego.
UN
MUNDO QUE MUERE Y OTRO QUE NACE SE ENCUENTRAN. La realidad ofrece, en ocasiones,
escenas más simbólicas que las creadas por el mejor representante del teatro
del absurdo o del realismo mágico.
Balaguer recibiendo de Guido Gómez Mazara un proyecto de
Reforma Constitucional es una excelente metáfora de la sociedad política
dominicana actual.
Gómez
Mazara, un político en su primavera, fue a entregarle a Balaguer, un político
en su invierno, un documento que desea reordenar el marco institucional
dominicano. El anciano ha demostrado con su palabras y hechos que no cree en el
ordenamiento institucional, es el mejor representante de quienes se creen
ubicados por encima de la sociedad e intentan imponer su impronta a como dé
lugar, al precio que sea, al resto de la ciudadanía. No ha creído nunca en el
diálogo, y ha dado más peso a las relaciones primarias, al clientelismo y el
patrimonialismo, que a las instituciones, y el establecimiento de reglas del
juego que todos deben respetar.
Gómez
Mazara, fue uno de los acérrimos opositores del famoso pacto patriótico, al
cual llamó pacto diabólico. Ha sido visto, en algún momento, como uno de los
portadores de lo nuevo dentro de su partido y el sistema político mismo. Se diría,
salvando las diferencias partidarias, que era de misma estirpe a la que pertenecían
el doctor Leonel Fernández y Jaime David Fernández Mirabal antes del pacto
patriótico y del paso por la presidencia y vicepresidencia de la República,
era visto como el Benjamín de un grupo de nuevos políticos dominicanos para
los cuales la participación de la sociedad tenía sentido. Uno de esos jóvenes
que cree que la institucionalidad va en beneficio de todos. Ha tenido sus
tropiezos, como la han tenido la mayoría de los políticos dominicanos. Nadie
mejor elegido para ir a entregar una propuesta de Reforma Constitucional,
elaborada por un amplio espectro de sectores políticos y sociales.
El
joven político entrega al anciano una propuesta que en el fondo busca mejorar
los marcos institucionales dominicanos, y el anciano le responde con una
propuesta de componenda para atentar contra todo lo que simboliza el proyecto de
Reforma Constitucional entregado. Balaguer lo recibe solo, ninguno de los jóvenes
reformistas que podrían ser asimilado a esa estirpe de jóvenes estudiosos con
una visión diferente y dispuestos al diálogo, tal como Belarminio Morillo, lo
acompaña. Lo viejo contamina lo nuevo, hay continuidad en la política
dominicana, quiere decir el anciano.
Puede
que Balaguer haya tenido un “lapsus linguaje”, o que sus expresiones hayan
sido las de un líder en su invierno que recuerda y recrea viejas glorias, que
no se ha dado cuenta que la sociedad dominicana ha cambiado, y que ya no se
puede actuar de espalda a la sociedad. Según la trascripción de la reunión
realizada por el Siglo (21-08-2001), Balaguer dice: “Haré mi mayor ponderación
posible y lo entregaremos en lo más pronto que podamos estar de acuerdo. Faltan
aún muchas cosas que corresponden mucho al Poder Ejecutivo y, sobre todo al
consultor jurídico, la cuestión de la Suprema Corte, que se está pasando el
tiempo…”. A lo que Mazara responde: “¡Ah, okey!, usted habla de los
miembros del Consejo Nacional de la Magistratura, que a su vez se convoque para
designar a los miembros de la Suprema Corte de Justicia.”
Balaguer
no asegura nada, cual oráculo que habla en parábola para algunos, o cual
anciano que comienza a presentar los efectos de la edad para otros, dice: “Yo
creo que sí. Cuenten con el voto el mío”. Balaguer no vota, no participa, no
es miembro, ni puede serlo del Consejo Nacional de la Magistratura. Mazara sólo
atina a decir - quizás estupefacto-: “¡Ah, qué bien!”.
