La sociedad dominicana se debate
entre el diálogo y el chanchullo

 

 

Ramón Tejada Holguín/EL SIGLO


 

Se ha dicho que a la sociedad dominicana le falta diálogo, concertación, que es una sociedad con muchas lenguas y pocos oídos. La situación es tan grave, se dice, que los partidos parecen archipiélagos de intereses y apetencias personales y no agrupaciones de personas que se unen porque comparten una visión similar sobre las necesidades de la nación.

Una mirada a la semana revela que el diálogo y la búsqueda de soluciones de consenso se paseó "triunfante" por la sociedad dominicana. Parecería que la cultura política está cambiando, que se gesta una generación de políticos que saben usar tanto la voz como los oídos.

Varios hechos de relevancia así lo sugieren: 1) en el PRD una parte de su dirección, particularmente De Camps y Esquea Guerrero, aclaró el panorama en cuanto a la celebración de la convención para la elección de los dirigentes de esa formación partidaria (Diario Libre, 8-8-2001); 2) se ha dicho que la JCE se anota un tanto al lograr que en el PRSC se llegue a un acuerdo para la solución del conflicto interno surgido a raíz de una accidentada asamblea celebrada en el club San Carlos el Domingo primero de julio (EL SIGLO, 9-8-2001); 3) un llamado a huelga fue pospuesto, "dejando la pelota en la cancha del gobierno", debido al diálogo entre el Presidente y los convocantes a la misma, (EL SIGLO, 8-8-2001); y 4) a pesar de que el reformismo es minoría en la Cámara de Diputados, gracias al diálogo y la negociación, la diputada Rafaela Alburquerque será la segura presidenta, lo cual fue confirmado en una reunión que De Camps sostuvo con diputados del PRD (EL SIGLO, 9-8-2001).

De seguro hay quienes dirán que las cosas cambian para seguir igual, que no hay diálogo sino componendas, que la JCE no tiene que meterse en los asuntos de los partidos, y que a fin de cuentas el diálogo es de sordos, y come más hojaldres quien tiene más saliva. Otros colocarán el acento en el hecho de que por lo menos se conversa, que aunque sea en un sentido cosmético, hay un mínimo de comunicación entre los actores políticos relevantes, que crece la conciencia de que unos y otros se necesitan.

Hasta hace poco tiempo las formas de resolución de los conflictos a lo interno de los partidos habían estado mediadas por el peso de los liderazgos tradicionales, hoy no debe negarse que hay un mayor número de interlocutores y actores relevantes, ya no basta tener el favor del líder, porque ya no hay líderes con capacidad para imponerse y colocarse por encima de los sectores beligerantes. Nadie ha podido, y se duda que podrá, ponerse las botas de Peña Gómez, Balaguer o Bosch.

Desde la óptica en que se ubica este análisis se trata de mostrar que en el país existen las condiciones y cierta voluntad política favorable al diálogo, lo que no se ha logrado crear son los marcos institucionales propicios para hacerlo, lo cual provoca que lo que podría ser el germen de diálogo y negociación se quede en acuerdos de aposento entre las élites.

La ausencia de marcos institucionales aceptados y respetados por todos es lo que abre las puertas al chanchullo y las componendas de espalda a la sociedad en general. Esta visión puede ser ilustrada al observar la relación entre los partidos políticos y la Junta Central Electoral como entidad reguladora de los mismos.

LOS ASUNTOS PARTIDARIOS SON DE INTERÉS PÚBLICO. Hay quienes piensan que los eventos relacionados con la interacción de la gente en el marco de los partidos sólo atañen a sus miembros y simpatizantes, pero no. Como bien ha dicho Carlos Morales Troncoso: "El problema del PRSC es un problema de la democracia del país y no de nadie en particular" (EL SIGLO, 9-8-2001).

Las formas en que los dominicanos se relacionan en el ámbito de las formaciones políticas llamadas partidos es un botón muy importante para el estudio de la cultura política y, por lo tanto, para indagar la manera en que la democracia se manifiesta.

Los partidos, aun aquellos que impugnan el orden de cosas actual, son el principal sostén de la democracia representantiva, en ellos y desde ellos se enfrentan las diversas visiones de lo que debe ser la sociedad dominicana. Es por eso que importa, y mucho, lo que a su interior ocurre. Es por eso que en el mundo moderno las diversas naciones han creado reglas que los partidos deben respetar, y organizaciones que deben velar porque las mismas se cumplan. Es de alto interés la situación de los partidos dominicanos.

Según la Ley Electoral, no. 275-97, artículo 6, literal q, entre las atribuciones de la Junta Central Electoral se encuentra: "Fiscalizar, cuando lo estime necesario o conveniente, por iniciativa propia o por solicitud, las asambleas y convenciones que celebren los partidos para elegir sus autoridades y/o nombrar candidatos a cargos electivos, procurando en todo momento que éstas sean efectuadas con estricto apego a lo que dispone la ley, los reglamentos y los estatutos, sin la cual serán nulas".

Desde el PRSC se elevó una instancia al día siguiente de la celebración de una asamblea en que se designó dedocráticamente una nueva Comisión Ejecutiva de 50 miembros. Desde el PRD nunca se ha elevado una instancia para desconocer a quienes ostentan, sin ser elegidos por mecanismo asambleario alguno, la dirección de esa organización política. Sus dirigentes han mantenido una lucha virulenta y en ocasiones pública, pero respetando los mecanismos que la tradición perredeísta ha institucionalizado: todo queda entre perredeístas.

