Ramón Tejada Holguín/EL SIGLO
El domingo primero de julio del 2001, el Partido Reformista Social Cristiano celebró una Asamblea Nacional para su renovación. La fecha no podía ser más significativa para el doctor Balaguer y sus partidarios; exactamente 35 años atrás, el país, a la sazón intervenido por la sexta tropa aerotransportada de la marina estadounidense, vio juramentarse como Presidente de la República a este cortesano de la terrible y siniestra Era.
Como una discreta forma de conmemorar el aciago día, el Directorio Central Ejecutivo del Partido Reformista Social Cristiano publicó un espacio pagado en la página 3-A de EL SIGLO en la que se cantan las loas a este hombre que ha logrado permear todo el sistema político dominicano pero que, como Cronos, ha devorado a sus hijos e hijas, por lo que a fin de cuentas ha sido incapaz de construir un partido que le sobreviva.
La asamblea y el espacio pagado son una evidencia palpable de la incapacidad de la dirigencia reformista de renovarse, de transformar el PRSC en un partido moderno que pueda competir por convertirse en una verdadera opción: la de la derecha dominicana. De hecho, el PLD y sectores del PRD tienen mayores posibilidades de convertirse en los imanes del conservadurismo dominicano que el PRSC como partido. Por lo que no sería de extrañar que tras la muerte del líder reformistas se evidencien agrupamientos y reagrupamientos en el Olimpo político dominicano
CRONOS DEL CARIBE. Según la mitología griega, Cronos devoraba a sus hijos e hijas, porque Rea –que no se sabe si era o no una enana- le había dicho que uno o una de ellos o ellas lo destronaría. Así como Cronos, ha actuado el doctor Joaquín Balaguer. Los favoritos siempre han sido aquellos que no pueden hacerle sombra, aquellos que jamás podrían convertirse en Zeus, el quinto hijo de Cronos, que finalmente engañó al padre mientras dormía y dándole un somnífero hizo que vomitara a los otros cuatro, y así todos juntos enfrentar a Balaguer, perdón, a Cronos. Pero, no hay Zeus, y Balaguer ha sabido mantener separados a sus devorados hijos.
La ausencia de un auténtico relevo en el reformismo es lo que obstaculiza las posibilidades del PRSC de convertirse en una fuerza importante de la oposición. Balaguer construyó su partido y su base de apoyo y legitimidad basado en el clientelismo y el patrimonialismo. La mayoría de los estudiosos de los fenómenos políticos dominicanos sostienen que la relación de Balaguer con su partido siempre ha estado mediada por los intereses particulares y coyunturales de su avasallante y castrador liderazgo: "el Partido Reformista formaba parte de un proyecto desarticulador, atomizador y depolitizador de las masas, el reformismo sólo alcanzó a hacerse instrumento del clientelismo pauperizante y corrupto", dice Rosario Espinal en "Autoritarismo y Democracia en la República Dominicana", texto de 1987, publicado por Capel.
Ramonina Brea sostiene que el Partido Reformista "postula a estos sectores pauperizados como elementos de adhesión y de apoyo al líder y como objetos de las políticas estatales de la personalización del poder". Para Brea, el partido de Balaguer durante los doce años tuvo las funciones de ser "a) multiplicador de las adhesiones personales y de clientela, b) maquinaria electoral, c) auxiliar en las tareas del gobierno en lugar de las funciones de un partido moderno. (Citado en "Estado de Situación de la Democracia Dominicana", Ramonina Brea, Isis Duarte, Ramón Tejada Holguín y Clara Báez, PUCMM, 1995.)
La forma en que se organizó y se decidieron las cosas en la asamblea celebrada el domingo pasado revelan que el partido de Balaguer tiene poca o ninguna posibilidad de sobrevivir a su líder. No importa cuál tendencia se alzó con el santo Balaguer y su limosna. No importa qué millonario dirigente impugne la asamblea. Lo cierto es que el reformismo es una empresa que cuesta mucho dinero, demasiado dinero. La estructura clientelar de ese partido impide que sobreviva fuera de las mieles del poder.
Es por eso que sus connotados dirigentes deben agenciarse permanentemente una cuota de poder, deben realizar acuerdos con quien sea que se encuentre al frente del gobierno: un partido reformista sin Balaguer y sin nada que dar –como dice la canción- terminará engullido por el PRD o el PLD.
Más de un dirigente reformista que ha intentado hacerle sombra a Balaguer ha visto disminuir su fortuna en vanos intentos por controlar un partido cuyo único factor de unidad entre su dirigencia es la presencia del líder. Para una buena parte de la dirigencia reformista el PRSC es una empresa que deja pingües beneficios, y esos son los que se aferran con uñas y dientes al balaguerismo.