UNA
INDEPENDENCIA NECESARIA. Es entonces cuando el doctor Balaguer deja en claro que
no le importan los años y toda el agua que ha corrido por el puente de la
sociedad dominicana, sigue siendo el mismo que una vez dijo que la constitución
era un pedazo de papel: “yo estoy de acuerdo con que sea un perredeísta que
vaya ahí, que sea muy bien ponderado, ecuánime y conocedor de su materia”.
¿Adónde iría el perredeísta? ¿Al Consejo Nacional de la Magistratura? ¿A
la Suprema Corte de Justicia? ¿Sabe realmente Balaguer de lo que está
hablando?
Las
intenciones de Balaguer sólo deben interesar a balaguerolos, lectores de la
taza, la baraja y otros nigromantes. Al analista le impacta la forma en que,
queriéndolo o no, sabiéndolo o no, el político en su invierno cuestiona todo
lo logrado desde 1994 con respecto a la independencia del poder judicial, y con
estupor ve la celeridad pasmosa con que el Presidente de la República ha pedido
a los organismos miembros del Consejo Nacional de la Magistratura que inicien el
proceso para seleccionar sus representantes.
Otros
sectores ya habían demandado la convocatoria del Consejo Nacional de la
Magistratura. El 23 de junio del 2001 luego de una charla pronunciada, en
la XXXII Conferencia de la Federación Interamericana de Abogados "Reforma
a la Administración de Justicia", el presidente de la Suprema Corte de
Justicia, doctor Jorge Subero Isa, indicó que en una reunión que sostuvo la
semana anterior con el Presidente de la República abordaron el tema de la
convocatoria del Consejo Nacional de la Magistratura, pero dijo que será el
mandatario quien decidirá la fecha en que el organismo deberá sesionar.
Se
espera que el presidente de la República no haya hecho la convocatoria motivado
en las palabras del líder invernal. Francisco Álvarez Valdez, conocido jurista
estima que la propuesta del doctor Balaguer echa por el suelo todo lo que se ha
logrado con respecto a la independencia del Poder Judicial,
recuerda que la ley es clara al colocar como uno de los requisitos para ser
elegido como miembro de la Suprema Corte de Justicia, “haber ejercido o haber
sido juez o ministerio público por lo menos por 12 años”, y agrega
“existen suficientes
jueces de corte serios y capacitados para asumir esta responsabilidad. Sería un
forma adicional de fortalecer el concepto de carrera, pues todo juez que ingresa
a ella debe tener posibilidad de llegar a la Suprema, y la única forma que
tendrían los jueces de corte de llegar sería buscando el apoyo de los
partidos, lo que sería funesto para la independencia”.
Un
hecho a destacar es que tres son los miembros faltantes de la Suprema Corte de
Justicia y no uno, como al parecer cree el anciano patriarca en su invierno. O
¿acaso se refería a que se eligiera un nuevo presidente de la Suprema y ese es
el cargo que debe ocupar un perredeísta? Según Álvarez: “Si
se sustituye al actual Presidente de la Suprema Corte se violentaría el
principio de la inamovilidad que consagra la Constitución. La inamovilidad
impide que un juez sea destituido (excepto por las razones previstas en la
Constitución) pero además impide que a un juez se le promueva o cambie de
posición sin su consentimiento. El concepto de inamovilidad en Francia se
ha interpretado de esa manera, la ordenanza del 22 de diciembre de 1958 sostiene
que los magistrados de asiento no pueden recibir, sin su consentimiento, una
nueva posición, aún cuando fuese de promoción. El doctor Subero Isa tendría
que consentir, pues pasaría de ser presidente a ser simple miembro de la
Suprema, lo que implica una degradación.”
EL
PEARL HARBOR DEL PELIGRO AUTORITARIO. La independencia del Poder Judicial es el
”Pearl Harbor” de los Kamikazes
autoritarios. Y una de las formas de limitar esa independencia es quitar la
inamovilidad, sembrar la incertidumbre en el seno de los jueces.