La actual dirección del PRD surgió al calor de las primarias perredeísta. Tanto el secretario general, Rafael Suberví Bonilla, como el presidente, Hatuey De Camps, llegaron a sus cargos como parte de los acuerdos para que los candidatos perdedores de la convención aceptaran los resultados de la misma.

De Camps y Mejía firmaron un acuerdo en el cual consignaban que el perdedor de las primarias sería "promovido" a presidente del partido por el ganador; lo cual fue denunciado por Enmanuel Esquea Guerrero como un golpe de Estado, quien a la sazón ostentaba el cargo. Suberví Bonilla llegó a la secretaría general del partido luego de que hiciera amagos para desconocer los resultados de las primarias.

HABLANDO SE ENTIENDE LA GENTE, SOBRE TODO CUANDO NADIE TIENE LA FUERZA PARA DESTRUIR AL CONTRARIO. La aparente marcha hacia la renovación de la dirigencia en ambos partidos puede relacionarse a esos aspectos ambiguos y contradictorios de los que hemos hablado en otras ocasiones. Nuevos aires soplan en el sistema político, nuevas ideas y formas de hacer política claman por ser, mientras que lo arcaico lucha desesperadamente por quedarse. Pero, ni lo viejo puede capturar a lo nuevo, ni lo nuevo marcha de manera lineal hacia el progreso y la democracia.

La necesidad y voluntad de diálogo descansa en el hecho de que no hay posibilidades que una u otra de las fuerzas beligerantes principales pueda alzarse con el santo y la limosna, so pena de dividir el partido y ver mermada substancialmente sus propias posibilidades. En definitiva el diálogo y la concertación se han impuesto porque las direcciones de los partidos ya no pueden cobijarse bajo el paraguas de un gran líder que todo lo puede y lo sabe.

Hay el ambiente propicio, pero el marco institucional establecido para la solución de los conflictos intrapartidarios y facilitar ese ambiente de diálogo no ejerce su función. La JCE ha apostado por la utilización de los típicos mecanismos informales para dirimir los conflictos intrapartidarios, y no ha cumplido con una de las atribuciones más importantes que le asigna el artículo 6 de la Ley Electoral Dominicana, más arriba citado: la de velar porque los partidos respeten la reglas del juego que ellos mismo han definido, es decir que los partidos cumplan con sus propios reglamentos internos, que los partidos dejen de ser instituciones que se manejan como empresas privadas de unos cuantos.

El presidente de la Junta Central Electoral, Ramón Morel Cerda, dijo que supo que el doctor Joaquín Balaguer estaba preocupado por el tema de las impugnaciones por lo que "opté por llamarle y decirle que podía estar tranquilo y no tener ningún temor, porque la Junta no iba a tomar ninguna decisión precipitada" (Listín Diario 7-08-2001). Los miembros de la JCE son jueces, Morel Cerda es el Juez presidente de la misma, ¿cuándo se ha visto que un juez llama a una de las partes en conflicto para "tranquilizarla"?

UN PRECEDENTE PELIGROSO E INACEPTABLE. A todas luces el acuerdo a que llegaron los dirigentes reformistas no está en consonancia con lo aprobado en la de por sí fraudulenta asamblea. Si la JCE acepta el pacto al que llegaron los reformistas, elevando el número de su Comisión Ejecutiva de los 50 aprobados a los 75 de la componenda, estará enviando un mensaje contrario a los procesos de consolidación de la democracia y de la transformación de los partidos políticos en entidades que jueguen su rol como pilares del sistema.

Al mismo tiempo será vista como una organización que apoyó a un sector beligerante, con el agravante de que el acuerdo favorece substancialmente a los sectores más cercanos al PRD dentro del reformismo. Se dirá que la JCE no jugó correctamente su papel de arbitro, que no cumplió con el rol que le asigna la Constitución dominicana.

En una conferencia celebrada el 2 de agosto, Rosario Espinal sostuvo que lo más importante es cambiar la práctica política, y tiene razón. Se habla de modificar la Constitución dominicana en un contexto en que no somos capaces de respetar y hacer cumplir las leyes, ¿es ese el mensaje que la JCE quiere enviar a la ciudadanía?

Hubo diálogo y pacto porque ninguna de las corrientes tiene el poder absoluto, ni siquiera los favoritos del invernal patriarca reformista. Pero, la forma en que se dirimió el conflicto a lo interno del PRSC no constituye una solución al enfrentamiento de fondo que existe en ese partido, más bien lo difiere, más bien lo reenvía para un futuro cercano, para el momento en que se seleccionen las candidaturas congresionales y municipales.

Si la JCE acepta el pacto actual, estará mermando su autoridad como organismo regulador y fiscalizador de las asambleas de los partidos tanto para elegir candidatos como las dirigencias partidarias, tal como está consignado en el numeral q del artículo 6 de la Ley Electoral, no. 275-95, la cual no es, ni debe ser sólo un pedazo de papel, como dijo Balaguer de la Constitución dominicana. Se está perdiendo una buena oportunidad de comenzar a dar pasos en los procesos de institucionalización de los partidos políticos.

12 de Agosto, 2001