El PRD y el PLD son partidos que a su paso por el poder han operado de manera clientelar y neopatrimonial. Pero, la forma en que se constituyeron las lealtades en dichos partidos dista mucho de la forma en que se forjó en el reformismo. Dicen los reformistas que entre otras cosas, Balaguer "tejió el país con la más vasta red de carreteras y caminos vecinales que se conoce en nuestra historia" (EL SIGLO: 1-7-2001, Pág. 3-A). Lo cual es cierto.
Lo que no dicen los reformistas es que esa red de carreteras y caminos vecinales fue concedida de grado a grado, que esas obras, entre otras muchas, fueron asignadas en su mayoría a caciques locales como una forma de Balaguer agenciarse una base de apoyo personal, y no necesariamente partidaria. Lo mismo ocurrió con su política de construcciones y la forma de asignar los apartamentos.
El espacio pagado por el Directorio Central Ejecutivo del PRSC, junto con el resurgimiento de una suerte de neotrujillismo, debe enmarcarse en lo que podemos llamar las últimas municiones del antiguo régimen dominicano. Los procesos de modernización y reformas aunque lentos; los reclamos de mayores niveles de participación de los ciudadanos y de ciertos sectores de la sociedad civil, aunque a veces mal canalizados, entre otros aspectos, están tocando una canción diferente a la que bailaron los reformistas en su asamblea del domingo.
EL PRSC ANTE EL FUTURO. El dilema del reformismo es grande. Para sobrevivir debe alejarse de la forma de hacer política de Balaguer. Alguien dirá que Balaguer es oráculo visitado por todos los políticos, y así, es. Pero es eso, sólo un oráculo, una casa a la cual visitar para dar la apariencia de que se conversa, de que se tiene un interlocutor. Balaguer como oráculo es una creación del PRD y el PLD para no tener que negociar mutuamente, esa es la verdad. Ambos partidos tratan de descalificarse uno al otro asumiendo a Balaguer como la oposición válida y sensata. Para desgracia del sistema político dominicano.
Las visitas a Balaguer no impiden las protestas populares. Con visita a Balaguer y todo, el PLD necesitó un PEME. Visitar a Balaguer es más que nada una experiencia cosmética, esa es la verdad, un golpe de efecto publicitario, y nada más. No es casual que muchas veces los dirigentes políticos del PLD y el PRD digan que visitan a Balaguer para que les apoye, o para evitar que apoye al partido contrario. Balaguer corriendo sólo en cualquier elección tiene en la actualidad más que nada un peso simbólico. No olvidemos que su eterno representante ante la Junta Central Electoral –Juan Esteban Olivero Félix- le colocó comillas a todos sus triunfos electorales.
La mayoría de las corrientes internas del reformismo saben que en el fondo Balaguer es un símbolo, pero, al mismo tiempo saben que deben cobijarse bajo ese manto. Todas defienden sus posiciones como la continuidad del pensamiento balaguerista, porque a fin de cuentas el único elemento aglutinador es la férrea y mítica voluntad del Cronos Caribeño. Y ese es el gran obstáculo de la renovación del reformismo.
Una gran paradoja debe enfrentar el reformismo: si desea sobrevivir tiene que aparentar ser continuador de Balaguer, pero hacer política como la hacía el líder es cada vez menos rentable. En ese plano, la forma en que el PLD ha manejado el boschismo puede serle útil a los reformistas. Ser boschista sin ser boschista, eso ha logrado el PLD.
La gran limitación del balaguerismo, es que en la sociedad dominicana de hoy, los partidos dominicanos tienen cada vez menos cantidades de bienes y servicios provenientes del Estado para repartir de manera clientelista y patrimonialista. Los procesos de privatización y reforma del Estado (así como la presión por la descentralización, y la creación de mecanismos institucionales para la formación de las políticas sociales) le están quitando los antiguos amplios márgenes de maniobra a las formaciones políticas dominicanas.
A diferencia del PRD y el PLD, que han logrado sobrevivir, aunque con ciertas precariedades, a sus líderes históricos, el futuro del reformismo es incierto, y mientras más se aferra al líder, mientras más reivindica y se ata a ese "glorioso" pasado que no volverá, mayores son sus posibilidades de terminar siendo un satélite que oscila entre los dos partidos mayoritarios. Después de todo, el balaguerismo triunfó como ideología del sistema político dominicano y fracasó como organizador y constructor de partidos, ahí, y sólo ahí, es donde Bosch y Peña le ganaron la partida al Cronos del Caribe.
Julio 8, 2001