Mario Vargas Llosa, lo explica, en el número 27 de la revista mexicana
Letras Libres, sostiene: "Lo primero que hizo la dictadura (de Fujimori)
fue cambiar a los jueces titulares por jueces provisionales. Sabía lo que hacía:
de este modo, con el ochenta por ciento de los magistrados balanceándose en una
cuerda floja, se aseguró el control del Poder Judicial."
Hay
más mucho más, se ha hablado, por ejemplo, de sustituir a los jueces que
tienen más de 75 años. En ese punto la actual Suprema Corte le hace un flaco
servicios a sus defensores al negarse a acatar la edad de retiro consignada en
la Ley de Carrera Judicial, bajo el argumento legal de la no-retroactividad, por
lo cual lo consignado en dicha ley sólo es aplicable a los jueces nombrados a
partir de su promulgación. La aceptación de la Ley de Carrera Judicial, de
parte de la actual Suprema Corte, permitiría sopesar el tema de la justicia con
menos encono y beligerancia de parte de algunos juristas resentidos.
Pero, no se puede de ninguna manera violentar los marcos institucionales
ya establecidos.
La
independencia del Poder Judicial forma parte de la construcción de marcos
legales e institucionales que permiten mejorar la calidad de la tímida
democracia dominicana, y son vitales para el funcionamiento de la economía y de
los mercados mismos. La falta de independencia del Poder Judicial, acrecienta la
desconfianza, y provoca que los agentes económicos eleven sus costos de
transacción, ya que no tienen garantías de que los conflictos que puedan
presentarse sean resueltos de forma rápida, eficiente, imparcial y a bajo
costo. La falta de independencia del Poder Judicial
obstaculiza la inversión y la creación de nuevos
negocios.
En
apariencias los únicos que ganan atentando contra la independencia del Poder
Judicial son quienes logren controlarlo, pero en el largo plazo ni ellos, y ahí
está el ejemplo de Fujimori. Como se puede ver Darío Gómez y su aviesa
reforma son sólo la punta del iceberg, más abajo está el atraso, una cultura
política de la componenda y el chanchullo que se resiste a ser desterrada, pero
cuyos días están contados, pésele a quien le pese. Su presencia, insistencia
y perseverancia son la mejor evidencia de la necesidad de marcos institucionales
definidos, claros, precisos, incuestionables y concertados, sobre todo
concertados.
Sobre
la sociedad dominicana pende una espada flamígera que podría llevarnos a los
niveles previos al 1994: el peligro de una reforma de las reformas ya en marcha
con el objetivo de volver hacia atrás es real, más real de lo que se piensa.
El sector de los políticos dominicanos que ha medrado a la sombra de los
caudillos, parecen haber sido atacados por una crisis prematura de nostalgia.
Los padres del sistema político dominicano han muerto, pero sus hijos se
resisten a admitirlo, porque temen a la modernización, porque temen perder sus
privilegios.
Como
Oscar, el del Tambor de Hojalata, no quieren crecer, porque crecer significa
comenzar a valerse por sí mismos. Es decir, los políticos dominicanos quieren
tener un sistema político que les proteja, que les de un marco institucional
para la inmunidad y la impunidad, por lo que hay quienes están en conspiración
constante contra los pequeños avances logrados. En sus labios, la palabra
reforma carece de significado. Según el diccionarios reformar es “cambiar
algo para innovarlo y mejorarlo”, es “arreglar, corregir, enmendar”. En
nuestro país parecería que hay quienes entienden las reformas como el retorno
a los privilegios perdidos, como sinónimo de retroceso.
El Consejo Nacional de la Magistratura debe ser convocado, la representación debe ser lo más amplia posible, no se puede permitir que el PLD sea excluido, las organizaciones que trabajan en el área de la justicia deben estar vigilantes y propiciar que en el Consejo participe el espectro más amplio y representativo de los partidos políticos dominicanos. Mientras que la sociedad debe, al igual que la vez anterior, propiciar que en el proceso de selección participen la más amplia representación de sectores sociales, ya que es la única garantía de que ninguno de los actores políticos logrará controlar el Poder Judicial dominicano.
26 de Agosto, 2001
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